«Soy beneficiario de Manos Unidas: el dinero llega»

María Elvira García Castañedo, delegada de Manos Unidas en Asturias, con el sacerdote Crispín Kabeya. /  PIÑA
María Elvira García Castañedo, delegada de Manos Unidas en Asturias, con el sacerdote Crispín Kabeya. / PIÑA

El sacerdote congoleño Crispín Kabeya, «testigo directo» de la ayuda de la institución, presenta la nueva campaña contra el hambre de Manos Unidas

P. ALVEAR OVIEDO.

«Yo soy uno de los beneficiarios de la ayuda de Manos Unidas en el Congo. Animo a la gente a colaborar: lo que dan llega a donde tiene que llegar». Son palabras del sacerdote congoleño Crispín Kabeya Kipana, que colabora con la diócesis de Cangas del Narcea y actualmente estudia el doctorado en Salamanca. Es «testigo directo» del trabajo de Manos Unidas, que financia proyectos en América del Sur, la India y África encaminados «a generar educación, trabajo y sanidad» para combatir el hambre, explica María Elvira García Castañedo, delegada de Manos Unidas en Asturias.

'Comparte lo que importa' es el lema de la 59 campaña de Manos Unidas, cuyo eje central se celebra esta semana con el tradicional mercadillo en la parroquia de los Santos Apóstoles (el domingo, a las 11.30), la venta de claveles en el Corazón de María por parte de voluntarios (también el domingo). Además, las parroquias colaborarán con la colecta recaudada durante el fin de semana.

Los ojos del padre Crispín han visto mucha miseria en su país, el Congo, muy rico en cuanto a recursos naturales, pero cuya gente malvive oprimida «por gobiernos corruptos y multinacionales» que dejan a mujeres y niños vivir en la pobreza mientras trabajan en minas para extraer el coltán, «un mineral necesario para la alta tecnología, para los móviles, por ejemplo, que se venden carísimos». Ellos, la mano de obra, exponen su vida y sobreviven en zonas que «no tienen ni colegios ni carreteras».

Pero para combatir el hambre hay un modo: la formación. «Educar a la gente es darle medios para saber defenderse, para que luchen de forma eficaz contra el hambre, y para ello hay que dotar a los pueblos de infraestructuras». En este aspecto, el papel de Manos Unidas es más que fundamental: ha creado desde escuelas a centros de salud. El pasado año, explicó García Castañedo, financió doce proyectos. Y todo el mundo puede ayudar: quien quiera puede ser socio aportando un donativo: «Desde cinco euros... a lo que sea, porque una pequeña cantidad en esos países hace muchísimo».

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