yo sí estoy acojonado, ricardo

yo sí estoy acojonado, ricardo
ALEJANDRO VALLINA COLLADO

Hace unos días cumplí treinta años trabajando en Bomberos de Oviedo, trece de bombero y el resto de subinspector. He vivido todo tipo de intervenciones, acumulando experiencias, la mayoría positivas. El trabajo en sí a veces es arriesgado y muy complejo, otras es muy agradecido personalmente. Nuestras intervenciones son rápidas, aquel incendio que no se resuelve en diez o quince minutos se va de las manos. Por ello, la capacidad de análisis de la situación y la toma de decisiones es mesurada pero rápida. El fuego se apaga entrando en el edificio, el agua por fuera evita la propagación pero no extingue. La estructura es primordial: «El hormigón aguanta, hierro colapsa sí o sí, la madera quema pero no se hunde, las vigas de madera tardan días en quemar...».

El incendio de la calle Tito Bustillo refleja bien los problemas a los que nos enfrentamos: un edificio de cierta antigüedad, sin escalera protegida y estructura de hormigón, las llamas salen por las ventanas con virulencia, están cogiendo fuerza, se respira bien, hay puertas abiertas. Somos ocho bomberos, con tres vehículos: autobomba, escala y coche de mando. Solicito por emisora el único bombero que queda en el parque. Accedemos al interior, la escalera está llena de humo, los vecinos están atrapados en sus casas y el fuego en el primer piso. Un bombero y yo mismo localizamos el fuego, detrás vienen dos más colocando mangueras. Somos cuatro, más dos conductores, sólo queda uno fuera con un mando para todas las demás tareas, ventilar la escalera e iniciar el rescate de los vecinos atrapados en el humo que les puede matar en poco.

Iniciado el ataque al fuego en el primer piso percibimos que tenemos llamas también en el segundo piso. Aprovechamos la bifurcación de la palmera y montamos otra línea uno de los bomberos y yo mismo, nada más llega el agua lo dejo solo, y subo a colaborar en el rescate de los vecinos, a unos los evacuamos en la escala y a otra señora de avanzada edad, que no se puede rescatar por la ventana, decidimos evacuarla por la escalera con una bolsa de rescate del ERA (Equipo de Respiración Autónomo). Más arriba, en el quinto, hay un señor mayor en cama con poca movilidad. Decido dejarlo con un bombero que le proporcionará aire limpio si le hace falta.

Bajo a controlar cómo va el incendio. El bombero del segundo piso lo tiene controlado y los dos del primero, también. Aún quedan vecinos en el edificio pero están en las ventanas. Salgo a la calle, han pasado veinticuatro minutos, tengo que cambiar la botella de aire. En la acera de en frente me encuentro al concejal, que tiene cara de asustado. Hace poco que fue lo de Uría y parecía que hoy se roza la tragedia.

Le omito por las circunstancias que cuando entré me estrellé en una pared con la cámara y me saltó en dos cachos, que dejé a un bombero sólo apagando un fuego, cuando lo seguro es trabajar por parejas, y que cuando regresé me encontré al otro bombero perdido en el piso. Nos arriesgamos mucho, me siento muy orgulloso del equipo. Todos trabajaron a la perfección, si tardamos un poco más en apagar el fuego o se nos queda una persona en el humo, sería víctima seguro.

El concejal ya lo sabe. Se le ha explicado repetidas veces que nueve bomberos de mínimo son pocos para una ciudad como Oviedo, que lo que importa es el primer ataque. Luego da casi igual que lleguen veinte o treinta bomberos, pasará como en Uría.

Yo sí estoy acojonado, Ricardo. Estoy acojonado de que usted y el alcalde sean tan poco responsables. De que pongan en peligro a los ciudadanos y a nosotros los bomberos. De que Uría, dos años más tarde, siga sin un hidrante. Acojonado de que llamen como al incendio del Bazar Chino y me arriesgue a cualquier accidente, paredes inestables, vigas retorcidas, amianto.

Acojonado de que abogados que representan al Ayuntamiento denigren mi trabajo ante mis hijos, como han hecho con los hijos de Eloy.

Y todo por unos pocos hidrantes y bomberos más, que sería una solución más económica que pagar indemnizaciones por falta de medios.

Alejandro Vallina Collado es subinspector de Bomberos de Oviedo

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