El recreo, mejor con buenas pulgas

El perro Orco, Julia, María, Cristina y Hugo, en un momento del recreo./Alex Piña
El perro Orco, Julia, María, Cristina y Hugo, en un momento del recreo. / Alex Piña

El Colegio de Educación Especial de Latores programa actividades con perros para los alumnos

JUAN CARLOS ABAD

¿A quién venís a ver, a Orco? Esa fue la pregunta con la que recibieron a fotógrafo y redactor en el Colegio Público de Educación Especial en Latores, en Oviedo. Orco es un perro. La estrella del recreo, el labrador retriever que ilustra estas páginas durante las evoluciones de una de sus sesiones con los niños que precisan de sus cariños y lametazos para aprender jugando.

El de Latores es un centro que escolariza a alumnos con necesidades educativas especiales de carácter permanente. La enseñanza que se imparte en el centro pone énfasis en la formación integral de cada uno de los alumnos, de manera que logren alcanzar el mayor nivel posible de desarrollo personal y de integración social. Por eso, cuando el curso pasado el AMPA del centro se puso en contacto con la empresa Diversican, especializada en actividades asistidas con perros, en el colegio no pusieron ninguna pega.

El programa se realiza con grupos reducidos, en los recreos, durante tres días a la semana. Las responsables de la actividad son Cristina López-Escobar, psicóloga, y María Cangas, terapeuta ocupacional. Y Orco, claro, un perro de terapia de cuatro años de edad cuya formación está basada en una educación en «positivo» que garantiza que su compoertamiento sea proactivo y equilibrado y en el que se potencia la intención comunicativa hacia el ser humano.

Diversican

Objetivos.
Porporcionar apoyos a los niños para su bienestar, disfrute y desarrollo personal através del contacto con Orco.
Orco.
Es un perro labrador retriever de cuatro años. Desde los dos meses fue educado para el trato proactivo y equilibrado.
Las sesiones.
Como se realizan en el recreo, no hay carga lectiva, sólo juegos y diversión a la vez que se potencian habilidades.

Una vez en el aula, los niños, lo primero que hacen es saludar a Orco. Luego, «tratamos de que cada uno haga lo que le gusta con el perro, es su tiempo libre, pero sin olvidar el trabajo de objetivos terapéuticos», explica López-Escobar. «A unos les gusta darle de beber, a otros pasearlo. Todos tienen su vínculo especial con el perro. Cada persona tenenos nuestras fortalezas y habilidades y con Orco se trata de potenciarlas», añade

En el aula donde se desarrolla la actividad, al comienzo de la sesión y con la presencia de extraños, Orco busca el cariño de Ahinoa, David, Hugo, Julia y Leo. Como exlica la monitora, cada uno de ellos alberga su espacio y su turno antes de entrar en dinámica. Y el perro, paciente, les tiene que servir para «proporcionarles oportunidades y apoyos para el bienestar, disfrute y desarrollo», explicaCangas sobre una actividad en la que todo se hace a través de juegos. «Hay unos que interaccionan muy bien con el perro y luego eso tratamos de que lo trasladen o generalicen a su trato con sus compañeros en el aula», añadeLópez-Escobar. En su momento los padres vieron la necesidad de que «los niños aprovecharan el tiempo de descanso» y ahí entró en juego la paciencia y personalidad de Orco.

Desde que comenzaron el curso anterior, tanto los padres como las monitoras han visto «evolución» en los niños. Grandes victorias como «comportamientos útiles en sus clases o en su vida diaria para respetar el turno o pedir las cosas por favor o compartir».

Orco no es un perro mágico, sino producto de una educación rigurosa. Desde que tenía dos meses entró en centros para personas mayores y colegios para acostumbrarse al contacto humano. Sin embargo, cuentan, «fuera de aquí es un perro de familia, con sus trastadas y sus travesuras como cualquier otro».

Además tanto López-Escobar como Cangas son educadoras caninas lo que les permite aunar en una figura profesional los requisitos necesarios para trabajar con personas que tienen necesidades de apoyo, al mismo tiempo que, explican, «garantizamos el bienestar de los perros de terapia». A medida que avanza la sesión y los reporteros molestan menos que al comienzo, los niños se sueltan y disfrutan. Ese es el fn de la actividad. Del mismo modo, para tenerlo todo bajo control, personal del colegio les da apoyo durante la actividad.

Pese a los progresos y a que este año han aumentado el número de clases ante la demanda creciente, desaconsejan en un primer momento a las familias hacerse con un perro. «Algunas se animan y puede dar resultado, pero también puede ser muy frustrante. En el aula trabajamos en un espacio controlado y con un perro entrenado para ello», razona la psicóloga.

Durante la hora de recreo no hubo un ladrido ni un castigo. Solo mimos y lametazos y alguna que otra galletapara llamar la atención del can cuando tocaba foto o dar un paseo por el cole. Explican que siempre es así, solo trabajan con refuerzos positivos porque todo se basa en que los niños disfruten del tiempo con Orco mientras trabajan procesos de atención, cognitivos, comunicación o comprensión y expresión de emociones.

Todas las actividades extraescolares las plantean para que los niños lo pasen bien aprendiendo. / Alex Piña

A este respecto, desde el AMPA, Beatriz Méndez añade que «buscábamos actividades extraescolares en el colegio para ocupar las horas libres del comedor como en cualuquier otro colegio. Y creimos que esto se adaptaba muy bien a las características de los críos: aparte de ser divertido, se trabajan aspectos de comunicacion y socialización. Es como una terapia, pero dentro del centro a un precio asequible». Porque, por ejemplo, para las familias y la necesidad de conciliar, «no te roba tiempo familiar para tener que ir a otra terapia a otras horas», abunda Méndez.

Sobre el perro y las responsables, exclama que «Orco es una pasada y María y Cristina son muy buenas y tienen mucha experiencia». Además, añade que todas las actividades extraescolares las plantean para que los niños lo pasen bien aunque tengan cariz «terapéutico».

«Tras la experiencia del año pasado, este tuvimos más solicitudes y hubo que ampliar los días de la actividad», relata Méndez, al tiempo que dice que uno de los temores fue la respuesta de la comunidad educativa del centro a una actividad así. Algo que enseguida descartaron por la buena aceptación de los profesores. «Creo que muchos querrían que Orco pudiera entrar en en el aula porque se le podría sacar provecho en las clases como refuerzo», explica. «Pero eso es tema educativo y no entro.Aunque está claro que es un refuerzo que motiva. Es una gozada verlo trabajar con los niños».

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