La futura Ordenanza de Convivencia suprime los preavisos y multará directamente

La futura Ordenanza de Convivencia suprime los preavisos y multará directamente

El texto reformado reflejará que se sancionarán conductas leves como no recoger excrementos de perro y definirá el botellón

G. D.-R. / D. L. OVIEDO.

Hasta ahora, si un ciudadano no recoge los excrementos de su perro por la calle o se dedica a practicar el botellón, la Policía Local solamente le reprochaba formalmente su conducta. Sin embargo, en los próximos meses directamente lo multará. «Vamos a suprimir los apercibimientos» en la reforma en marcha de la actual Ordenanza de Convivencia Ciudadana, señalan fuentes del equipo de gobierno. Desde el mismo se considera que «ya estamos todos educados» y que no es preciso que los agentes realicen advertencias previas, porque todo el mundo conoce (o debería) cuáles son las conductas incívicas.

En la norma actual, las infracciones leves se castigan simplemente con apercibimiento o, para los persistentes, multa de entre 10 a 750 euros. Las graves elevan la cuantía a entre 750,01 y 1.500 euros y las muy graves -por ejemplo, realizar una pintada en un monumento- parten de 1.500,01 y llegan a los 3.000 euros. El concejal de Seguridad Ciudadana, Ricardo Fernández, ya ha avanzado que las cuantías «se actualizarán», sin precisar si subirán. Todo parece indicar que sí, pues la ordenanza data de 2010 y desde entonces el coste de la vida en Asturias (medido por el IPC) ha aumentado un 9,7%. Pero no todo serán multas, porque a los grafiteros se les dará la opción de limpiar lo que ensucien.

Uno de los grandes objetivos de esta norma es combatir el botellón, empezando por definir más precisamente qué se entiende por este fenómeno. Así, indican las mismas fuentes, se pretende «separar entre beber en la calle y las concentraciones masivas para el consumo que causen daños por la suciedad en el espacio público, perturban el descanso de los vecinos y suponen riesgo para la salud.

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Cuando se han dado problemáticas con el botellón, como el último Carnaval, Fernández ha insistido siempre en que «es un problema educativo» que parte de las casas y que no se soluciona solo con la acción policial. Eso sí, también reclama más agentes para controlarlo.

Otra cuestión que se abordará es el control de los dueños de perros que no recogen sus cacas, ante el aumento de animales domésticos en los últimos años. La solución no es sencilla y continúa estudiándose. Se ha barajado la posibilidad de incluir en el microchip obligatorio de los perros información genética, para que se pueda analizar un excremento y determinar su procedencia. Pero de momento se descarta por coste y por complicaciones con la ley de protección de datos. Por otro lado, se quiere no sancionar a quienes lleven perros pequeños, pero controlados y cerca, sin correa.

La normativa todavía puede sufrir cambios, porque todavía no ha habido diálogo entre los socios del gobierno. Sí se ha acordado ya que se remitirá a consulta pública, con lo que los ciudadanos y asociaciones que lo deseen podrán proponer cambios en la ordenanza.

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