Una «cantera» para la música coral

El Coro Infantil de la Fundación Princesa de Asturias surte de voces a esta institución | La formación, dirigida por Natalia Ruisánchez, la forman 91 niños de entre 5 y 14 años que luego pasan a formar parte del Coro Joven y el Adulto

Un grupo de niños durante uno de los ensayos del coro./ÁLEX PIÑA
Un grupo de niños durante uno de los ensayos del coro. / ÁLEX PIÑA
Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

. El sonido de la melodía de la ‘Para Elisa’, de Beethoven, da una pista sobre que en los bajos del Teatro Filarmónica algo se cuece. Es martes por la tarde, hace frío y adentrarse en este local de ensayo se agradece, sobre todo, cuando un coro de voces infantiles calientan el ambiente y las gargantas. Es día de ensayo para el Coro Infantil de la Fundación Princesa de Asturias.

Esta formación, que el pasado año cumplió su veinticinco aniversario, se encuentra estos días a pleno rendimiento. Los conciertos de Navidad pendientes en su agenda aceleran el ritmo de los ensayos. «El 21 de diciembre actuamos en el Auditorio de Pola de Siero con el musical ‘Nora, Mauro y los sueños’, del compositor asturiano Nacho Fonseca. Dos días después, el 23, lo haremos en la plaza del Ayuntamiento y en la de la Catedral», cuenta Natalia Ruisánchez, directora y alma del Coro Infantil de la FundaciónPrincesa de Asturias.

Natalia Ruisánchez dirige uno de los ensayos del Coro Infantil de la Fundación Princesa de Asturias en los bajos del Teatro Filarmónica.
Natalia Ruisánchez dirige uno de los ensayos del Coro Infantil de la Fundación Princesa de Asturias en los bajos del Teatro Filarmónica. / ÁLEX PIÑA

El tiempo corre y la música no espera. Los 91 niños que componen esta formación coral lo saben y se esmeran. Desde la novata a la veterana. Susana Valvideres acaba, como quien dice, de aterrizar en este coro. «Llevo dos meses», puntualiza, pero sus gestos derrochan experiencia por los cuatro costados porque «vivo por la música», confiesa esta estudiante de Piano en el Conservatorio Superior de Música Eduardo Martínez Torner.

Por ella, como dice la canción, también vive la veterana del coro. Se llama Luna Valdés, tiene catorce años y nueve de ellos los ha dedicado a esta agrupación coral. «Mi hermana mayor ya cantaba en el Coro Infantil de la Fundación Princesa de Asturias y a mí siempre me gustó cantar, lo hacía desde muy pequeña cuando mis padres me cantaban para irme a dormir», explica esta pizpireta adolescente.

Entrar a formar parte del Coro de la Fundación Princesa de Asturias tiene su punto. «Todos los años convocamos pruebas de acceso y por la reputación de que goza la institución que representamos vienen muy receptivos», argumenta su directora.

Detalle de una de las partituras de ‘Nora, Mauro y los sueños’.
Detalle de una de las partituras de ‘Nora, Mauro y los sueños’. / Á.P.

Luna Valdés aún recuerda que canción cantó el día que realizó la prueba para formar parte de este coro. «Fue con ‘Susanita tiene un ratón’», apunta. Este será su último año en el Coro Infantil, el que viene pasará a formar parte del Coro Joven. «La Fundación Princesa de Asturias cuenta con tres formaciones corales: el de adultos, el joven y el infantil», especifica Natalia Ruisánchez.

Esfurezo y recompensa

Si todos los coros que conforman la Fundación Princesa de Asturias son importantes, el infantil quizá sea el más mimado, no solo porque lo componen niños de entre cinco y catorce años, sino porque es la «cantera» que provee de voces al primer coro, el de adultos, matiza su directora. «El primer coro que creó la Fundación Princesa de Asturias fue el de adultos para fomentar el canto coral. Luego llegó el de jóvenes y por último el infantil», explica Ruisánchez.

La directora calienta las voces de los ‘mayores’ de esta formación coral.
La directora calienta las voces de los ‘mayores’ de esta formación coral. / ÁLEX PIÑA

El coro infantil lo componen niños de dos franjas de edades. Los más pequeños con edades de entre cinco y ocho años. Los más mayores, de entre nueve y catorce. «A partir de Tercero de ESO ya pasan al coro joven», relata Natalia Ruisánchez.

Ninguno de los tres coros es profesional, pero sí mantienen una férrea pauta de trabajo. Los pequeños ensayan un día a la semana y los mayores dos días a la semana. Además, cuentan con clases de lenguaje musical, a modo de apoyo «para los que tienen más dificultades». También reciben pautas de técnica vocal que trabajan en grupo. «Una de las cosas más bonitas de este coro es que es ‘amateur’, que surge por amor a la música porque esto requiere mucho sacrificio», apunta la directora de la formación.

Los pequeños son conscientes de ello, pero la recompensa merece la pena. «Es un sitio que me da mucha alegría porque estoy con mis amigos, cantamos y lo que más me gusta son los conciertos porque regalamos música a la gente». Lo dice un pequeñajo de diez años que responde al nombre de Pablo Muñiz. A pesar de su corta edad, es consciente de la responsabilidad de pertenecer a una formación coral como esta. «Estoy porque me gusta si no no estaría aquí», afirma rotundo.

Un momento del ensayo de los ‘pequeños’ del grupo.
Un momento del ensayo de los ‘pequeños’ del grupo. / ÁLEX PIÑA

Lo mismo le ocurre a Marina Mochales. Tiene la misma edad que Pablo y también comparte sensaciones. «Me gusta mucho cantar», asegura mientras duda en confesar un pequeño secreto. «Aunque hay veces...». Titubea hasta que suelta que «tengo mucha vergüenza cuando salgo al escenario, porque todo el mundo te mira». Sin embargo, esos miedos desaparecen «cuando empiezo a cantar porque estamos todos juntos, en grupo». Esa es la esencia de esta formación coral: la solidaridad y el apoyo entre compañeros.

Esta lección de vida la conoce bien su directora. «En este coro la música es un vehículo para enseñar valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo o la solidaridad», enumera Natalia Ruisánchez. «Los niños lo pasan muy bien y los que defendemos la importancia de los coros creemos que es muy buena actividad por su carácter social. Aprenden a compartir, a ser más generosos y tolerantes», enfatiza.

Natalia Ruisánchez, concentrada, dirigiendo al coro.
Natalia Ruisánchez, concentrada, dirigiendo al coro. / Á. P.

Sin olvidar el sacrificio que supone no solo a los niños sino también a sus padres. «Tienen que compaginar los días de ensayo con su etapa escolar». Esto en algunos casos se convierte en un auténtico encaje de bolillos, porque muchos de estos pequeños cantantes tienen que cuadrar los deberes escolares, los ensayos del coro y otras actividades. «Yo hago baloncesto, judo y gimnasia rítmica», enumera Marina Mochales. No es la única que tiene una agenda tan ocupada. Pablo Muñiz también practica gimnasia deportiva y Susana Valvideres compagina sus clases de Secundaria y los ensayos del coro con sus estudios de Piano en el Conservatorio. Súmenle a todo esto que los chavales se encuentran actualmente en pleno período de exámenes. Pero que no cunda el pánico porque lejos de ser una carga, estos pequeños cantantes tienen muy claro que por encima de todo está el disfrutar con lo que hacen y en las entrañas del local de ensayo del Filarmónica donde preparan sus próximas actuaciones se respira, se percibe y sobre todo se escucha que la música amansa cualquier atisbo de estrés.

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