Adiós al fundador del bar Nalón, un hostelero «honrado y dispuesto»

El funeral de Vicente Lorenzo se celebró en la basílica de San Juan el Real. / HUGO ÁLVAREZ
El funeral de Vicente Lorenzo se celebró en la basílica de San Juan el Real. / HUGO ÁLVAREZ

Cientos de personas despiden a Vicente Lorenzo en la basílica de San Juan el Real

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Quienes acudieron ayer a la basílica de San Juan el Real, que prácticamente se llenó, para despedir a Vicente Lorenzo, cofundador del bar Nalón, coincidieron en describirlo como «un hombre bueno». Multitud de amigos y compañeros de profesión quisieron arropar a la familia y se deshicieron en elogios hacia el popular hostelero.

«Son una familia extraordinaria, nunca hacen daño a nadie. Estuve muchos años con él en la junta directiva de la asociación Hostelería Asturias y no creaba ningún problema. Se hizo famoso con la sopa de pescado, que no se consiguió hacer otra igual todavía, y él estaba atendiendo tras la barra. Era muy bueno, una persona educada, correcta», rememoraba José Manuel Gómez, más conocido como 'Pepe, el del Tizón'.

Esa bondad quiso destacar su también compañero de directiva durante veinte años Eutimio Busta, de Casa Eutimio, en Lastres: «Fue un hombre afable, sano, honrado, con disposición a dialogar y a colaborar con los proyectos».

Lorenzo nació en Baíña (Mieres), pero a los 12 años se vino a trabajar a Oviedo, al desaparecido restaurante Cabo Peñas, de la calle Melquiades Álvarez, y a partir de ahí estuvo «toda su vida dedicado a la hostelería», apuntó su hijo y continuador de su legado hostelero, Vicente Lorenzo González, 'Viti'.

Junto a su esposa, Esmeralda González, Lorenzo fundó en el número 12 de la calle Fray Ceferino el bar Nalón en 1963. A base de duro trabajo fueron adquiriendo buena fama, que se disparó cuando la cocinera inventó unos años después la merluza a la sidra. Por aquel local pasó lo más granado de los visitantes de la ciudad, como los entonces Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, los premios Nobel de Literatura Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, el poeta Rafael Alberti, el lingüista Emilio Alarcos o el expresidente socialista Felipe González.

El fallecido trabajó hasta más allá de los setenta años en aquel negocio a la vieja usanza, con los techos altos, paredes de madera y ladrillo, cuadros -pintados muchos por la propia Esmeralda- y bufandas del Real Oviedo. Trabajaba desde las seis de la mañana hasta la madrugada, siempre de buen humor. Incluso después de retirado, seguía pasándose por el restaurante para velar por él y echar la partida con los amigos, su gran afición. «Fue bastante más que un padre, fue un compañero y el que me enseñó todo lo que sé. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás y sonriente», señaló su hijo, que regenta hoy día el negocio, desde 2014 situado en la calle Campoamor.

Por su parte, el párroco de San Juan, Javier Suárez, resaltó en su homilía que «la hostelería y la ciudad pierden un referente» con la muerte del fundador del Nalón, un «restaurante de tanta fama y prestigio en Oviedo». «Fue un hombre bueno, buen esposo y buen padre, honesto y trabajador, cordial y alegre, dispuesto a ayudar a los demás», describió.

Tras el funeral, el cuerpo de Lorenzo recibió sepultura en el cementerio municipal de El Salvador.

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