Una ciudad que lleva casi 1.200 años buscando agua

G. D. -R. OVIEDO.

En Oviedo llueve una media de 122 días al año. Es igual, la ciudad tiene sed. En 1888, cuando Fermín Canella escribió su 'Libro de Oviedo', la urbe era tan solo «muy noble, leal y buena» y se colocaban en sus torres los primeros pararrayos, seguían en pie los 41 arcos del acueducto de Pilares que dio de beber a la ciudad durante tres siglos.

Pero la historia es más antigua. El Oviedo redondo y medieval se apañó mal que bien con los manantiales locales. Mediado el siglo XV, ya estaba claro que eran insuficientes y la ciudad comenzó a mirar hacia el Naranco. Para captar las de Fitoria y Boo se construyó el acueducto en 1599. Ni cien años después, hubo que traer nuevos caudales, captados ahora de la de Granda.

Con el suministro aparentemente garantizado, el municipio se llenó de fuentes públicas: la de la Puerta Nueva, la de la Catedral o la de La Noceda, por citar algunas desaparecidas ya. En 1804, había en la ciudad 27 caños entre fuentes, establecimientos y concesiones a particulares. La ciudad captaba entonces «184 reales fontaneros», una original medida que equivalía al agua que salía por un orificio circular del diámetro de un real de vellón.

No bastaba. En 1854, cientos de ovetenses fallecieron de «cólera morbo», en una epidemia que se cebó con los barrios y arrabales más humildes. Era el tercer brote y no el último del siglo. La Corporación reaccionó, recuerda Canella, encargando «al sabio ingeniero» Pedro Pérez de la Sala las obras necesarias para el abastecimiento de agua a Oviedo. Una nueva conducción, que hizo inútil el acueducto, permitió tomar las de las fuentes Ules y Lillo. Con todo, apenas sumaban «22 litros por segundo» (en litros, gracias a la Revolución Francés), y bastante menos en estiaje.

Al ingeniero le cuadraban las cuentas. La ciudad, calculó, necesitaba 750.000 litros de agua al día: 20, para limpieza y bebida, para cada uno de los 20.000 habitantes; 300 litros para cada uno de los 1.000 baños diarios; 50 para las 400 caballerías; la misma cantidad para los 100 carruajes; 20, tan solo, para los 200 caballos vapor; y litro y medio para cada metro cuadrado de riego.

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