Los enigmas de la ruta del agua

El grupo en Foncalada, una de las paradas de la ruta. / MARIO ROJAS
El grupo en Foncalada, una de las paradas de la ruta. / MARIO ROJAS

Cincuenta personas participan en el recorrido por los lugares más emblemáticos de la historia del suministro en la ciudad

ROSALÍA AGUDÍN OVIEDO.

Un ruta enigmática. De esta forma definía ayer la guía Luna Puentes el paseo que recorrió la historia del agua de Oviedo y que estuvo organizado por la Escuela de Sostenibilidad. La primera parada fue la plaza de Feijoo. Los orígenes de la ciudad datan del siglo VIII en el monasterio de San Vicente, donde se asentaron las primeras poblaciones alrededor de una fuente.

Este manantial no daba una gran cantidad de agua pero su calidad era muy buena: «Los orígenes del pueblo ovetense datan del año 761 y se primaba más su calidad que el exceso». De esta historia aún se mantienen unos vestigios. Se encuentran en el claustro del Museo Arqueológico y están protegidos por un cristal rectangular. Por ellos correteaba ayer un niño mientras los adultos leían un poema que desvelaba cuál sería el siguiente paso de este camino: Foncalada.

Inicio:
la ruta del agua comenzó en la plaza de Feijoo y después se dirigieron al claustro del Museo Arqueológico.
Foncalada:
los cincuenta participantes conocieron la historia de la fuente perrománica de la calle Foncalada.
Final:
tras pasar por El Antiguo, la caminata siguió por el Auditorio hasta acabar en el paseo del Bombé del Campo de San Francisco.

En un principio esta estrofa no tenía mucho que ver con la historia de la ciudad, pero Puente dio una pista clave: «Un acróstico». Cada una de las letras que encabezada la línea contenía esta palabra. Revelado el misterio, la comitiva, en la que se encontraba el concejal de Urbanismo, Ignacio Fernández del Páramo, y la decana del Colegio de Arquitectos de Asturias, Sonia Puente, se dirigió hasta este monumento. Allí observaron cada rincón de esta fuente construida bajo el reinado de Alfonso III y se engloba dentro del estilo prerrománico, apuntó Begoña Honrado, de la Escuela Sostenibilidad.

Tras pasar por la calle Magdalena, los cincuenta participantes llegaron al Auditorio Príncipe Felipe. Allí el arquitecto Pérez de la Sala construyó los primeros depósitos de agua de la ciudad, derruidos años más tarde aunque aún quedan algunos restos. Ahora esta estancia acoge conciertos y congresos. La última parada de esta ruta, que «puede que se repita», fue la fuentona del paseo del Bombé del Campo de San Francisco.

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