Adiós a Fiaga, la constructora que tropezó en el El Calatrava

Las obras del Palacio de Congresos en 2006. / M. ROJAS
Las obras del Palacio de Congresos en 2006. / M. ROJAS

La empresa, del mismo grupo que Jovellanos XXI, deja de existir tras reducir su capital al mínimo en 2015 | El Ayuntamiento sigue pendiente en el Supremo del pleito por la liquidación de las obras y la concesión del edificio

G. D. -R. OVIEDO.

Fiaga S.A., la constructora de las familias Cosmen y Lago, a la que estos, tras ganar el 'concurso de los palacios', encomendaron el desarrollo de los dos complejos de El Vasco y Buenavista dejó ayer de existir con una anotación en el Registro Mercantil. La empresa alcanzó notoriedad durante el desarrollo de las primeras fases de las obras, cuando gigantescos camiones transportaban las colosales piezas en las que se apoyan las alas y el fondo de la 'u' que rodean al Palacio de Congresos. Cada parte está sostenida por 6 piezas metálicas en forma de delta de 24 metros de altura, que además se sustentan mediante 14 torres de apuntalamiento, de 16 a 22 metros. Era un diseño de Santiago Calatrava. La empresa, con el apoyo de otras firmas de ingeniería y algunos retrasos, cumplió una difícil tarea, que incluye, entre la estructura y la parte superior de los apuntalamientos, 96 gatos hidráulicos con capacidad entre 90 y 250 toneladas para equilibrar el conjunto con la ayuda de un ordenador que mide en continuo las cargas y adapta la estructura. Nada de esto se ve. Solo queda la imagen de las vigas que se abren hacia los extremos y parecen sujetar por arte de magia las oficinas del Principado y el hotel a más de 20 metros sobre la rasante.

Los problemas surgieron, sin embargo, al construir el graderío. Parte se hundió en 2006 y los tribunales consideraron responsables al arquitecto valenciano, a Fiaga y a Jovellanos XXI por fallos de diseño, ejecución y supervisión de las obras y les obligaron a devolver el dinero a la aseguradora, 3,5 millones de euros. Los siguientes cinco años fueron difíciles, con el tajo avanzando y deteniéndose al ritmo que los crecientes problemas de financiación y los sobrecostes dificultaban la digestión de la operación a Jovellanos XXI. Sin embargo, fue Fiaga la primera en dar señales de agotamiento cuando un juzgado decretó un embargo preventivo a la constructora. La 'casa madre' anunció que no afectaba a la «operatividad» del Palacio de Congresos, pero cuatro meses más tarde entró también en concurso de acreedores y, después, en liquidación. El mismo camino que ha seguido la constructora tras reducir su capital social de 2 millones a 60.000 euros en 2015. Aquello eran los primeros signos del impago a las subcontratas, entre ellas Ipezsa, que acabó precipitando la quiebra del entramado. La coincidencia accionarial entre Fiaga y Jovellanos XXI llevó al Ayuntamiento de Oviedo a defender en los tribunales que no debía pagar nos veces por el beneficio industrial. El pleito por la liquidación del 'contrato de los palacios' sigue en el Tribunal Supremo y se mueve entre los 96 y los 16 millones de euros, que tendrían que pagar las arcas municipales.

En el camino quedó la imposibilidad de garantizar la seguridad del complejo movimiento de la visera, formada por 16 pares de costillas de acero que alcanzan hasta 100 metros de longitud en su parte central. Alguna pieza no acabó de soldar y ahí sigue fija.

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