Los estudiantes reclaman una zona para beber y copas más baratas

Quienes practican botellón piden poder hacerlo sin ser perseguidos y que no se moleste a los residentes cercanos

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Los jóvenes consultados por este diario que alguna vez se han ido de botellón coinciden en dos aspectos: que este fenómeno se da por su escasa capacidad económica y que lo ideal sería realizarlo en un lugar controlado.

«En las afueras deberían habilitar un 'botellódromo' como en otras ciudades», apunta el universitario Valentín Valdés, donde se pudiese limpiar fácilmente después, para que no pase como en San Mateo: «Después vienes y ves Oviedo hecho una mierda».

Miguel Puertas, compañero de Puertas, pide «que habiliten una zona que no sea en pleno centro, aunque sea solo en fiestas. Luego los mayores van y se quejan».

Nerea Barrero, que cursa ADE bilingüe, habla sin ambages: «Soy pro botellón. Debería haber un espacio habilitado para los jóvenes, igual que hay centros de día para los mayores, que esté controlado. No soy pro la basura que se deja luego». Apunta que «antes había botellones y el ambiente era increíble. Pero con la norma de no poder sacar la copa fuera y que las terrazas cierren a las dos de la mañana... Al final, si no estoy haciendo daño, es ocio».

Su amiga Ana Cristina Izquierdo la secunda y añade: «Si los bares tuvieran las copas a buen precio y no diesen garrafón, la gente dejaría de hacer botellón. Y me parece mal que unas veces se pueda y otros no, en San Mateo no se prohibe y el sábado si sales con una copa, multa».

La nota discordante la pone el estudiante Rodrigo Tahoces: «Nunca me gustó el botellón, me parece absurdo en invierno pasar frío cuando puedes estar tomando en algún bar. No es algo necesario». Eso sí, «en verano, con las fiestas de prao, lo veo normal».

Para todos ellos tiene respuesta el presidente de la patronal hostelera Otea en Oviedo, David González Codón: «El precio de las copas suele estar normalizado entre cuatro y seis euros. No ponemos los precios por capricho, tenemos que pagar unos impuestos, personal, suministros... Si pudiéramos bajar los precios, lo haríamos. Los ponemos en función de los costes y hay libertad de precios».

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