«Me siento engañado; me dijeron que las obras se podían legalizar»

«Me siento engañado; me dijeron que las obras se podían legalizar»
El derribo del edificio, en diciembre de 2016. / A. PIÑA

El empresario ruso que construyó una vivienda de madera en suelo no urbanizable en el Naranco se declara inocente en el juicio

ROSALÍA AGUDÍN OVIEDO.

El deseo de tener una casa grande donde vivir con su mujer y sus tres hijos en medio del monte Naranco, la falta de conocimiento de la legislación española, los problemas con el idioma y la confianza que depositó en un arquitecto. Estos fueron los cuatro argumentos que el empresario ruso Alexander Ermakov puso ayer encima de la mesa durante las ocho horas que duró el juicio celebrado en el Juzgado de lo Penal número 3. Se le acusa de una supuesta estafa contra la administración pública al construir un chalé de madera en suelo no urbanizable. La Fiscalía ha pedido para él 33 meses de prisión. También, que el técnico que pidió las licencias y diseñó los planos sea condenado a 21 meses de cárcel y los constructores asuman una pena de 36 meses de arresto penitenciario.

Los hechos por los que Ermakov se siente «engañado» comenzaron a desarrollarse en 2006. El ruso llegó a España y adquirió catorce fincas en Las Cabañas, un pequeño núcleo rural junto a Brañes. Vivió durante una temporada en una casa de la zona, sin embargo su estado de conservación no era el más adecuado: «Estaba lleno de ratas y no tenía agua ni saneamiento». Cuando Ermakov se casó y su mujer se quedó embarazada decidió reformar este chalé y contactó con el arquitecto Álvarez Suárez del Villar.

Depositó en él, dijo, su «plena confianza» y espero a obtener todos los permisos para comenzar las obras de restauración: «Yo sin licencia no hice nada y esperé por el permiso de rehabilitación un año», declaró. El procedimiento se demoró «tanto» que el empresario se hartó. Pidió una solución y le «ofrecieron la posibilidad de poner una caseta prefabricada de madera de forma provisional» donde habitar. Sin embargo, ayer el arquitecto rebatió ayer estas palabras argumentando que este edificio prefabricado no podía ser usado como vivienda, sino que allí sólo se podían guardar los «documentos referidos a la obra y se instalaría un baño para los obreros».

A pesar de esta advertencia, Ermakov contrató al constructor portugués Nuno Miguel para hacer la base de hormigón de la vivienda junto a los muros y después, Sergio Crespando colocó la estructura. Poco antes de acabar las obras de esta caseta, la Policía Local visitó las fincas y paralizó los trabajos. «Cuando la construcción se detuvo pensé que era por un problema de licencias y no sabía que se iba a derribar. Es más, con las explicaciones que me daba el arquitecto pensaba que se podía legalizar la situación», acusó.

Ahora la familia Ermakov vive en un edificio del centro de Oviedo. La vivienda fue derruida el 28 de diciembre de 2016 después de que el Tribunal Superior de Justicia de Asturias ordenase echar abajo la caseta de madera por estar construida en medio de un suelo protegido y no urbanizable como es el monte Naranco.

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