El gabinismo no quiere morir

Iglesias Caunedo posa con De Lorenzo en la presentación de la campaña electoral de 2007./E. C. / J. D. / P. L.
Iglesias Caunedo posa con De Lorenzo en la presentación de la campaña electoral de 2007. / E. C. / J. D. / P. L.

El PP de Oviedo pide amparo, tras la renuncia de Caunedo a ser candidato, para un relevo que no dañe sus opciones | La organización local de los populares busca una transición tranquila que no menoscabe las posibilidades electorales de cara al próximo año

GONZALO DÍAZ-RUBÍN OVIEDO.

¿De qué hablaron Fernando Martínez-Maíllo y Agustín Iglesias Caunedo en su reunión del jueves en Génova? Oficialmente, de nada. Tan solo el exalcalde deslizó, en medio de unas declaraciones insulsas, que salía «muy satisfecho» del encuentro. De algo más que del tripartito y la situación de Oviedo seguro que hablaron. ¿La prueba? El silencio que siguió a la reunión. Tras días de filtraciones y choques, ni la organización del PP en Asturias ni la de Oviedo han vuelto a decir ni mu acerca de candidaturas, renovación o quién paga la lealtad con desplantes, malas caras y respuestas desabridas.

Génova, es cierto, está a otras cosas. Mira con preocupación las encuestas, mientras decide qué hacer con la presidenta de Madrid y su extrañísimo máster. La candidatura a la Alcaldía de Oviedo, tras el paso atrás de Caunedo, dista de ser una prioridad. En juego no está tanto la cara de los carteles electorales, sino el futuro del PP de Oviedo, esa máquina de ganar elecciones que encabezó Gabino de Lorenzo, pero engrasó, antes de serlo, su sucesor.

Agustín Iglesias Caunedo (Oviedo, 1971), de familia somedana, de Ciudad Naranco, boy-scout, jugador de balonmano y de colegio público mejorado en casa, se afilió al PP cuando estudiaba Bachiller en el Loyola. El mismo dice que inspirado por Manuel Fraga. Dos después, recién cumplida la mayoría de edad, fue nombrado presidente de Nuevas Generaciones de Oviedo y secretario general de la regional. Ese año tuvo su primer contacto con De Lorenzo, entonces portavoz del PP en la oposición, en una comida en La Gruta, a la que asistió también Fraga. En 1991, fue un joven concejal de Juventud en el primer mandato de De Lorenzo, de donde salió impulsado por el PP de Oviedo hacia la Junta.

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Como diputado, bregó fiel contra Marqués, pero no sobrevivió al descalabro del partido en las elecciones de 1999. Fue contratado por la mutua MADIN, que dejó en 2003 tras ser elegido concejal de nuevo del Ayuntamiento. Es lo de menos. Lo que no se ve -su trabajo en Nuevas Generaciones y luego como secretario general, como brazo armado, del PP de Oviedo y de De Lorenzo- pesan más en su biografía actual que su paso como concejal de Mercados y la privatización de el de El Fontán.

Ser secretario general del PP -o de Organización en el PSOE- es ser un látigo, una vara de conducir el ganado, saber todo de todos y usarlo, sembrar el terror en los enemigos y la lealtad en los propios. El PP de Oviedo se consolidó esos años como la fuerza dominante de la organización. Presionó, acogotó a Ovidio Sánchez, peleó contra Pilar Pardo, empujó y sudó siempre desde la segunda fila. Cuando el PP asturiano se vio acorralado por la amenaza del desembarco de Francisco Álvarez-Cascos, Caunedo lideró desde el móvil la resistencia, mientras Gabino de Lorenzo hacía de anfitrión en comidas y cenas en las que se pasaba lista.

El PP de Asturias o, al menos, las familias que se alinearon tras De Lorenzo lo pasaron mal, pero sobrevivieron para ver la caída del 'exgeneral secretario'. No contaban con la decisión de Génova de aupar como relevo y pacificadora a Mercedes Fernández. El paso atrás de Gabino de Lorenzo hacia la Delegación del Gobierno, la irrupción de Foro, la victoria electoral de aquella en las generales de 2011 y, a partir de 2015, la pérdida de la Alcaldía de Oviedo por Caunedo, debilitaron el peso del PP ovetense. Posibles aliados han ido cayendo congreso a congreso local, solo la organización de la capital no ha recibido la medicina regenerativa que han tragado en Gijón, Siero o Avilés. El temor a que Cherines les obligue a tomar la primera cucharada tras la decisión de Caunedo de no ser candidato -atado como está por su situación judicial como imputado- ha desatado el pánico en el PP ovetense. Se juegan sus cargos, sí, pero es que la medicina no sienta bien a todos: «En Gijón, casi empatamos con IU», recuerda un concejal ovetense, «lo ideal sería una transición pacífica» que salve la PP de Oviedo. El silencio decretado por Génova puede ayudar, pero «ayudaría más de cara a 2019 que los dos se hablasen».

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