El alcalde de Oviedo espera «no tener que llegar a los juzgados» para defender La Vega

La central de calefacción. A la derecha, el taller de cañones; al fondo, el de ametralladoras. / D. ARIENZA
La central de calefacción. A la derecha, el taller de cañones; al fondo, el de ametralladoras. / D. ARIENZA

López afronta con «expectativas positivas» la reunión de hoy con Defensa, en la que se abordará el estado y los usos de la vieja fábrica

D. LUMBRERAS / R. AGUDÍN OVIEDO.

Por primera vez en Oviedo, cargos de Defensa visitarán con miembros del Ayuntamiento la fábrica de armas de La Vega, abandonada desde 2012, para después reunirse en grupo de trabajo. Una cita que el alcalde, Wenceslao López, afronta con «expectativas positivas» tras un tiempo en el que el «deterioro ha sido vertiginoso».

El alcalde confía en «no tener que llegar a los juzgados» para defender la propiedad del complejo fabril . El mismo que se erigió en 1856 sobre el antiguo convento de Santa María de La Vega, según explicó el Grupo de Urbanismo del Colegio de Arquitectos de Oviedo, que ayer por la mañana guió a cincuenta personas por él, dentro de las Jornadas de Patrimonio Cultural.

López hablará con los representantes del ministerio de María Dolores de Cospedal «de todo», empezando por el estado del conjunto. La visita por dentro y por fuera de la fábrica evidenció la dejadez en su mantenimiento. La carpintería apenas tiene cristales ya y la vegetación campa a sus anchas, desde el invasor plumero de la Pampa hasta el protegido acebo. Con todo, para la arquitecta Ana Piquero, «la fábrica está bien en cuanto a la estructura. Hay problemas de humedades porque las cubiertas están deterioradas y sería necesario actuar ya».

Otra cuestión que se abordará hoy es la de los usos de La Vega. Piquero apostó por que sean «a escala de barrio, como guarderías para los chalés», así como a escala de ciudad y metropolitana. Por ejemplo, «en las naves, pequeña industria de montaje» o «algún museo de referencia y espacios multiusos».

También, alguna plaza y un parque. Porque La Vega era una ciudad dentro de otra ciudad, con sus satélites de viviendas (las colonias del Marqués de San Feliz, La Nueva y el Brigadier Elorza), con sus avenidas y «autosuficiente», recalcó la arquitecta María Rosa Alba. «Tenía una mutua sanitaria, botiquín, museo y comedores. Se hacía de todo: mobiliario, barandillas, kioscos para música y muchos objetos de decoración para las viviendas de los altos mandos», especificó. Además, explicó las distintas expansiones de la fábrica: con las Guerras Carlistas y el fusil Remington, con las de Marruecos y tras la Guerra Civil.

Entre el público había jóvenes que veían el interior del complejo por primera vez, y otros como Luis Méndez, que se reencontraban con él. «Yo proveía al economato de pilas», aseguraba, para añadir que recordaba cómo despidieron a un militar por sisar aceite. Una vez más, el claustro y el interior de la capilla permanecieron ocultos, así como el cuartel 'castillo' de la entrada.

Las jornadas continuaron por la tarde con una ponencia sobre desarrollo urbanístico sostenible a cargo de la catedrática de Derecho Administrativo María Rosario Alonso. Hoy, a partir de las 17 horas, Andrés Martínez disertará en el Salón de Té del Campoamor sobre el monasterio de La Vega y a continuación tendrá lugar una mesa redonda sobre el Camino de Santiago.

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