«Cuba era El Dorado para los emigrantes y la mayoría se fue con una mano delante y otra detrás»

Aréchaga, ayer, antes de su ponencia. / P. L.

Emilio Aréchaga, físico: «En la ciudad hay empresas muy buenas como Química del Nalón, pero faltan emprendedores que sean fuertes»

D. LUMBRERASOVIEDO.

Emilio Aréchaga (Oviedo, 1947), físico ya retirado que trabajó en empresas como Ensidesa y Fertiberia, departió ayer en el Centro Asturiano sobre los grandes tabaqueros que fundaron en Cuba el Centro Asturiano de La Habana.

-Ofreció este jueves una charla sobre tabaqueros en tiempos en que se fuma menos.

-El primero que no fuma soy yo, que estoy operado. ¿De dónde sale esta conferencia? Resulta que tenemos una peña y hablamos de cualquier tema, pero relacionado con la comida. Como no sabía, pensé: pues la hago sobre el puro de después de comer. Me estuve documentando sobre Cuba entre 1830 y 1930, donde había una sociedad de clase muy alta. Estaba el marqués de Piñar del Río, que era presidente del Club Español, club que ocupaba el edificio de lo que luego sería el Centro Asturiano en La Habana. El marqués también presidía la Sociedad Asturiana de Beneficiencia. Muchos donaban y, cuando hubo una hambruna en Tineo, no mandaron ayuda; los socios se enfadaron.

-¿Cuándo sucedió esto?

-En 1885 fue la hambruna y en el 86 el cabreo. Los socios enfadados eran nuevos ricos, se separaron y crearon el Centro Asturiano de La Habana. Lo primero que hicieron fue comprar el edificio del Club Español. Después crearon un gran hospital para los asturianos. En 1918 se les incendió el edificio porque tenía un anexo imitando al Teatro Campoamor y se les quemó el celuloide de las películas.

-Se adentra en distintas épocas.

-Sí, pasaron una colecta para el hospital y en la primera vuelta recaudaron 30.000 dólares, una barbaridad. Concha Heres dio 500.000 pesetas, otra salvajada. En 1926 crearon en Oviedo el Sanatorio Naranco, lo que hoy es el Centro Asturiano.

-¿Cuál es la conexión entre un Centro Asturiano y otro?

-El edificio de aquí fue hecho por los de La Habana. Luego vino la guerra y con Castro en Cuba se disolvieron los vínculos.

-¿El sanatorio era para tuberculosos y club a la vez?

-Sí, como en La Habana. Allí era un centro de ocio y de formación, los niños iban a aprender lo básico y comercio, que era la moda.

-¿Qué diferencia ve entre la emigración de antes y la de ahora?

-En aquellos tiempos Cuba era El Dorado, podías hacerte rico. Iban una minúscula parte que invertía y multiplicaba, pero la inmensa mayoría eran como mi abuelo, que cumplió 14 años en la mar con una mano delante y otra detrás. Era de Candamo, empezó de pinche como todos y se hizo tabaquero. 330.000 asturianos se calcula que fueron allí, un tercio de los que somos ahora. La emigración de hoy ya la integran los profesionales que no les dan el trabajo remunerado que les corresponde por su formación.

-¿Qué pasó luego con la industria tabaquera?

-Desde que se perdió la guerra en 1898, los americanos, que lo tenían preparado, se quedaron con Cuba. Fueron apretando a los industriales españoles y muy pocos sobrevivieron: Cifuentes, Montecristo, Romeo y Julieta. Los demás vendían.

-¿Cómo ve el panorama industrial en la ciudad hoy en día?

-Nunca fue industrial, es la capital. Las minas no tienen futuro. Hay empresas muy buenas, está Química del Nalón, pero creo que faltan emprendedores fuertes. A Galicia siempre la miramos por el retrovisor y ahora hace falta intermitente porque corre más que nosotros.

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