'Los guajes' de las ocho décadas

Antiguos alumnos de la escuela de aprendices de La Vega, ayer, compartieron mantel para recordar anécdotas / ALEX PIÑA

Una comida reúne a los antiguos alumnos de la escuela de aprendices de La Vega | Desde hace cuarenta años es tradición el reencuentro entre los miembros de la promoción de 1951-1955

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Entre todos suman 972 años. Son los doce protagonistas de una cita que está marcada en rojo en el calendario de los antiguos aprendices de la fábrica de La Vega. «Todos tenemos entre 80 y 81 años pero estamos como unos robles», apunta uno de los veteranos. Él, como los otros once compañeros que ayer se reunieron en el mesón Marcelino para rememorar «otros tiempos», forma parte de la promoción de aprendices de 1951 a 1955. «Éramos 35 en aquella época pero hoy (por ayer) solo hemos venido doce», señaló Javier Suárez, uno de 'los guajes', como se llaman entre ellos. De aquellos años, recuerda la «responsabilidad y la disciplina» necesaria para afrontar unos años «duros y de mucho estudio».

La escuela de aprendices de La Vega nació con la vocación de formar a los hijos de los trabajadores de la fábrica de armas. Una formación reconocida a nivel nacional y de gran prestigio que se impartió durante años en otros talleres, hasta que en 1927 se levantó el inmueble que aún se mantiene intacto en el recinto de la fábrica de La Vega, inaugurado el 1 de enero de 1928 con doscientos jóvenes aprendices. «Todos los que allí entrábamos salíamos con trabajo, si no era en la fábrica era en Ensidesa o en Metal Mecánica, un taller muy importante que había en Pumarín que fabricaba piezas para automóviles», recuerda Javier Suárez.

Este veterano aprendiz entró en la escuela de La Vega para formarse como ajustador y verificador de las piezas armamentísticas. «Entré con catorce años y salí con dieciocho. Me crié allí». Tanto es así que su padre fue uno de sus maestros. «Se llamaba Jesús Suárez e impartió clases desde el año 1944 hasta 1984. Era maestro de ajustadores y muy duro y tenaz», recuerda.

De sus tiempos de aprendices recuerda los desfiles. «Unos íbamos con la banda y otros con los fusiles. En las procesiones de Semana Santa tocábamos en la iglesia de Santo Domingo y en La Corte, que era la parroquia a la que pertenecía la fábrica de La Vega».

Ayer recordaron estas y muchas otras anécdotas de sus años estudiantiles. Lo hicieron en una comida que ya se ha convertido en toda una tradición. «Llevamos cuarenta años reuniéndonos», apuntaron mientras en sus agendas ya anotan la cita del año que viene.

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