Álvaro Neil vuelve a casa tras trece años recorriendo el mundo en bicicleta

Un Álvaro Neil emocionado a su llegada ayer a Oviedo. / PABLO LORENZANA
Un Álvaro Neil emocionado a su llegada ayer a Oviedo. / PABLO LORENZANA

«No soy un superhéroe, sino uno de los seres humanos más afortunados del mundo por haber cuplido mi sueño», afirmó

R. AGUDÍN / J. C. ABAD OVIEDO.

Todo campeón ciclista tiene que transitar en solitario, escapando de la burocracia del pelotón, para alzar los brazos en París. Hay otros que, solitarios también, sin embargo, encuentran la victoria en cada pedalada. Ayer, Álvaro Neil el 'biciclown' ovetense, puso punto y final a 170.000 kilómetros de aventura que le han llevado a recorrer los cinco continentes en «13 años y dos horas», como explicó al desmontar de su bicicleta marca Utopía.

En la improvisada meta en la plaza de la Catedral, le esperaban emocionados muchos que le vieron partir. Además, para cubrir la última etapa, «como la primera pero a la inversa», explicó, de Campomanes a Oviedo, se le unió un nutrido pelotón de amigos que recolectó por el mundo y de otros de los que «ni si quiera me acordaba», dijo.

«Llegar a acceder al corazón de otros seres humanos que a veces hablan tu mismo idioma, pero que no te entienden» fue lo más duro de su viaje, explicó junto a una nube de personas que no querían perderse un beso o un abrazo. Y sonrisas. Como las que ha ido repartiendo en todos y cada uno de los 117 paises por los que ha pedaleado y en los que actuó como 'clown' para más de 20.000 personas.

«No soy un superhéroe. Soy uno de los seres humanos más privilegiados de la tierra porque he podido cumplir mi sueño antes de morir. Ahora, a ver cómo vivo», dijo el que es licenciado en Derecho.

Sobre su cuarta bicicleta, que pesa la friolera de 80 kilos e incorpora cocina y placas solares no solo viaja un payaso que pedalea, hay hueco también para la divulgación y el pensamiento. Durante su viaje ha escrito seis libros y protagonizado documentales. Ahora, tras una semana descansando en Asturias, le toca volver sobre la hoja en blanco para pensar en el séptimo.

En un futuro se plantea dar charlas de educación en valores en colegios y universidades, pero sin la presión del dinero que le puedan pagar. «Soy como el cometa Halley, si no quieren, paso de largo», afirmó con aplomo al tiempo que dijo que su presupuesto diario durante el viaje fue de 10 euros..

Preguntado acerca de qué país le hubiera gustado conocer a lo largo de su aventura, contestó que «cualquiera en los que no he estado» y por continentes, «África es el de la hospitalidad, Europa, cuanto más al norte más dificil y más al sur más fácil». Todo ello porque bajo su perspectiva, los paises «cuanto más ricos se hacen, son más difíciles para la vida nómada».

Los ricos dicen «si no tienes dinero para comer, haber hecho un plan», explicó. Pero en otros paises la vida no se cuestiona bajo esos principios. «Unos se creen que les estás dando y otros que les estás robando», resumió sobre su viaje y su transformación vital. Ni se plantea volver a su anterior trabajo «soy como las serpientes, mudé la piel y la dejé atrás. Me reencarné en quien soy hoy en día».

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