«José Ramón es la última catedral de las telas en Oviedo, ya no quedan así»

José Ramón Gutiérrez y Libertad Mallada le venden una tela a Fernando Gallego.
José Ramón Gutiérrez y Libertad Mallada le venden una tela a Fernando Gallego. / PIÑA

El veterano comercio textil de la calle Covadonga cierra por la jubilación tras 51 años de trabajo de su propietario, que querría un traspaso

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

«Es la última catedral de la alta costura en Oviedo, ya no quedan tiendas así». Así define Fernando Gallego, sastre, vecino y cliente, a Telas José Ramón, histórico negocio del textil de la calle Covadonga, que cerrará al terminar el año por la jubilación de su fundador, José Ramón Gutiérrez.

«Vine de Turón de pensión a Oviedo con 14 años, buscándome la vida. Acabé de estudiar y viene a trabajar a Almacenes Uría, era de telas y ahí nació mi profesión. Luego estuve en Copa Vestir, después fundé Milán Telas en Salesas y en José Ramón Telas llevo veintitrés», relata el comerciante. En total, «51 años con la tijera en la mano», dice mientras lo subraya cortando el aire.

Acceder a la tienda, de tres niveles de altura y decenas de bastidores, es un poco como adentrarse en las televisivas galerías Velvet. Ya desde el escaparate, que muestra maniquíes con encajes en blanco y negro bordados en pedrería artesanal y utilizados por Valentino en su último desfile. Gutiérrez exhibe telas de toda clase: piezas de seda natural, encajes, mallas bordadas, tejidos para vestidos de novia... y también brocados, de factura tanto española como italiana y francesa de importación. Las mismas que luego emplean los grandes modistos, como Dolce y Gabbana.

«Aquí tenemos calidad, no telas baratas», apunta, orgulloso», mientras señala los cuidados diseños con rosas o piedras preciosas. Eso sí, hay variedad: «Tenemos un gran surtido, desde encajes de cien euros hasta pedrerías de setecientos».

El otro pilar del negocio es la esposa de Gutiérrez, Libertad Mallada, 'Liber', que acabó siguiendo sus pasos. «Yo hice Magisterio y tuve el jardín de infancia Campanella en la plaza de la Paz. Cuando los niños de tres años entraron en el colegio, vine con José Ramón y lo apoyé en esta singladura», explica. Rememora entre risas cómo fue la adaptación: «Cambié una enseñanza por otra, me tuve que reciclar y aprender. Y ponerme con el ordenador a los 40 años, en clase con chicos recién acabada la carrera y yo que no había tocado un ratón en mi vida».

Telas José Ramón disfruta de una clientela fiel, de tres o incluso cuatro generaciones de una misma familia: «El 99% son clientas y lo que más vendemos es para bodas, alguna vez entra un hombre para un traje de caballero. No me dejan cerrar, dicen que dónde van a comprar las telas». Como para desmentir al dueño, mientras el matrimonio atiende a EL COMERCIO entra un joven para buscar la tela del vestido de su futura esposa. No le faltan halagos para el negocio: «Es fenomenal». Una señora entra y comenta, apesadumbrada: «Así que cerráis».

Los compradores, asevera Gutiérrez, vienen de todas partes de Asturias y de las provincias limítrofes a por telas. Con ellos establece un vínculo estrecho: «La gente viene con confianza y le buscamos modelo, hasta le decimos con quién lo puede hacer». «Esto no lo hay en ningún sitio, a no ser que vayas a Madrid», puntualiza Mallada.

La tienda se mantiene además como un negocio atemporal, ajeno a los estragos de los años. Su fundador apunta que ha cambiado muy poco: «El 80% de las telas no tienen tiempo». Pero Mallada tercia: «Las importaciones traen innovación».

Gutiérrez asegura que el trabajo no le «agobia», pero sí que es «muy sujeto» y con 64 años ya le apetece «vivir la vida». Y le gustaría traspasar le tienda: «Mi ilusión es que continué alguien con la tienda». Apunta a Gallego, al que le encantaría, pero ve complicado asumir el reto sin un socio inversor. Se busca deán para mantener abierta esta catedral del textil carbayón.

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