«En literatura mezclar realidad y ficción es casi obligatorio, es una verdad elemental»

«En literatura mezclar realidad y ficción es casi obligatorio, es una verdad elemental»
Javier Cercas, en una imagen reciente. / JOAN TOMÁS
Javier Cercas. Escritor, visita esta tarde el Teatro Campoamor

«La equidistancia es uno de los temas que sobrevuelan mi último libro. No tengo duda de que los republicanos tenían la razón política»

DANIEL LUMBRERASOVIEDO.

El próximo escritor en visitar las tertulias literarias del Teatro Campoamor, hoy a las 20 horas con entrada libre, es Javier Cercas (Ibahernando, 1962), autor de conocidas novelas históricas como 'Soldados de Salamina'. Saca un tiempo en medio de un viaje para charlar.

-¿Cuáles son sus experiencias anteriores en Oviedo?

-La primera vez que estuve en Oviedo fue con Gonzalo Suárez, ovetense de pro, sobre quien escribí un libro. Desde entonces he vuelto muchas veces, y siempre lo he pasado maravillosamente.

«Veo el asunto catalán mal. Predigo que tardará mucho tiempo en arreglarse»

-¿Qué quiere compartir con el público del Teatro Campoamor?

-Lo que me pregunten. Detesto las conferencias, porque ya sé lo que voy a decir; prefiero los diálogos abiertos, porque siempre surgen cosas inesperadas.

-En sus novelas mezcla realidad y ficción. ¿Puede despistarse alguien?

-En el periodismo no se puede mezclar la realidad y la ficción; en la literatura, sí: es casi obligatorio. Es asombroso que haya gente que no entienda esta verdad elemental. De hecho, la ficción pura no existe: es un invento de los que no saben lo que es la ficción; y, si existiese, no tendría el menor interés. Debería enseñarse en la escuela.

-¿Qué busca con la última?

-Formular una pregunta compleja de la manera más compleja posible. En este caso, una que atañe a la herencia de la guerra civil, encarnada en Manuel Mena, tío de mi madre, un chaval de una familia de pequeños propietarios rurales extremeños que en 1936 se alistó en las tropas rebeldes y después murió en la batalla del Ebro. Ese es el protagonista del libro y la pregunta que plantea: ¿Merece la pena jugarse la vida por las ideas en las que uno cree, incluso si esas ideas son equivocadas?

-Se habla mucho de la equidistancia. ¿Hay peligro de caer en ella al volver a la guerra civil?

-Es uno de los temas que sobrevuela el libro. No tengo duda de que eran los republicanos quienes tenían la razón política, porque eran quienes defendían una república democrática y los franquistas -empezando por mi familia- se equivocaron. ¿Eso significa que todos los republicanos eran buenos y todos los franquistas malos? Claro que no. Me he pasado la vida investigando la peripecia de Mena y no puedo decir que fuera peor que yo; al contrario: tengo todas las razones para pensar que era mejor, entre otras porque hizo algo que no sé si tendría el coraje: jugarse la vida por los valores en los que creía.

-¿Cuánto de usted hay en este último libro?

-Todo, espero. Si un escritor no es capaz de apostarse por entero en un libro, mejor que no escriba.

-¿Cómo ve el asunto catalán?

-Mal.

-¿Se atreve a alguna predicción?

-Sí: que tardará mucho tiempo en arreglarse.

-Publicó un artículo para defender a Woody Allen. ¿Qué le pareció quisieran retirar su estatua?

-No defendía a Woody Allen (o no sólo): defendía la presunción de inocencia. Si todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario, no vivimos en un estado de derecho: vivimos en el infierno.

-¿Qué está escribiendo ahora?

-Me niego a contestar esa pregunta a menos que sea en presencia de mi abogado.

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