El alcalde urge llevar usos industriales a La Vega para frenar el deterioro de las naves

López se fija como «prioridad frenar el deterioro» del conjunto fabril tras cinco años de abandono

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

El Ayuntamiento tiene prisa. Después de llegar a un entendimiento con Defensa esta semana para crear una comisión que vaya dotando de usos a las instalaciones de la antigua fábrica de armas de La Vega, ayer el alcalde, Wenceslao López aceleró y marcó como «prioridad frenar el deterioro» de los edificios del conjunto, llevando cuanto antes usos industriales y culturales a los mismos. El Ayuntamiento tiene prisa y Defensa no tiene objecciones, confirmaron fuentes del departamento, en poner en marcha las conversaciones sobre los usos.

De hecho, la ley ata al ministerio de María Dolores de Cospedal y le impide, sobre el papel del BOE, entregar gratis la propiedad de la fábrica como le pide el Ayuntamiento, pero nada dice de ceder el uso de unas naves, algunas centenarias y muchas protegidas, cuya conservación costaría mucho dinero a las arcas de Defensa. De hecho, un técnico que participó en anteriores conversaciones con el departamento destaca que «naves, no querían ninguna».

Pero debajo de las naves hay suelo. 122.000 metros sobre los que el Ayuntamiento esgrime derechos de propiedad: «Entendiéndose con la precisa condición de que esta cesión y traspaso sea para el establecimiento definitivo en él, de la fabricación de fusiles y otras armas de la misma clase; en tal concepto y no en ningún otro». Así reza la escritura pública de cesión de los terrenos de la vega al Estado el primero de marzo de 1856. 161 años que se pueden partir en los 156 primeros desde la dación del antiguo convento de las Benedictinas y los últimos cinco, desde el cierre de la factoría. Esa es la base sobre la que el Pleno aprobó pedir a Defensa la reversión de los terrenos, pero hay matices. El primero que esa histórica cesión se refiere tan solo al núcleo original de la fábrica, unos 20.000 metros, que fueron sucesivamente ampliados con donaciones menos formales y expropiaciones hasta las 12 hectáreas largas actuales.

Sobre ellas, hay 23 edificaciones con una superficie construida de 55.000 metros. El Catálogo de la ciudad habla, además, de edificaciones a proteger por su carácter singular. Son el claustro-almacén, que data del siglo XVII, la capilla de Santa Bárbara, la caseta de pesaje, de planta hexagonal; el taller M-3 de cañones y la chimenea de ladrillo de la antigua fundición. Aparte de las naves industriales, hubo también en la fábrica una escuela de formación profesional.

Todo lo anterior tuvo vida pero los tiempos se aceleraron hasta la muerte. En el año 2000, el gobierno de José María Aznar culminaba el proceso de privatización de las empresas estatales y General Dynamics, la empresa norteamericana, fue la agraciada en el reparto. Una década después, en la mañana del 11 de abril de 2012, la dirección de la factoría reunió a los trabajadores y les anunció el cierre inmediato y el traslado de la plantilla y la produccción a la fábrica de Trubia.

Las consecuencias para la ciudad fueron evidentes. Entonces, pese a la oposición del Ayuntamiento y sindicatos no hubo marcha atrás. Intenciones, a partir de entonces, muchas. El secretario de estado del ramo, Pedro Argüelles, defendió que celebraba el traslado por ser bueno para Oviedo «salvo que se pierdan empleos» y el propio ministerio anunció en septiembre de 2012 la designación de un comisionado para elaborar una propuesta para el uso del patrimonio inmobilario. Fuentes de Defensa de aquel año hablaban así de ese informe a redactar: «Abarcará todas las infraestructuras de Defensa, y consecuentemente, de La Vega, una vez que culmine, si es el caso, la devolución de los terrenos».

A 16 de julio de 2017, ni lo uno, ni lo otro. El pasado miércoles, el alcalde de la ciudad, Wenceslao López, acudió a Madrid para mantener una reunión con la ministra de Defensa, Maria Dolores de Cospedal, con un doble objetivo, revertir la titularidad de los terrenos y, en el ínterin de ese proceso o en el caso de que eso no ocurriera antes o después; comenzar a dar usos a los terrenos y equipamientos.

A los trabajadores, en 2013, tres meses y medio después de culminar la integración de las dos fábricas, se les trasladó el inicio de un Expediente de Regulación de Empleo -que afectó también a fábricas de La Coruña, Granada, Sevilla y Madrid- a 289 personas en Trubia. Al cierre del procedimiento no hubo acuerdo y salieron de la fábrica asturiana 246 obreros, 55 de ellos de manera forzosa. El 2 de junio el Supremo dijo del ERE que «no fue modélico», pero rechazó anularlo.

HUCA y La Vega, el futuro

Sobre ese pasado industrial, Oviedo quiere construir su futuro. Defensa, Ayuntamiento y el Principado, por sus competencia en Patrimonio, formarán una comisión este mismo mes, en la que se abordará el futuro y los usos del «espacio, a los diferentes elementos e impedir que se continúen degradando las construcciones que existen dentro de la fábrica de La Vega», según explicó López. Un proceso que, si bien desde su trinchera, todos los partidos del arco municipal han recibido en mayor o menor grado como «positiva», reabre la necesidad de coordinar el modelo urbanístico de la ciudad para un futuro a corto, medio y largo plazo.

Ya en el mismo 2013, el equipo de gobierno anterior hablaba de estudiar conjuntamente los dos espacios que iban a quedar desiertos una vez que el Hospital se trasladara a La Calellada. Ahora, al lado casi de la fábrica, la industria biosanitaria es uno de los usos que más se escucha proponer, junto a factorías culturales. Está por ver lo que quiere Defensa.

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