En las entrañas de 'la gabinona'

Latierro compara el diámetro del circuito interno de la fuente con la alimentación ante Ana Rivas y Alfonso Tomás.
Latierro compara el diámetro del circuito interno de la fuente con la alimentación ante Ana Rivas y Alfonso Tomás. / FOTOS DE MARIO ROJAS

Las 36 fuentes ornamentales apenas consumen agua gracias a un ciclo cerrado que solo repone las pérdidas por evaporación 332 chorros, cipreses y pulverizadores dan vida a la mayor fuente de la ciudad

GONZALO DÍAZ-RUBÍN OVIEDO.

Dieciséis metros por debajo del chorro central y más alto de la fuente de la plaza de América se encuentra la maquinaria que la hace funcionar. Un búnker de hormigón, tan grande y más que la propia parte visible del surtidor, al que se acceder por una escalera no apta para bajar con tacones. Tampoco lo es el ruido. Roberto Iglesias, el operario de Aqualia que se encarga de su mantenimiento y del de las otras 35 fuentes ornamentales del concejo, es el primero en desaparecer por el agujero. «Mejor que desconecte las bombas», expone Alfonso Tomás, gerente de la concesionaria, que acompaña al ingeniero municipal, Ignacio Ruiz Latierro, y a la concejala de Aguas, Ana Rivas, durante la visita a las entrañas de las fuentes de la ciudad.

Desconectadas, las cuatro bombas -de 22, 18 y dos de 15 kilowatios- reposan. Lo hacen también fuera del horario de encendido que marca el Ayuntamiento en función de la estación del año o cuando, por razones meteorológicas, la Policía Local ordena apagarlas. También, cuando se celebra algún acontecimiento deportivo que los ovetenses sientan la tentación de celebrar en 'la gabinona'. «Nos avisan para desconectar la corriente y la limpiamos», expone Tomás. «A veces casi no hay tiempo, un año», dice sin poder precisar cuál, «Fernando Alonso lo tenía muy complicado y nos llamaron con la carrera en marcha para que apagásemos todo y la dejásemos lista». Donde no llega la memoria del gerente de Aqualia, llega le hemeroteca. La fecha debió ser el 8 de octubre de 2006, justo a 17 vueltas del final del Gran Premio de Japón, el Ferrari de Michael Schumacher se rompió por primera vez en seis años y abrió la puerta al segundo mundial del ovetense.

La gestión diaria de la fuente es más sencilla. Se revisan las 36 todos los días y una vez cada dos meses se vacían para realizar los tratamientos contra la legionelosis. Es casi el único agua que se pierde. Recalca la concejala que «todas funcionan en circuito cerrado». El mismo líquido que sube y baja. Hay un matiz, uno pequeño, del 5%: el agua que se pierde por evaporación o salpicaduras. Un sensor mide el nivel de llenado del vaso y, cuando baja de cierto punto, abre una válvula electrohidráulica para permitir recuperar el líquido perdido. Es poco, la conducción de entrada de agua pasaría por una manguera de jardín pequeña; las que se encargan de conducir el agua hacia los chorros, aspersores y cipreses son gruesos como una pierna.

La de la plaza de Castilla es la que mayor potencia tiene con ocho bombas subterráneas

La fuente de la plaza de América tiene más de 300 'chorros'. Aunque Roberto Iglesias distingue entre chorros, propiamente dichos; «cipreses y pulverizadores». Los últimos, obvio, son los que nebulizan el agua, alrededor de los cipreses, esos cañones de agua de menor presión que, en su caída, pueden recordar la figura del árbol. Y aún con 332 chorros, 17 grupos de luces, que hacen necesario emplear ventilación forzada pata refrescar el ambiente, y su aumentativo nombre popular, no es la más potente de la ciudad. Ese honor le corresponde a la de la plaza de Castilla. «Tiene más potencia, aunque el vaso sea menor», explica Tomás. También el acceso a sus entrañas es más difícil. Ocho bombas la alimentan desde otro búnker bajo la plaza. La altura es menor, la glorieta está en pendiente. «De las 36 fuentes, solo la plaza de San Miguel, Palmira Villa y la losa» tienen bombas sumergidas en sus propios tanques y no tienen las instalaciones debajo. La de plaza de Castilla añade un detalle: un anemómetro sobre una farola próxima se encarga de que una racha fuerte de viento no riegue a los coches. «Baja la altura del chorro, incluso hasta desconectarlo», explica el gerente.

La de San Miguel tiene hoy (miércoles) las tripas al aire para su limpieza contra la legionela. Una vez al año, también se desinfecta. Pero no es el único problema de las fuentes. En el búnker debajo de cada una se guarda Zorel-D, un antiespumante. «A veces la gente echa jabones y lo necesitamos». También está el colorante para teñir la fuente. Aqualia es previsora. Bajo 'la gabinona' hay azul por si ganamos hoy.

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