Fallece a los 72 años José María Lorenzo, párroco de Pumarín y exarcipreste de Oviedo

José María Lorenzo, párroco de Pumarín, en Oviedo
José María Lorenzo en San José de Pumarín, en una imagen de 2013. / Piña

Sacerdote del barrio desde 1997, era muy querido por sus vecinos y compañeros, que alabaron su laboriosidad y buen trato «ejemplar»

D. LUMBRERAS

El barrio de Pumarín , en Oviedo, pasó una mañana de luto. José María Lorenzo, su popular párroco, falleció este sábado a los 72 años tras un agravamiento repentino y muy rápido de su estado de salud. Era titular de la iglesia de San José desde 1997, cuando se jubiló su fundador, don ManuelFernández, fallecido precisamente el pasado mayo a los 97 años. Lorenzo, conocido por todos como el padre Chema, había sido además en tres ocasiones no consecutivas arcipreste de Oviedo; la última, de 2013 a 2017.

«Es una pérdida para Pumarín tremenda, fue alma de muchas cosas. Apoyó al barrio muchísimo y a otros barrios también», ponderaba el presidente de la Asociación de Vecinos, José Ramón Sariego, muy emocionado al conocerlo desde hace décadas. Con su marcha, «deja la parroquia muy desvalida, hacía muchísimas cosas. Tenía el campamento de verano de Barro y grupos con los niños y la gente joven». «La relación era muy grande. Hace días me mandó un mensaje muy cariñoso, vi que se acababa. Era como un hermano más», añadió.

Además de ser apreciado por sus feligreses, también lo era por sus compañeros. Javier Suárez, rector de la basílica de San Juan elreal, destacó de Lorenzo que era «muy popular, muy querido, muy integrado en el barrio, muy trabajador. Trabajo muy bueno. Como arcipreste coordinó muy bien el trabajo, unió a los sacerdotes y animaba». En el trato, recuerda, era «muy cordial, muy amable. Estaba siempre contando con la gente. Fue ejemplar como sacerdote y como persona».

«Era un cura muy bueno, sobre todo muy trabajador, formado en la escuela de la Acción Católica, de ver, juzgar y actuar. Prestó un gran servicio a la iglesia», declaró Marcelino Garay, párroco de San Melchor de La Florida y su sucesor al frente del arciprestazgo ovetense. En este cargo, Lorenzo «dio rigor al trabajo, era un hombre de método, de programar, de revisar lo programado, un hombre sistemático, muy cercano a los compañeros, muy preocupado siempre por todo».

Garay tuvo amistad con el fallecido, «muy campechano, muy animoso». «Compartimos muchos veranos, era un encanto de persona. Había un grupo de amigos laicos y sacerdotes que desde hace 30 años pasábamos veranos en monasterios y casas de ejercicios. Descansábamos, nos pegábamos un baño y compartíamos» unas vacaciones diferentes a las habituales.

El canónigo y profesor del Seminario José María Hevia estudió con él y lo evocaba como «un compañero muy querido de fatigas. Estábamos, en la cuerda de tenores de la Schola Cantorum, hemos cantado muchos años juntos dirigidos por Alfredo de la Roza. Por los 50 años del seminario nos convocó el rector y volvimos a cantar juntos».

Más adelante, ambos volvieron a coincidir en la pastoral obrera: «Tenía sensibilidad por las zonas de la cuenca minera. Fue vicario de la zona norte, le tocó la más grande en población y curas, la complejidad de Gijón, y arcipreste también, tenía ese predicamento en los compañeros». En lo personal, lo rememoró como alguien de una «entrega total, un hombre de no reservarse. Todo lo vivió de raíz, como buen quirosano. Su iniciativa personal siempre la integró en los planes diocesanos, nunca buscó protagonismo.

Defensor de la mujer

Lorenzo, nacido en el pueblo quirosano de Rano en 1945, estudió en el Seminario Diocesano hasta 1969 y estuvo destinado primero en Llaranes (Avilés) más de siete años. Luego fue consiliario de la Juventud Obrera Cristiana, cura en Sama y vicario del Norte catorce años. Además de ocuparse de Pumarín, también atendía al pequeño convento de las Pasionistas de Fitoria.Era aficionado al cine, la fotografía y la montaña.

En varias entrevistas con este diario, el padre Chema reflexionaba sobre el rumbo del catolicismo. Era un firme defensor del papel de los laicos, en unos días en los que ser cristiano «no se cotiza mucho» a través de distintas agrupaciones. Asimismo, abogaba por una mayor presencia femenina: «Si la mujer retira su compromiso a la Iglesia, esta no tiene casi nada que hacer».

Cuando accedió por primera vez al arciprestazgo, en octubre de 2003, confesó que «no tenía muchas ganas», pero se topó con «una realidad que no conocía», mejor de la que se imaginaba, con compañeros que «trabajan un montón». Era defensor del Papa Francisco y de «acercarse a los pobres», aunque era consciente de que la iglesia no vivía «un momento fácil» por la falta de vocaciones y las resistencias al cambio».

El fallecido opinaba que «Oviedo y Gijón se parecen mucho en la forma de vivir y de entender la vida» y que la capital era «mucho más» que la Catedral y las reliquias. Apostaba por potenciar el Camino de Santiago. Veía en los emigrantes al colectivo más desfavorecido y sorprende la actualidad de una visión que expresaba en 2004: «El nivel de los problemas sociales ha mejorado en términos generales, aunque persisten dos importantes, el paro entre los jóvenes y la soledad de la gente mayor».

El funeral por su eterno descanso se celebrará mañana lunes a las 13 horas en San José de Pumarín. Lo presidirá el arzobispo Jesús Sanz Montes, el vicario general, Jorge Fernández Sangrador.

Temas

Oviedo

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos