«Oviedo me ha dado más oportunidades que Madrid»

María Esther del Moral, ante la facultad de Magisterio en el campus de Llamaquique./Hugo Álvarez
María Esther del Moral, ante la facultad de Magisterio en el campus de Llamaquique. / Hugo Álvarez

María Esther del Moral, presidenta de la Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Asturias, compatibiliza su cargo en la asociación con la docencia. Es la primera mujer en lograr la cátedra de Tecnología Educativa

Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

Madrileña de nacimiento y carbayona de corazón, María Esther del Moral lleva más de veinte años residiendo en Oviedo. Una ciudad que ella define como «el mejor lugar en el que podía estar». Su perfil profesional la trajo a la ciudad como profesora asociada de la Universidad de Oviedo. Hoy es la primera catedrática de Tecnología Educativa en el departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación. Además, preside la Asociación de Telespectadores y Radioyentes del Principado de Asturias.

–¿Qué trajo a una madrileña a Oviedo?

–Mi trayectoria profesional. La coyuntura de las universidades españolas hizo que se demandaran docentes con mi perfil. Presenté mis méritos y accedí como profesora asociada a la Universidad de Oviedo. Aquí inicié mi trayectoria académica.

–¿Cuá es ese perfil que le valió un puesto en la Universidad de Oviedo?

–Mi formación en nuevas tecnologías aplicadas a la educación. Había hecho en la Universidad Complutense de Madrid un máster de televisión educativa y trabajé como becaria en el programa de Televisión Española ‘La aventura del saber’. Eso me llevó a especializarme en el terreno de medios de comunicación y su potencial formativo. Mi tesis doctoral fue sobre la influencia socioeducativa de los dibujos animados en los niños de Primaria.

–Ahí es nada.

–Sí, porque a mediados de los años 90 irrumpieron las diferentes cadenas de televisión privada y surgió todo el tema de la programación infantil y analizar los valores y contravalores de lo que se estaba transmitiendo y cómo los dibujos animados podían constituirse como plataformas del aprendizaje social de los menores.

–De los dibujos de los 90 a los de ahora, hay un abismo. ¿Cómo ha sido su evolución?

–Nos llevábamos las manos a la cabeza con la irrupción de ‘Los Simpson’, que se emitían en La 2 a las once de la noche.

–No eran dibujos para niños.

–Efectivamente. No era un formato de animación para niños pero también nos llamaba la atención ‘Bola de dragón z’. Una programación nipona que en su país de origen, Japón, tampoco era para público infantil, de hecho, allí se emitían entre las tres y las cuatro de la madrugada porque era para adultos. El Ministerio de Educación y los medios de comunicación se sensibilizaron con que no se podía ganar audiencia a cualquier precio y surgió el código de Autorregulación, que sigue vigente.

–¿Y cómo son hoy los dibujos que ven nuestros hijos?

–Hoy nos hemos pasado al otro extremo. Todo vale y no hay que establecer ningún marco ético.

–¿Se ha retrocedido?

–Hay una asepsia ética, es decir, usted puede pensar lo que quiera que es totalmente legítimo y no existe un criterio que ayude a convivir. Es un cambio que merece la pena analizar con reposo, porque ¿realmente vale todo? Pues a lo mejor no. Hay que establecer una ética mínima. Esto lo deben saber los niños, porque en realidad no vale todo. Está bien que cada uno ejercite su libertad pero dentro de unos márgenes. Creo que son valores democráticos que de alguna forma se transmiten a través de los formatos infantiles.

–¿Pero también habrá que tener cuidado con que esos formatos no se conviertan en modelo educativo de los menores?

–Aquí los padres deben saber qué quieren para sus hijos y siempre que responda a sus propios valores, así que tampoco seamos extremadamente puristas. Pero las producciones audiovisuales sí creo que tienen un componente no solo de entretenimiento sino educativo.De hecho tenemos los prototipos de ‘Pepa Pig’ o ‘Pocoyó’. Hay que cuidad especialmente al público infantil y las producciones no solo entretienen, educan en valores.

–¿Todo esto la llevó a presidir la Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Asturias?

–Me llamaron.

–Es un ente desconocido para muchos. ¿A qué se dedica?

–Lleva 22 años funcionando y cumple tres objetivos. Defender los derechos de los espectadores, hacer cumplir la Ley General de Contenidos Audiovisuales y favorecer encuentros y foros para concienciar a la población sobre el uso que deben hacer los medios de comunicación para contribuir a la alfabetización mediática.

–¿Cuál es el perfil del telespectador ovetense?

–Hay dos perfiles. Uno más ligado al medio rural, que quiere una programación que le recuerde su infancia y vivencias, ligada a la cultura tradicional asturiana. Luego están los jóvenes. Ellos consumen series de televisión y lo hacen a la carta, ligadas a producciones americanas.

–¿Las redes sociales qué papel cumplen?

–Vivimos en una sociedad en que no nos falta de nada y en pocos años se va a generar tal volumen de información que vamos a estar sometidos a un proceso de ‘infoxicación’, que hará necesaria una formación para que los usuarios de los medios sepan discriminar lo que es una noticia veraz de lo que no.

Cátedra Universitaria

–Usted es la primera mujer catedrática del departamento de Ciencias de la Educación.

–Mi Cátedra es de Tecnología Educativa que tiene que ver con todo lo relacionado con los medios de comunicación e informáticos para llevar a cabo proyectos en el ámbito educativo o hacer análisis críticos de las amenazas de las redes sociales o sus ventajas. Yo apuesto, en este sentido, por mostrar la cara positiva de las nuevas tecnologías, no podemos renunciar a ellas.

–Nos han facilitado mucho la vida.

–Sí, pero sin olvidar los riesgos en los colectivos más vulnerables que son los menores. Tenemos una condición de vida dual: la presencial y la virtual. Hay que ser coherente, porque lo que no hacemos en el mundo presencial porque está penado no se puede hacer en el mundo virtual. Hay que favorecer la educación para la ‘ciberciudadanía’.

–Lleva más de 20 años en Oviedo. ¿Alguna vez pensó en regresar a su Madrid?

–Vivo en la A-6 permanentemente. En tránsito, se podría decir, porque tengo a toda mi familia en Madrid y a mis amistades.

–¿Cómo vivió el contraste entre la gran urbe y esta capital de provincia?

–Yo lo vi como adaptarme a algo maravilloso. Oviedo es una ciudad que tiene su temporada de ópera, de danza, de conciertos de música clásica, la Primavera Barroca, los Premios Princesa de Asturias. Hay una diversidad cultural muy grande. Me ha dado más oportunidades que Madrid.

–¿Cómo explica eso?

–En Madrid no podía disfrutar de las actividades culturales. Estaban ahí, pero no las podía disfrutar porque el estilo de vida madrileño te consume tiempo y distancias. Si para ir a estudiar o trabajar me tiraba hora y media de ida y hora y media de vuelta, tenía tres horas ya perdidas. Además, el volumen tan grande de habitantes hacía que se petaran las entradas de los abonos de cualquier actividad y te quedabas sin disfrutar de ellas. Aquí las tengo, las disfruto y he ganado en calidad de vida. La playa y la montaña están a un paso y disfruto con eso. Oviedo me ha dado tantas oportunidades que estoy muy agradecida de poder vivir aquí. Estoy en el mejor lugar en el que podía estar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos