El Arca Santa que resurgió de los escombros

Paz Navarro, restauradora jefe de la reciente restauración del Arca Santa.
Paz Navarro, restauradora jefe de la reciente restauración del Arca Santa. / PIÑA

'Sobrevió' a una explosión en el 34 y ahora, recuperado su espledor, acaba de regresar a la Cámara Santa

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

El Arca Santa que ha llegado hasta hoy dista del que salió de los talleres de Toledo -lo más probable- en el siglo XI. «Está pendiente de el estudio completo de las distintas reparaciones, porque fue objeto de muchas intervenciones después de 1075 (fecha de la apertura por Alfonso VI). Tiene pares probablemente del siglo XVI», señala la historiadora del Arte Raquel Alonso.

En ausencia de documentación, «no podemos decir cuándo fue cada intervención, aparecerán con el contexto», avanza Paz Navarro, restauradora jefe de la reciente reparación del Arca Santa. Sí parece claro que los personajes del panel frontal, los apóstoles, son del siglo XVI. Y las peanas en las que están, coincide César García de Castro, el arqueólogo encargado de elaborar la memoria histórico-artística que arrojará luz sobre algunas de estas cuestiones, «son muy tardogóticas». Además, el joyero ovetense Félix Bascarán añadió hacia 1931 un pantócrator (Cristo Todopoderoso).

Pero sin duda alguna la mayor transformación que sufrió el arca, cambiándola para siempre, fue causada por la Revolución de 1934. La noche del 11 al 12 de octubre, insurrectos entraron a la Catedral, quemaron la sillería del coro y dinamitaron la capilla de Santa Leocadia, situada bajo la Cámara Santa.

Franco y su comitiva ante el Arca en 1942 / EC

En la explosión se perdieron las bisagras que se le habían puesto a la caja y la base. En un artículo sobre el relicario, García de Castro relata cómo el arca se precipitó por el boquete que se abrió bajo ella: «Quedó colocada sobre el suelo de la cripta. El impacto provocó el desmembramiento de las partes del cajón. La cubierta quedó situada en el centro, rodeada por los tableros. Del revestimiento sufrió especialmente el panel lateral izquierdo, afectado por la caída de escombros, 'rompiendo una tabla, doblando la chapa y desenclavándose todo'». Y las inscripciones de la tapa se rompieron y dispersaron.

Aquella tragedia artística fue muy sonada. Para intentar solucionar el destrozo, el Gobierno de la II República (entonces conservador), encargó la restauración a la primera espada de la Historia del Arte de entonces, el arqueólogo granadino Manuel Gómez-Moreno.

Arca destrozada tras la explosión del 34

El sabio se empleó a fondo el año siguiente en la restauración para intentar dejar el relicario como estaba antes de la explosión, recomponiendo cuanto quedaba. Eran tiempos de escasez y en el relleno se emplearon incluso papeles de periódicos. García de Castro informa de que «se fijaron tanto la tapa como los tableros laterales mediante clavos de acero introducidos oblicuamente. Las cuatro piezas provenían sin duda de una demolición o desmontaje de carpinterías, como se demuestra por la presencia de restos de enlucidos de pintura caliza en la superficie».

El trabajo de Gómez-Moreno

Cuando Gómez-Moreno terminó su trabajo, el Arca Santa, que había sido llevada a Madrid para arreglarla, regresó a la Cámara Santa (donde permaneció sin cuidados ni limpieza hasta el siglo XXI) y algunos pedazos de plata fueron al Museo Arqueológico. Hay quien lo acusó luego de falsear el relicario, pero para García de Castro «la labor del sabio granadino se limitó a recolocar con precisión milimétrica las chapas desenclavadas en su posición previa. No se le pueden achacar alteraciones». Paz Navarro no cree que los trabajos de su predecesor «fueran ningún problema. Hizo lo que pudo».

Para los días 5, 6 y 7 de septiembre, se prepararon fastos inéditos en la ciudad, coincidiendo con el Milenario de la Cámara Santa, que se volvió a consagrar, y el undécimo centenario de la muerte de Alfonso II el Casto. «El día 5, a las diez y media de la mañana, celebrose en la Catedral una misa en rito mozárabe, presidida por el prelado diocesano Manuel Arce Ochotorena. En el centro del presbiterio habíase colocado el Arca Santa de las reliquias, utilizada como altar para la solemnidad. La Misa se celebró cara al pueblo. Sobre el arca de las reliquias, el Cristo de Nicodemus. Sobre unos cojines, la arqueta con los cuerpos de San Eulogio y Santa Lucrecia», explica en una conferencia sobre la Cámara Santa de 2014 el canónigo archivero de la Catedral, Agustín Hevia.

Este rito, que se oficia en latín y con más cantos que la misa actual, fue habitual en la Península desde los tiempos de Alfonso II El Casto hasta 1080, cuando lo eliminó el concilio de Burgos. Era una ceremonia pensada para los reyes victoriosos. Mediante el mismo se consagraron las grandes iglesias prerrománicas del Principado, como Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo o Valdediós. Revivirlo fue idea del canónigo maliayés José Cuesta Fernández, arcipreste de la Catedral. Justo de la Riva lo recogió todo en un documental.

El dictador Francisco Franco vino a presidir en persona las celebraciones y se hospedó en el palacio del marqués de San Feliz, en el Fontán. Una gran operación de propaganda para entroncar el nuevo régimen con la Reconquista, y a su Caudillo con los monarcas astures. Fue entonces también cuando se inauguró el Jardín de los Reyes Caudillos, en un extremo de la Catedral, con estatuas de los reyes de Asturias desde don Pelayo hasta Alfonso III el Magno.

Las reliquias devueltas cruzaron Oviedo en procesión por las principales calles, escoltadas por 6.500 peregrinos de Juventud Católica de Asturias, la Falange y el Ejército. Franco entró a la Catedral con la Cruz de la Victoria en las manos, que depositó sobre el Arca Santa. Curiosamente, y dada la precariedad de medios, recuerda el catedrático Carlos Cid en un informe, las gemas que habían desaparecido fueron sustituidas por «piedras modernas de adorno femenino y vidrios de botellas de sidra».

Ahora, el Arca Santa, tras la última restauración que la ha devuelto su esplendor, comienza una nueva etapa. Será presentada de nuevo y de manera oficial el 6 de septiembre. Ahora se ultiman los estudios de documentación gráfica e histórica que permitirán conocer mejor las técnicas con las que se construyó el Arca Santa y la ornamentación de la plata.

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