«El Ca Beleño forma parte de la memoria emocional de muchos ovetenses»

Frankie Delgado y Blanca Fresno, en la entrada del Ca Beleño. / ALEX PIÑA
Frankie Delgado y Blanca Fresno, en la entrada del Ca Beleño. / ALEX PIÑA

El histórico local pondrá el próximo sabado el punto y seguido a su andadura y sus dueños se volcarán con la fábrica de cerveza Ordum, en Borines

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

Tras más de 1.000 conciertos y 1.200.000 litros de cerveza servidos, el Ca Beleño cierra. Se despedirá por todo lo alto el próximo día 17 pero no se irá del todo, ni muy lejos. Sus dueños, Frankie Delgado y Blanca Fresno pretenden llevarse la esencia del local para transformarla y potenciarla en su nueva fábrica de cerveza Ordum, la marca que comercializan desde hace unos años en un bar «totémico».

«Para nosotros es un motivo de alegría pero para los clientes no, sienten tristeza y no lo entienden. Lo sentimos por la ciudad también, porque pierde un referente», explican entre Delgado y Fresno, acerca del sorprendente anuncio del cierre de un bar que comenzó a pergeñarse a comienzos de los años 80.

En 1982 Fernando Largo, Juanjo Prado, Frankie Delgado, Astur Paredes y Lisardo Lombardía viajaron a Killarney, en Irlanda, para tocar con Beleño y exponer en una muestra de fotografía. «Sin ese viaje iniciático el Ca Beleño no existiría. Allí nació todo», explica Delgado que añade que «aquí no había locales donde poder tocar música folk o tradicional y necesitábamos un espacio donde poder estar». En 1987 se lanzaron a la aventura y hasta hoy. Hasta el próximo sábado cuando pongan el punto y seguido.

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Los motivos del adiós son varios. La propiedad del céntrico local apretaba con el alquiler. La ley de espectáculos impidió hace dos años tocar a músicos en directo y el Ca Beleño que fue abanderado de la movilización y punto de encuentro de artistas y músicos se mantuvo firme en la reivindicación. Por último, la aventura a la que Fresno y Delgado se lanzaron, de nuevo, en 2012, al fabricar Ordum, su propia cerveza. Ahora se llevan la producción a Piloña en colaboración con Aguas de Borines.

Lamentan, pese al nuevo proyecto, que «Oviedo está sufriendo una pérdida progresiva de locales que han sido patrimonio de la ciudad». Patrimonio para gente de aquí, clientes habituales que regresan o que delegaron en sus hijos la tarea de encontrarse en el Ca Beleño o gente que solo pasó unos meses: «¡Fuimos oficina Erasmus!», exclaman.

«Cada persona es un mundo y poder formar desde detrás de la barra de parte de los recuerdos de tanta gente es importantísimo. Hay cantidad de parejas que se prometieron aquí», añaden. «Estos días hemos recibido muchos mensajes que nos dicen que «yo me prometí en ese rincón o me declaré en aquella mesa. De divorcios, eso sí, no nos dicen nada -risas-. Aunque seguro que los hubo», bromea Fresno.

El Ca Beleño también fue motor de la escena folk. Desde el establecimiento impulsaron a grupos como Tannehill Weavers, Felpeyu, Llan de Cubel, Paddy Keenan o Capercaille. «Ese es nuestro tesoro, lo que nos llevamos. La vida del local no es solo cerveza, aquí te podías encontrar a cualquiera».

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