«Las barreras arquitectónicas del colegio son un peligro para los niños»

Elisa Collado, tesorera del Ampa del Centro de Educación Especial Latores. / DANIEL MORA
Elisa Collado, tesorera del Ampa del Centro de Educación Especial Latores. / DANIEL MORA

Los padres del colegio de Educación Especial Latores urgen solucionar las deficiencias del edificio mientras luchan por la construcción de un nuevo centro en el casco urbano

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Celia Collado (Luarca, 1964) es la voz de los padres de los 174 alumnos matriculados en el Centro de Educación Especial Latores. Un edificio que mantiene las mismas infraestructuras que hace medio siglo. No cumple con la normativa de eliminación de barreras arquitectónicas, las aulas se han quedado pequeñas y hace falta más personal auxiliar de educación para dar respuesta a las necesidades de alumnos con algún tipo de discapacidad.

-Si tuviese que definir en una sola palabra la situación en la que se encuentra el colegio de Educación Especial de Latores, ¿cuál sería?

-Está en una situación límite y necesita un cambio ya.

-Explíquese...

-Lo que demandamos es un centro nuevo porque el mayor problema que tenemos aquí es que es un colegio que se construyó en los años setenta para unas necesidades de aquella época y cincuenta años después, la situación ha cambiado mucho, han aumentado las matrículas y ya no hay espacios para habilitar aulas y desarrollar el trabajo con los niños.

-¿Qué deficiencias existen?

-La peor son las barreras arquitectónicas. A este centro acuden niños, no todos, que tienen problemas motóricos y el edificio no cuenta con ningún tipo de rampa en un inmueble de tres plantas cuya circulación se articula entre planta y planta por medio de una escalera que además no cumple la normativa de construcción. Ahora mismo hay 174 alumnos y esto es un peligro tanto para ellos como para el personal que ayuda a esos alumnos, porque en un momento dado alguien se puede caer por esas escaleras. Lo más graves es que, desde hace años, hay una normativa de eliminación de barreras arquitectónicas y aquí no se está cumpliendo, más en un centro como este con alumnos discapacitados.

-¿Han pensado en solicitar un informe sobre el cumplimiento de las medidas de seguridad del centro?

-Es nuestra intención porque en caso de incendio, ¿qué pasaría si hay que hacer una evacuación con 174 niños discapacitados que tienen que subir o bajar una escalera?

-¿Todo esto se lo han trasladado a la Consejería de Educación?, ¿han hablado con su titular, Genaro Alonso?

-Hemos tenido, en junio de 2016, una entrevista con él en la consejería y luego él visitó el centro el año pasado, por estas fechas. Conoce el centro y sabe de la situación en la que está.

-¿Entonces?

-No hay más palabras. Se necesita un centro nuevo y el problema que tenemos es que hasta dentro de cuatro años no lo va a haber, por lo que pedimos una solución a este período transitorio.

-Los grupos parlamentarios del Principado de Asturias, a excepción del PSOE, van a presentar una proposición no de ley para solicitar una modificación presupuestaria para iniciar los trámites de construcción de un nuevo equipamiento.

-Sí, pero el problema que tenemos es que ahora hay una prórroga presupuestaria. Lo que hemos pedido a los grupos parlamentarios es que se destine una partida para la elaboración de un proyecto para el colegio.

-¿Cuál sería la ubicación ideal para ese nuevo centro que reclaman?

-En la ciudad, no en la zona rural. De este modo los niños se podrían integrar en la sociedad. Realmente intentamos que puedan vivir de la forma más independientemente posible dentro de sus capacidades. Si el centro estuviese ubicado en Oviedo ciudad, seguro que habría algún supermercado donde los niños pudieran ir con su profesor para aprender a manejarse a hacer la lista de la compra, por ejemplo.

-Mientras tanto, ¿por dónde pasaría esa solución intermedia hasta que se construya un nuevo centro?

-La eliminación de barreras, lo fundamental. Debido al aumento de las matriculaciones ya no hay aulas, ni espacios para habilitarlas, por lo que solicitamos la construcción de un aulario para descongestionar un poco el edificio. Hay otro problema bastante grave en la zona de aparcamiento de los autobuses.

-¿En qué sentido?

-Como el centro está en una zona rural todos los alumnos acuden en autobús. Lo que ocurre es que la zona de aparcamiento es muy reducida y hay unos problemas enormes todos los días. Son trece autobuses, porque compartimos zona con el colegio Santa Ángel, de Aspace. Hay autobuses de grandes dimensiones y los conductores tienen que hacer unas maniobras impresionantes. El problema es que aquí hay muchos niños que se ponen nerviosos, que pueden salir corriendo en dirección contraria mientras el autobús hace la maniobra. Esta llegada es un momento muy peligroso.

-Toda la situación que ha reflejado, ¿cómo repercute en el día a día de la comunidad educativa y de los alumnos?

-Es una situación incómoda. Los profesores hacen su trabajo muy bien. El problema son las clases, porque de las aulas primitivas han sacado dos aulas, adecuaron espacios para clases que estaban destinados a otros usos, como duchas, han instalado clases en vestíbulos... Esto se traduce en aulas cada vez más pequeñas que dificultan la convivencia.

-Y a los padres, ¿cómo les afecta?

-Lo que queremos es lo mejor para nuestros hijos y que los niños estén bien atendidos y contentos. Si bien la dotación de profesorado es la correcta, hay otro personal muy valioso para los niños, como son los auxiliares de educación, que no están dotando el número que se necesita.

-¿Qué baremo hay?

-Actualmente hay 174 niños en el colegio y once auxiliares de educación. Sale una ratio de quince niños dependientes para una persona, necesitan ayuda para ir al cuarto de baño, que les lleven del aula de trabajo al aula del logopeda, a los pequeños hay que cambiarles el pañal. Una serie de hábitos que no se está dotando de personal.

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