El Centro Asturiano se rinde a la Santina

La procesión, con La Santina llevada a hombros por mujeres y la comitiva detrás.
La procesión, con La Santina llevada a hombros por mujeres y la comitiva detrás. / FOTOS ÁLEX PIÑA

Miles de socios disfrutan del día grande de las fiestas de Nuestra Señora de Covadonga | La misa en honor a la patrona, celebrada en la rehabilitada bolera, recuerda a José Franco Baizán, capellán del club durante cuarenta años

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

El día grande de las fiestas de Nuestra Señora de Covadonga del Centro Asturiano no defraudó. La jornada acompañó y los socios disfrutaron desde primerísima hora. Es el caso de Rafa Cobián, que a las ocho y media de la mañana apareció por las instalaciones del club de campo para «coger sitio» y poder disfrutar horas después de la comida campestre. Seis horas más tarde, él, su familia y un cuantioso grupo de amigos disfrutaban de mesa y mantel sobre el que reposaban la empanada de mamá, la tortilla de la suegra, las pechugas de pollo y una buena provisión de sidra. «Pasamos aquí todo el día», apuntó Elvira Fernández. Ella forma parte de la «pandilla» que lleva cuarenta años como socios del club de campo. «Somos amigos de toda la vida y más famosos que La Santina», apostilló Keko Feltrero mientras escanciaba un generoso culín.

No fueron los únicos que se decantaron por la comida campera aprovechando las zonas verdes y las mesas de las instalaciones en pleno corazón del monte Naranco. La familia Uriol-Ejido pertenece a una saga de arraigada tradición en el Centro Asturiano. El patriarca, Gregorio Uriol, lleva más de sesenta años como socio y sus hijas, Esther y Sara, cerca de cuarenta. «Desde hace diez años siempre comemos en el prao», aseguraron.

Ellos y cientos de socios más, porque este año el buen tiempo animó a sacar la comida a la calle a pesar de que en la carpa instalada junto a las pistas de atletismo se cocía una fabada a fuego lento. La mano de la maestra cocinera Consuelo Corral la mimaba desde las diez de la mañana. A las dos de la tarde ya estaba lista y en su punto. Mucha paciencia para cocer veinte kilos de fabes, diez de chorizo y morcilla y cinco kilos de lacón y panceta. «Es como la de casa pero a lo grande», apuntó la encargada de cocinar las doscientas raciones de fabada que se repartieron entre los socios del Centro Asturiano, previo abono de diez euros. Precisamente, por no haber abonado esa cantidad, Mari Nieves Rodríguez se quedó sin ración. «Se me olvidó comprar el vale, por eso estoy comiendo tortilla», confesó esta vecina, que aprovechó la ocasión para pedir a la directiva del Centro Asturiano que «el próximo año pongan las raciones más generosas». El motivo que argumenta esta petición lo ofreció Vicen Barrientos: «La fabada está riquísima». Una calificación que compartió el matrimonio formado por Tere Colunga y Toño Marqués: «Están muy suaves y muy buenas».

Procesión y misa

Mucho antes de la fabada y las tortillas, el Centro Asturiano celebró la tradicional procesión y misa en honor a Nuestra Señora de Covadonga. A las doce y media del mediodía la comitiva presidida por las bandas de gaitas del Centro Asturiano, de Posada de Llanes y de la Asociación Cultural La Madreña, junto a la directiva del centro, con Alfredo Canteli a la cabeza, se encaminaron hacia la bolera del club de campo. Una instalación recién rehabilitada que sirvió de escenario a la homilía celebrada por el Padre Valdés. El propio presidente del Centro Asturiano reconoció estar un poco «preocupado» por ver cómo salía. Era la primera vez que la misa se celebraba en este recinto.

La eucaristía tuvo un sentido recuerdo hacia el que fuera capellán del Centro Asturiano durante más de cuarenta años, José Franco Baizán, fallecido el pasado junio. El Padre Valdés destacó la «dedicación constante» que tuvo hacia el centro así como su «amabilidad» y «entrega» hacia los socios del club. Las voces del tenor Eduardo López y del coro del Centro Asturiano y la gaita de Jesús Fernández pusieron la nota musical a la homilía en honor a La Santina. Hoy, el centro despide sus fiestas con el reparto del bollo a partir de las once de la mañana. El colofón lo pondrán los fuegos artificiales a las diez de la noche.

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