Los cabecillas del clan de los Sandulache fueron detenidos por los mismos delitos en diciembre

CECILIA PÉREZ OVIEDO

Los hermanos Sandulache están siendo juzgados por once delitos de trata de seres humanos, once de prostitución coactiva, un delito de lesiones graves, un delito contra los derechos de los trabajadores y otro por blanqueo de dinero. Se les acusa de haber captado a once jóvenes en Rumanía, traerlas para España, a Oviedo en concreto, y obligarlas a ejercer la prostitución bajo amenazas de muerte. Entre los dos se enfrentan a penas de 242 años de prisión.

C. A. S y S. S. fueron detenidos en 2013. Eludieron la cárcel porque el juzgado de Instrucción fijó una fianza que pagaron y salieron en libertad a la espera de que concluya el juicio iniciado ayer y se dicte sentencia.

Lejos de abandonar su carrera criminal, el pasado 17 de diciembre fueron detenidos de nuevo, junto con otras diez personas, acusados por los mismos delitos: trata de seres humanos. Se les decretó, de nuevo, prisión eludible bajo fianza de 30.000 euros que también pagaron. Fiscalía lo recurrió pero el asunto no se resolvió a tiempo.

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La pregunta a estos hechos es ineludible: ¿por qué están en libertad? La respuesta la da el propio Código Penal. Según ha podido saber este periódico, tras consultar a un especialista en Derecho Penal, cuando se acuerda prisión provisional para un acusado entran en juego varios factores y por paradójico que parezca «la gravedad del delito» solo es uno de ellos. El que prima por encima de todos y es «determinante» es «el factor de arraigo», es decir, el riesgo de fuga. Quedan exentos de esta máxima los delitos que atentan contra la vida.

En el caso de los hermanos Sandulache, la jueza de instrucción entendió entre otras cuestiones, que no había riesgo de que los dos procesados abandonasen el país. Valoró el arraigo que mantenían en Asturias y decretó la fianza. Acertó en su previsión, de hecho ayer se presentaron al juicio, pero no siempre es así. Sin embargo, «la prisión provisional es algo excepcional y no hay forma de reparación en los casos de que un acusado entre en prisión preventiva antes del juicio y luego salga inocente del juicio», explicó el especialista en Derecho Penal que prefirió mantenerse en el anonimato. «La prisión preventiva no es un castigo, el castigo viene después, tras el juicio», sentenció.

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