Las escaleras de emergencia del Auditorio de Oviedo solo permiten evacuar al 20% de su aforo

El vestíbulo principal del Auditorio Principe Felipe, con las escaleras que incumplen la normativa. / M. ROJAS

El informe de los técnicos municipales cree necesario abrir cinco nuevas salidas y limitar la capacidad de la tercera planta y el sótano

GONZALO DÍAZ-RUBÍN OVIEDO.

De repente, después de 18 años en servicio, una funcionaria, una arquitecta que lleva tres lustros en la 'casa', concluye que el Auditorio Príncipe Felipe, «a día de hoy», es «inseguro en caso de incendio» y que «no resulta posible continuar» con el uso del edificio. Firma el informe y advierte que las escaleras de emergencia del edificio son una trampa peligrosa, «únicamente se consideran suficientes para evacuar al 20% de la ocupación» del edificio en caso de emergencia.

El cálculo, en realidad no lo ha hecho ella, funcionaria adjunta del departamento de Edificios y Patrimonio, sino el arquitecto José Luis Pérez-Lozao, a quien el Ayuntamiento ha contratado un informe sobre las condiciones de seguridad contra incendios del Auditorio. Lo hace porque en marzo de 2016, cuando aún no se había terminado de redactar el plan de autoprotección, la empresa responsable de este (Premap) puso «de manifiesto posibles incumplimientos de la normativa». Pérez-Lozao, responsable del Centro de Asesoramiento Tecnológico del Colegio de Arquitectos, los confirma y los amplía y, eso que entiende que la normativa que debe cumplir el Auditorio sigue siendo la de 1991.

El informe de la funcionaria explica que para calcular la ocupación del edificio, según la normativa, se tienen en cuenta la superficie útil de los recintos y el número de asientos fijos en las salas y otros factores, pero excluye la posibilidad de el «vestíbulo general» se vea ocupado por usos «distintos del propio de circulación». Las imágenes de los stands de los expositores de congresos ocupando la planta baja no eran solo un signo del éxito de la instalación, sino que ponían en riesgo a los visitantes.

Las obras de mejora de la seguridad costarían unos 850.000 euros aproximadamente

Los cálculos arrojan una ocupación máxima del edificio de unas 4.300 personas. Un volumen que las escaleras no serían capaces de asumir en caso de emergencia. Por las tres, situadas en las en las esquinas norte, sur y este del edificio, podrían salir el 20% de los ocupantes.

No es el único cuello de botella, los estrechamientos de las escaleras de salida de la sala de Cámara y Polivalente en la zona norte del edificio son «inadmisibles», como define también a la existencia de peldaños en las rutas de evacuación. Las puertas de salida tampoco cumplen. Sobre esa ocupación total tienen capacidad para garantizar la evacuación del 79%, como máximo.

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Además, señala problemas en los locales de riesgo especial alto (almacenes o locales de ensayo) cuyos materiales estructurales «incumplen las exigencias de resistencia contra el fuego», al igual que las vigas de la cubierta. Son malas noticias, las hay peores. Las dos escaleras de salida hacia la primera planta no están protegidas ni podrán estarlo. Entre unas cosas y otras, el informe ordena limitar el aforo a 148 personas. También establece límites para la tercera planta, con una ocupación máxima de 95 personas para la terraza.

Soluciones parciales

Todos los defectos llevan ahí desde que se inauguró el edificio. El informe propone una serie de obras para mitigarlos. Es un «breve resumen» que va desde la necesidad de proteger escaleras y ascensores, a crear espacios de seguridad ante ambos pasando por colocar rociadores en el vestíbulo principal, que supera las dimensiones máximas de la norma. La funcionaria advierte que no será ni barato ni fácil ni bonito. La amplia superficie a cubrir, casi 5.000 metros, el doble que lo permitido, los materiales y su acabado y la necesidad de minimizar el impacto visual, hará «compleja y costosa esta actuación».

También habrá que ampliar la instalación de rociadores automáticos existente en las salas Principal y Polivalente «hasta cubrir totalmente la superficie del recinto», cambiar puertas y protecciones y abrir cinco salidas a la calle más. Tres al callejón de Faustino Roal, una donde ahora están las taquillas, que deberían desplazarse y otra, a la plaza del Fresno. En una primera estimación, la funcionaria dice que las obras costarían unos 850.000 euros. Lo que no dice es si serían compatibles con la actividad del espacio, cuánto se tardaría en contratarlas y ejecutarlas.

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