«Don Luis siempre estaba dispuesto; no tenía doblez, no buscaba escalar»

Los asistentes al funeral completaron el aforo de la basilica. / A. PIÑA
Los asistentes al funeral completaron el aforo de la basilica. / A. PIÑA

Compañeros, amigos y personalidades llenaron San Juan el Real para despedir al sacerdote, letrado y profesor Luis González Morán

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Sacerdote en Oviedo y León, profesor de Derecho, abogado, capellán de la Policía, amigo... todo eso fue Luis González Morán. Quienes lo conocieron en alguna de esas facetas abarrotaron ayer la basílica de San Juan el Real para darle el último adiós. No quedó hueco en ningún banco y decenas de personas siguieron el funeral de pie, en los pasillos.

La ceremonia la presidió el arzobispo, Jesús Sanz Montes, quien relató «la última prédica» del fallecido en la Casa Sacerdotal, donde pasó sus postreros días. Allí lo halló en su habitación, con la luz apagada y los libros cerrados: «Estoy aprendiendo la última lección, esa que no se lee en los libros, que te recuerda que no sabes nada. También, tanto bello y bueno que Dios me regaló». Se despidió con «la humilde gratitud de quien al final del camino quiere cantar su acción de gracias».

El mitrado reveló «las conversaciones y discreta correspondencia» con Morán sobre las cuestiones de la diócesis, siempre «con buen talante, sensatez, profunda formación y amor por las personas». Recordó su doctorado en estudios bíblicos y su origen leonés; algunos compañeros de Astorga estuvieron presentes.

Álvaro Iglesias, anterior párroco de San Juan, LO describió admirado: «Fuimos compañeros cuarenta años. Era un sacerdote entregado, gran amigo de la Ciencia. Siempre estaba dispuesto a colaborar. Pero lo que más ensalzó fue que «era humilde, nunca hizo gala de su sabiduría. No tenía doblez, no buscaba escalar».

Numerosas personalidades sociales acudieron a la ceremonia. Estaban la presidenta de la AECC, Margarita Fuente; la presidenta del PP de Asturias, Mercedes Fernández, 'Cherines'; el artista Juan Méjica o la pianista Purita de la Riva. También la catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Oviedo Paz de Andrés, quien estudió Derecho con Morán de 1971 a 1975.

De Andrés recordó con cariño «tardes de trabajo en común». «Era muy inteligente y generoso», además de «un jurista de gran prestigio». En la Universidad también coincidió con el decano de los notarios, Esteban Fernández-Alú, quien distinguió al fallecido como «una persona muy preparada, con una manera de pensar firme y coherente con su estado». «Tenía un humor que también criticaba los desvíos de la sociedad», añadió.

Desde Madrid, Javier de la Torre, director del máster de la Universidad Pontificia Comillas en el que Morán dio clase, ponderó su valía académica: «Fue el primero que creó un estudio más serio del bioderecho. Escribió un manual de mil páginas, el primero de España, que es una referencia». Debido a que una hermana suya era Down, «tenía especial sensibilidad hacia la discapacidad y el aborto; escribió un libro muy importante sobre el tema, involucrado de manera amigable en la defensa de la vida y una legislación no tan dura».

Tras el funeral, las cenizas fueron inhumadas en un columbario de la propia basílica.

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