«César García-Arango era un referente en Oviedo y de trato exquisito»

La viuda de César García-Arango, Ana María Vázquez-Prada, a la derecha, junto a su nieta Martina García y sus hijos, Ana, Javier, Reyes y César, en el Corazón de María. /  ALEX PIÑA
La viuda de César García-Arango, Ana María Vázquez-Prada, a la derecha, junto a su nieta Martina García y sus hijos, Ana, Javier, Reyes y César, en el Corazón de María. / ALEX PIÑA

Familiares, amigos y juristas despiden en una abarrotada parroquia del Corazón de María al conocido registrador de la propiedad

D. LUMBRERAS OVIEDO.

El Corazón de María se quedó pequeña ayer para despedir al conocido registrador de la propiedad César García-Arango y Díaz-Saavedra, fallecido el pasado sábado. «Era un gran profesional, gran padre de familia y gran esposo. Hoy día, necesitamos mucha gente así», porque «las palabras se las lleva el viento, las obras convencen y atraen», destacó el párroco José Blanco.

Casi al término de la ceremonia, se produjo un emotivo momento cuando una de las nietas de García-Arango, Martina García, leyó una emotiva carta de despedida: «Querido abuelo, has sido el mejor, siempre sonriendo y ayudando a los demás, todo corazón. Eres un ejemplo. Te llevaremos siempre con nosotros. Descansa». Su hermano Pedro se encargó de las lecturas durante la misa.

Ignacio García-Arango, ingeniero y presidente del Foro Jovellanos, era su primo, pero le sentía «como un hermano, un íntimo amigo». «Cuando tenía a seis años iba a su casa a Cangas del Narcea. Una vez que caí al río de miedo al ver un perro y él me sacó», relató sobre César García-Arango, que siguió los padres de su padre como registrador de la propiedad.

También lo rememoró con cariño un antiguo vecino suyo, el letrado y presidente de la tertulia L'Alderique, José María Pérez: «Era una persona de las que son referentes en Oviedo. Muy querida, y muy competente en su profesión, de un trato exquisito. Cordial hasta decir basta, él y su señora. Tengo un recuerdo imborrable», aseguró.

A lo largo de su dilatada vida profesional, García-Arango pasó por los registros de Belmonte, Cangas del Narcea, Infiesto, Gijón y Pravia, además de los números uno y cinco de Oviedo. Fue condecorado con la Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

El presidente de la Real Academia de Jurisprudencia, el catedrático de Derecho Administrativo y colaborador de este diario, Leopoldo Tolivar, aseguró que García-Arango era un «miembro destacado» de la institución, «uno de los fundadores, que por desgracia ya van quedando pocos con el fallecimiento el último año de Álvarez-Valdés, Botas y Ruiz de la Peña. Es una gran pena. Era muy colaborador, amable y un jurista de gran altura. Sus consejos e intervenciones eran siempre muy atinadas». De su trato, destacó que era «muy cordial». El abogado y profesor universitario Javier Junceda, por su parte, también lamentó la «pérdida insustituible para la Academia» y la desaparición de «un jurista de los que quedan pocos, era muy reconocido».

«Lo conozco desde siempre. Era un amigo y muy destacado en su profesión», aseguró el decano del Colegio Notarial de Asturias, Esteban Fernández-Alú. Describió a García-Arango como «un insigne especialista en Derecho hipotecario, un referente del mundo jurídico asturiano y una persona de trato agradable». El registrador escribió varios artículos en revistas especializadas sobre esta materia y fue ponente en congresos sobre Derecho registral.

García-Arango estaba casado con Ana María Vázquez Prada -hija del que fuera director de 'Región', Ricardo Vázquez-Prada-, y tenían cuatro hijos: Ana, Reyes, César y Javier. Ayer recibieron numerosas condolencias y muestras de cariño.

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