«Voy a buscarte y vas a abortar»

-C. A. S.: Voy a buscarte y vas a abortar

-Víctima: ¿Hacer qué?

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es

-C. A. S.: Aborto.

-Víctima: No creo que vaya a hacer algo así.

-C. A. S.: ¿Por qué no crees?

-Víctima: Porque no lo haré.

-C. A. S.: Ve y aborta, desgraciada de mierda.

-Víctima: Tranquilo que haré dinero y me marcho. Me quedo dos o tres semanas para hacer dinero y me marcho.

-C. A. S.: ¿Cómo que te marchas?

-Víctima: Ya lo verás.

-C. A. S.: Tus muertos. Si alguna vez no hacer el pago directamente le prendo fuego a tu madre. Que arda tu abuela por allí.

-Víctima: ¿Te dije yo algo de que no te voy a hacer la paga?, ¿me amenazas?

-C. A. S.: Sí, te amenazo.

-Víctima: Yo solo te dije que haré el dinero y me marcho. Que no quedaré aquí en España. Yo no necesitaba venir a España, yo vine por tu culpa.

En muchas ocasiones hemos hablado en estas páginas del futuro de determinados barrios de esta capital que precisan un tratamiento global para garantizar que las próximas décadas lo sean de prosperidad y no de letargo. Para que los vecinos sientan que son parte importante de la ciudad y que las administraciones se ocupan y preocupan de que sientan que son parte del tejido urbano, de lo que se tiene previsto que sea una ciudad que, además de tender a ser Smart City, cuida de sus barrios y tiene, al menos, intención de que no se suman en el abandono.

Mucho se ha escrito sobre la fábrica de armas. Existe una disputa sobre los terrenos que parece ir menguando, de modo que sin duda veremos proyectos para ese suelo en el futuro. Es quizá el momento de, solucionado este problema, crear un concurso internacional de ideas, como se ha hecho en otros lugares (Vitoria, Madrid) para dotar de un destino de futuro a un espacio inmenso, hacia el que la ciudad tiende naturalmente desde que el HUCA se trasladó del Cristo.

¡Ay, El Cristo! Ese es el objeto de esta columna hoy. Ese barrio que fue el centro de la zona alta. La zona universitaria y sanitaria, que languidece hace un par de años y que cada día que pasa sufre más por el desplazamiento del antiguo hospital. Los vecinos, sus representantes y todos los que por allí pasamos apreciamos el deterioro que ha sufrido. Hay uno inevitable, que es el económico, pero hay otro que no podemos dejar pasar, y es el urbano.

El económico lo apreciamos con cientos de negocios que echaron la persiana. La ausencia de transeúntes en un barrio que polarizó la presencia de ovetenses, estudiantes, enfermos, profesionales de la enseñanza y la medicina y que ahora se ubican en otros lugares, es inexorable. Si no hay gente, no hay cafés que vender, ni fotocopias que realizar, ni menús del día que confeccionar. Por cerrar, hasta cerró un enorme establecimiento oriental de esos que sobreviven a la adversidad económica con una planificación desconocida, pero sin duda admirable.

Pero el deterioro urbano es remediable. Se ha aprobado un plan para eliminar las pintadas, necesario a todas luces, pero que debería ser complementado -como ya manifestamos en alguna ocasión en esta columna- con duras medidas para quienes ensucian nuestras calles y nos obligan a gastar dinero en limpiarlas. Y, a mayor abundamiento, están las dos estructuras enseña del barrio: el antiguo HUCA y la plaza de toros.

El Ayuntamiento no puede hacerlo solo en ambos espacios. Necesita la colaboración de otras administraciones, por la titularidad de los bienes y por el carácter de BIC de la plaza de toros. Pero es el momento de trabajar con esas otras administraciones. De invertir el dinero que se recauda para poner en valor un complejo sanitario que se nos caerá si no lo cuidamos, y que no podemos acabar dejando a una especulación urbanística que, ahora mismo, ni siquiera existe. En cuanto a la plaza de toros, modelos como Leganés, pueden ser el ejemplo. Cubrirla, hacer espectáculos, convertirla en un centro de actividad, sin duda costará dinero, pero será bien invertido.

Lo que no podemos es ver un barrio que se difumina, sin hacer nada al respecto. El Principado de Asturias ha de colaborar, porque tiene un problema de mantenimiento para solamente evitar que se deteriore más algo que cada día que pasa vale menos. El Consistorio tiene dos centros en los que, concluidos los tiempos de alharacas, se pueden dignificar y poner al servicio de los ciudadanos. Es un esfuerzo que ambos deben acometer, porque lo contrario conduce a la muerte de un barrio que lo fue todo.

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