«No hay duda de la romanidad de la fuente de la calle la Rúa»

Francisco Javier Fernández y Rogelio Estrada, en el aula Severo Ochoa. / HUGO ÁLVAREZ
Francisco Javier Fernández y Rogelio Estrada, en el aula Severo Ochoa. / HUGO ÁLVAREZ

El arqueólogo Rogelio Estrada desgrana en una conferencia los descubrimientos de las excavaciones bajo el Museo de Bellas Artes

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

Las excavaciones que se efectuaron con motivo de la ampliación del Museo de Bellas Artes, inaugurada en 2015, sacaron a la luz el pasado romano de Oviedo y su posterior desarrollo en la Alta Edad Media hasta la fecha tradicional de fundación de la ciudad por los monjes Máximo y Fromestano en el año 761 y más allá. Ese fue el tema central de la conferencia del arqueólogo Rogelio Estrada ayer en la segunda jornada del Simposio sobre los orígenes de Oviedo, que continuó en el Edificio Histórico de la Universidad. Y si no aparecieron más restos, apuntó, es por la 'teoría del bulldozer': «Pese a que la ciudad fue capital de la monarquía asturiana, conservamos pocos restos antiguos porque se reutilizaron o se derribaron».

El principal descubrimiento fue una fuente en la calle de la Rúa, justo debajo de la divisoria entre los números 12 y 14, en una plataforma de piedra que «milagrosamente se salvó» pero que conservaba huellas de extracciones de siglos posteriores, explicó Estrada. Contaba con una especie de templete por el que afloraba el manantial, unos sillares «que fueron expoliados en su integridad» y una planta cuadrangular. Cuando fue hallada en julio de 2008, aún conservaba «una lámina de agua muy estable». El canal, de ocho metros de largo, permite suponer que la instalación fue de una «monumentalidad considerable» y contó con una losa de piedra «semejanza» de los bloques de Foncalada.

Cuando se analizaron los fragmentos más antiguos de esta fuente, resultó que databan de entre los años 240 y 420 después de Cristo. Ello llevó en un primer momento a que algunos estudiosos apuntasen la posibilidad de que Oviedo fuese una fundación antigua y no medieval. Estrada concedió que «no hay duda de la romanidad» de la estructura, pero que en la época imperial no hubo una urbe como tal sino «otro núcleo de población». La fuente tenía una función ritual, «de culto a las aguas» más que para beber.

Unas reliquias aún más antiguas que aparecieron fueron monedas de la época del emperador Tiberio (14-37 d. C.), que, según Estrada, se empleaban para «el pago de la soldada de las tropas de las guerras asturcántabras». También se halló un capitel corintio de mármol que no se pudo datar y del que se está investigando su posible relación con otros materiales romanos reutilizados en edificios de la monarquía asturiana, como Valdediós.

A ocho metros de la fuente había un aljibe que «probablemente albergó aportes de nieve que después del verano permitían un suministro de agua a las tropas acantonadas del mundo visigodo». En el siglo XVI, se reconvirtió en una letrina en torno a la cual aparecieron valiosas piezas de cerámicas de esta centuria.

Por la tarde, Margarita Fernández Mier disertó sobre la ciudad y su territorio. Los arqueólogos César García de Castro y Sergio Ríos no pudieron acudir por causas personales.

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