El 'Chernobil' que sigue en Pumarín

El solar del bazar incendiado sigue sin limpiarse desde hace más de un año. En primer término, la fachada ennegrecida del número 36. / PIÑA
El solar del bazar incendiado sigue sin limpiarse desde hace más de un año. En primer término, la fachada ennegrecida del número 36. / PIÑA

La comunidad de propietarios del número 36 demandará judicialmente a las aseguradoras

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Una llamada al teléfono de Francisco López es la única manera de acceder al interior del número 36 de la avenida de Pumarín. Esa o esperar a que un vecino entre o salga. El portero automático lleva más de un año sin funcionar . Está así desde el incendio que asoló el bazar contiguo la mañana del 9 de febrero de 2017. El fuego calcinó la instalación eléctrica del inmueble, pero eso es solo la punta del iceberg del 'Chernóbil' en que se ha convertido el patio trasero del bloque de viviendas: ruinas contaminadas de amianto que continúan degradándose 375 días después.

Para contemplar la zona cero del incendio desde cerca hay que ayudarse de una escalera de mano. El panorama que enseña Francisco López, presidente de la comunidad de vecinos, es desolador: amasijos de hierro oxidados, placas de uralita con riesgo de desplome, escombros, suciedad y abandono. «Un año después todo sigue igual y ya estamos cansados de preguntar cuándo se va a solucionar», lamenta.

Los vecinos del inmueble intentan ahora tomar las riendas de la situación. Solucionar el enquistamiento para que avancen los trabajos de desescombro depende de que las tres aseguradoras -la del propio edificio, la de los inquilinos del bazar y la del local- lleguen a un acuerdo sobre en quién recae la responsabilidad. Todo apunta a que serán los tribunales los que acaben resolviendo la situación.

El primer paso ya lo han dado los vecinos. El pasado 8 de febrero, justo un día antes de que se cumpliese un año del incendio, interpusieron una reclamación judicial. La fecha no es baladí ya que la responsabilidad civil prescribe al año. «Trataremos de llegar a un acuerdo por las buenas entre las tres aseguradoras para reparar todo esto», confía Francisco López. De no ser así, el siguiente paso será la interposición de una demanda judicial contra las tres aseguradoras y otra contra los inquilinos del bazar incendiado. Según explica el presidente de la comunidad, la aseguradora que cubre el local afectado por el fuego «se ha negado siempre y rotundamente a aportar la parte que le corresponde y se remite a un proceso judicial». Una decisión que Francisco López está convencido que «le va a salir rana porque se ha demostrado que el incendio se produjo en el local». De los trabajos desarrollados por la brigada Científica de la Policía se confirmó que el foco del incendio se produjo en el interior del bazar. «Existen dos vídeos de las cámaras del propio bazar en los que se ven dos focos», explica López. En juego están 600.000 euros, los que costaría retirar los escombros y el resto de reparaciones aún pendientes.

Zona contaminada

Un año después del incendio los vecinos del número 36 de la avenida de Pumarín siguen conviviendo con los restos de amianto procedentes de las techumbres de uralita que recubrían el almacén del bazar incendiado. «El día que hay viento se remueve todo y acabamos respirando las partículas», denuncia Francisco López desde su vivienda. «Nadie se ha puesto en contacto con nosotros para saber las consecuencias de convivir con el amianto. No han hecho pruebas de nada».

Algunos vecinos ya han acusado problemas de salud. «En el edificio hay una niña que acudió al oftalmólogo por una infección ocular y el médico le aseguró que era derivada del amianto», ilustra Francisco López. La peligrosidad de este material también la refleja el propio Ayuntamiento. A raíz del incendio y de la acumulación de los escombros y suciedad, los vecinos denunciaron la existencia de una plaga de ratas en el solar, pero el servicio de desratización se negó a entar en la zona. El informe elaborado por la empresa encargada del control de plagas, con fecha de 31 de agosto de 2017 dice «no podemos acceder a la parcela por estar contaminada por uralita (que contiene amianto), que es peligroso para la salud». La pregunta es inevitable: «¿Y nosotros tenemos que seguir respirándolo?», cuestiona López.

A los restos de amianto y la presencia de ratas hay que sumar los inconvenientes del día a día de esta comunidad de vecinos compuesta por veinte viviendas. Los interfonos para abrir el portal llevan un año sin funcionar. Al servicio de Correos y a los técnicos de gas y luz les han tenido que proporcionar las llaves del portal para facilitar su trabajo. Del por qué no funcionan los micros, Francisco López explica que la instalación eléctrica quedó totalmente calcinada tras el incendio y además se encuentra en la zona contaminada por lo que su reparación dependerá de la retirada del amianto. Hay un problema más. «Desde el día del incendio llevamos pagados más de 80.000 euros», especifica Francisco López. Una cantidad que ha servido para hacer frente a los pagos del primer desescombro que facilitó la entrada de la Policía Científica al bazar para desarrollar sus trabajos de investigación. También se pagaron las reparaciones básicas derivadas del incendio como los sistemas de saneamiento, bajantes, restablecimiento de los servicios de agua y luz así como la limpieza del interior del edificio.

Francisco López y Carmen Aller viven desde hace cuarenta y dos años en el tercer piso del número 36 de la avenida de Pumarín. Nunca se habían enfrentado a una situación como esta y ya tienen en mente vender o alquilar el piso «en cuanto se soluciones todo esto porque así, ¿quién nos lo va a comprar?», se pregunta Carmen Aller.

Todos los días, bayeta en mano, repasa cada rincón de su vivienda. «La paso por el rodapié y sale negra. Los cristales de las ventanas se llenan de una película que parece nieblina», describe. A esto tienen que sumar los problemas de humedad en dos de sus habitaciones. «El calor de las llamas del incendio destrozó la película aislante y ahora están llenas de moho», relata Francisco López. El olfato corrobora esta afirmación en cuanto uno se adentra en las habitaciones. «No podemos pintar porque hasta que no retiren los escombros, ¿para qué?», se pregunta este matrimonio, desde su piso con vistas a 'Chernóbil'.

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