Un «error humano» causa un escape de dióxido de carbono en la avenida de Galicia

Dos bomberos, tras revisar el garaje ayer al mediodía. / PIÑA
Dos bomberos, tras revisar el garaje ayer al mediodía. / PIÑA

Una víctima accionó el sistema antiincendio de la caldera y tras ello se desmayó en el garaje. Un vecino, también intoxicado, dio la alarma

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Todo quedó en un susto pero pudo haber sido una tragedia. Una mujer, un hombre y dos perros resultaron ayer intoxicados por dióxido de carbono en el garaje de un edificio de la avenida de Galicia, tras activar ella por error el sistema antiincendio de la sala de calderas del inmueble, ubicado en el número 31, bloque 1, de dicha calle. Un sistema de seguridad que dispara dióxido de carbono como método para apagar el fuego.

El suceso se produjo a las ocho de la mañana cuando G. H. P, de 66 años, y que trabaja como asistenta en un piso del inmueble, se disponía a coger el ascensor del garaje junto a dos perros. En el momento que entró en el vestíbulo donde se ubica el ascensor accionó por error, como así confirmaron fuentes policiales, el sistema antiincendio de la sala de calderas. Un botón manual, ubicado junto a la puerta de la sala de la caldera. El pulsador está situado a muy poca altura del suelo, sin ningún tipo de protección, por lo que no es nada difícil accionarlo por equivocación. En el momento que se pulsa, comienza a expulsar dióxido de carbono como sistema antiincendio, ya que este gas consume el oxígeno evitando la propagación de las llamas.

Según explicaron los técnicos de mantenimiento del sistema antiincendio, donde se produjo el suceso, se activa «de forma automática» en cuanto sus sensores detectan un incendio. «Es un mecanismo que protege a la caldera en caso de incendio», explicaron.

La mujer iba acompañada de dos perros que también resultaron afectados

Sin embargo, también cuenta con un mecanismo manual. Dos botones, uno rojo para activarlo y otro azul para desactivarlo. «Probablemente la mujer lo confundiera con el interruptor de la luz, fue un error humano», aseguraron desde la Jefatura Superior de Policía de Asturias.

La confusión hizo que la mujer inhalara el gas tóxico y perdiese casi en el acto la consciencia, lo mismo que los dos perros que la acompañaban. De hecho, cayó desmayada y se golpeó fuertemente la cabeza, lo que le produjo una herida por la que sangró abundantemente.

La casualidad hizo que un vecino, J. B. L., de 56 años, bajase en ese momento al garaje. Al salir del ascensor se encontró de bruces con el cuerpo tendido de la mujer y los canes. En el momento que se acercó a ella para ayudarla, el hombre comenzó a marearse percatándose de que algo no iba bien. Su rápida reacción para coger el ascensor de nuevo, salir del garaje y llamar a los servicios de emergencias lo que evitó la tragedia. Hasta el lugar se acercaron patrullas de la Policía Nacional, de hecho fueron dos agentes los que sacaron a la mujer semiinconsciente y a los dos perros hacia las escaleras del garaje por ser una zona más ventilada, añadieron fuentes policiales. También participó la Policía Local y los Bomberos. Estos últimos procedieron a ventilar el garaje abriendo el portón para evacuar el dióxido de carbono. Cuando entraron los bomberos, el dióxido de carbono había consumido ya el 86% del oxígeno, según pudo saber este periódico.

Los dos intoxicados fueron trasladados al Hospital Universitario Central de Asturias y se encuentran fuera de peligro aunque la mujer permaneció en observación a raíz de la herida que se produjo en la cabeza al desmayarse, tras respirar el gas tóxico. Los perros fueron atendidos por los veterinarios municipales y también se encuentran en perfecto estado de salud.

A la una y veinte del mediodía de ayer, los bomberos regresaron al lugar del suceso para revisar los niveles de oxígeno y autorizar la entrada a los técnicos de mantenimiento del sistema antiincendio de la caldera. Una vez confirmado que todo estaba en orden, los técnicos procedieron a retirar las botellas de dióxido de carbono activadas por error para proceder , de nuevo, a su relleno.

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