Esta calle lleva mi nombre

De izquierda a derecha: Anabel Santiago, Carmen Ruiz-Tilve, Juan López Arranz, Luis Fernández-Vega y Purita de la Riva. /ÁLEX PIÑA / MARIO ROJAS.
De izquierda a derecha: Anabel Santiago, Carmen Ruiz-Tilve, Juan López Arranz, Luis Fernández-Vega y Purita de la Riva. / ÁLEX PIÑA / MARIO ROJAS.

Cinco personalidades vinculadas a Oviedo expresan el «orgullo» de contar en vida con una vía en la ciudad. Anabel Santiago, Purita de la Riva, Carmen Ruiz Tilve, Juan López Arranzy los doctores Fernández-Vega forman parte del callejero carbayón

Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

En marzo de 2000 el municipio madrileño de Leganés rompió moldes a la hora de poner nombres a las calles de una ciudad. Por primera vez en España, un grupo de rock daba nombre a una vía pública: la calle AC/DC.

Hay que reconcer su iniciativa y lo mediática que resultó: hubo hasta robo de la placa. Pero los de Leganés no fueron los únicos que despuntaron en esto de bautizar las calles de la ciudad. Oviedo les ganó por goleada o mejor dicho por tonada. Con tan solo 17 años la cantante Anabel Santiago recibió el «honor» de contar con una vía en el callejero carbayón. «No me lo podía creer», rememora la artista. Fue el 30 de octubre de 1998, cuando el Ayuntamiento aprobó dar el nombre de esta cantante de tonada a una de las calles de la parte baja de La Corredoria. «Se decidió, en el Pleno municipal, el poner nombres de figuras distinguidas de la música asturiana. En esa época yo era la única niña prodigio que destacaba en tonada», explica. Por ello, su calle comparte zona con otros grandes de la asturianada: la calle Jorge Tuya o la plaza dedicada a José González, ‘El Presi’.

Este reconocimiento, supuso para Anabel Santiago «un honor y una responsabilidad», con un toque de rebeldía y orgullo «por ser mujer y porque puedo disfrutar de la calle en vida». No es baladí la cuestión. Más del 95 por ciento de las calles ovetenses están dedicadas a personajes destacados pero ya fallecidos y la mayoría de ellos son varones. Por este motivo, Anabel Santiago tira el guante para proponer que se busquen nuevos nombres para las calles de género fememenino. Rompe una lanza a favor de la escritora asturiana Pilar Sánchez Vicente, porque «hay tantas mujeres artistas que están en el anonimato que hay que apostar por ellas», argumenta.

Nombre de mujer tiene otra calle de la ciudad e incluso un centro escolar lleva el peso de la historia de Carmen Ruiz Tilve. La cronista oficial de Oviedo, dio en 2014 el nombre a una de las nuevas calles del barrio de La Florida. Además, el colegio público Corredoria III rebautizó el centro por el de la escritora y doctora en Filología. «Me siento muy orgullosa porque Oviedo es muy importante para mí», explica Tilve cuando se le pregunta qué supuso para ella recibir este reconocimiento por parte del Ayuntamiento. Eso sí, le pone una pequeña pega. «Mi calle no es una calle en sí, porque no está habitada, no vive nadie en ella y tardará en conseguirlo porque Oviedo ha parado de crecer», se lamenta.

Recuerda el día que le comunicaron que le iban a otorgar una calle en la ciudad. «Estaba yo en un Pleno cuando el alcalde de entonces, Agustín Iglesias Caunedo, se me acercó y me dijo: te voy a decir una cosa. Yo le dije, ¿qué? Y me contestó que me iba a dar una calle».

La «cosa» se hizo realidad el 22 de diciembre de 2014. Desde entonces, Carmen Ruiz Tilve asegura que ha visitado la calle con frecuencia, «aunque últimamente no he podido ir porque estuve mala, pero tengo que volver». Reconoce que no es fácil que otorguen a una persona en vida el nombre de una vía pública. «Es un problema eterno decidir el nombre de una calle, si se le da una persona viva o a un fallecido porque, además, enseguida se politiza todo». Pone como ejemplo la ley de Memoria Histórica.La junta de gobierno aprobó en 2016 el cambio de 21 calles de la ciudad para dar cumplimiento a esta norma. «Yo propongo como idea que si hay que dar nombre a más calles se tenga en cuenta al gremio de comerciantes de la ciudad». Para dar ejemplo, Ruiz Tilve propone a Fina Clemente, la comerciante de la calle Mon que lleva más de 70 años a pie de mostrador de la tienda de ultramarinos más antigua de la ciudad. «Le daría el nombre de una calle ahora mismo, si por mí fuese».

Otra carbayona de pro se ganó por su dedicación y difusión de la enseñanza musical un hueco en el callejero. Purita de la Riva cuenta desde el año 2003 con una placa que da nombre a una de las vías del barrio de Villafría. «Es un orgullo sano, que te llena de alegría y agradecimiento», asegura la pianista. Eso sí, confiesa que desde la inauguración de la calle nunca más ha vuelto a darse un paseo por allí. «Prometí que iría, pero no lo he cumplido», ríe Purita de la Riva. «Solo paso por ahí cuando voy a ver a mis amigos al cementerio», ironiza.

Los Ayuntamientos son los encargados de cambiar, modificar o designar la nueva nomenclatura de una calle, siempre que se haga por circunstancias justificadas.

Los méritos

Purita de la Riva tiene muy claro cuáles son los requisitos que una persona debe de cumplir para que se la ‘premie’ con una calle. «Lo primero tiene que ser buena persona, haber hecho méritos en su vida y profesión, ser lo más ejemplar posible e inculcar méritos», enumera.

Una lista de méritos que coincide, casi en pleno, con la de Luis Fernández-Vega. Él y su familia, han hecho de la oftalmología mucho más que una profesión. Por ello, recibieron hace veinte años el reconocimiento por parte de la ciudad a modo de placa: avenida Doctores Fernández-Vega. «Para que alguien reciba el nombre de una calle tiene que ser ovetense por los cuatro costados, que prestigie a la ciudad y a la calle, no al revés, y que sea representativo de lo que hace».

En el caso de los Fernández-Vega, la avenida que lleva su nombre engloba a una saga familiar de doctores en oftalmología. La ubicación de la calle se decidió con premeditación y alevosía, en el sentido bueno de estas dos palabras. Coincidió con la inauguración del Instituto Oftalmólogico Fernández-Vega, en 1997. «Se creó una calle directa con el Instituto y fue un orgullo para la familia. Por aquel entonces aún vivían mi padre y mi tío». Luis Fernández-Vega se refiere a los doctores Luis y Álvaro Fernández-Vega.

Contar con una avenida en la ciudad no es motivo para presumir, reconoce el doctor, sino más bien una responsabilidad. «Hay que mantenerse siempre fiel al motivo por el que te concedieron la calle», apunta. Tanto, que justificaría que un Ayuntamiento retire el nombre de una calle si la persona que recibió ese reconocimiento «fuese condenado por algo muy grave y punible».

Contar con una avenida también es fuente de numerosas anécdotas. «Cuando cojo un taxi, el conductor que me reconoce me dice ¿le llevo a su calle?», ríe el doctor, que se erige como portavoz de una familia que lleva ya cinco generaciones al servicio de la oftalmología.

Los doctores son ‘carne de cañón’ para prestar sus nombres a las vías de un municipio. El fundador de la Escuela de Estomatología de la Universidad de Oviedo, exdirector del Hospital Central y exrector universitario no puede estar más orgulloso del lugar elegido para que su nombre haya bautizado una calle. Junto al nuevo Hospital Universitario Central de Asturias, la calle Juan López Arranz es el colofón a un sueño. Unir la docencia universitaria con la sanidad. «Me dejé el pellejo en ese empeño, por lo que el sitio que eligieron para darme la calle es extraordinario», asegura. Un premio al «móvil de mi vida» dice, que no fue otro que contruir un hospital para «formación universitaria».

Premios para unos, reconocimientos para otros y un gran orgullo para todos. Es el resumen de las sensaciones de contar con el privilegio de que tu nombre forme parte del callejero.

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