«86.400 segundos de libertad»

Ángel Berrio y Alberto Bulnes se afanan por limpiar los caminos de Ribera de Arriba.
Ángel Berrio y Alberto Bulnes se afanan por limpiar los caminos de Ribera de Arriba. / PABLO LORENZANA

Presos de la Unidad Terapéutica Educativa desbrozan caminos en Ribera de Arriba

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Ángel Berrio, Alberto Bulnes y David Vázquez tienen en común una vida marcada por las drogas, por la cárcel y desde hace cinco días también por la esperanza. La que le ha dado la Unidad Terapéutica y Educativa número 1 del centro penitenciario del Principado de Asturias junto con los voluntarios de la Fundación Adsis. Ambos son los impulsores del campo de trabajo en el que están participando 16 presos de esta UTE en el municipio de Ribera de Arriba.

Su cometido externo se concentra en adecentar y desbrozar los caminos de seis localidades de este concejo. Su cometido interno, en comprobar que otra vida fuera de la droga y sus nefastas consecuencias es posible. «Estar aquí me hace plantear que soy capaz de enfrentarme a la vida y a lo que llevo arrastrando desde hace treinta años». Esa mochila que pesa sobre Alberto Bulnes se traduce en una adicción a las drogas que le llevó a cometer un robo con intimidación que le condujo directamente a prisión. Lleva 28 meses en la cárcel y esta es la primera vez que participa en un campo de trabajo: «Siento felicicidad porque por una vez en la vida alguien apuesta por mí». Eso y que disfruta de «86.400 segundos de crédito», el tiempo que pasarán en «libertad» los dieciséis presos que participan en este campo de trabajo que finaliza el sábado.

El programa de reinserción impulsado por la UTE del centro penitenciario de Asturias y la Fundación Adsis lleva dieciocho ediciones. «Las personas que participan están dentro de prisión iniciando un proceso de cambio personal. La UTE trabaja para que la persona tome conciencia de que tiene un problema de adicciones y tiene que cambiarlo», explicó Javier Illarramendi, coordinador del campo de trabajo.

Tomando conciencia de ese cambio está Ángel Barrio. Tiene 24 años y está cumpliendo una pena de prisión de dos años y tres meses, le quedan seis meses de condena. «Este campo de trabajo me da esperanza para un futuro en el que pueda relacionarme con gente normal». Con 18 años su vida se torció porque «me junté con quien no debía». El tonteo con las drogas hizo el resto y ahora solo espera salir de la cárcel para ingresar en un centro de desintoxicación para «alejarme del mundo de las adicciones».

Las mismas que llevaron a David Vázquez a pasar diez años de su vida en la Cañada Real de Madrid, conocido núcleo de venta y consumo de droga en España. «Llevo siete años limpio y en cuanto salga de prisión me dedicaré a mi trabajo, a mi mujer y a mi familia». De su paso por la UTE y por el campo de trabajo se lleva una lección de vida. «Aprendí a tener paciencia».

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