La magia de los Reyes rompe récords

El Rey Baltasar saluda a los numerosos congregados./ FOTOS: MARIO ROJAS
El Rey Baltasar saluda a los numerosos congregados. / FOTOS: MARIO ROJAS

Sus Majestades desfilan ante cien mil ovetenses arropados por un séquito de 1.600 personas | «Les deseo un año muy feliz y que el Real Oviedo y el Sporting suban los dos a Primera División», dijo Gaspar a los ovetenses

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

«Los Reyes se volcarán y traerán una tarde sin lluvia a pesar de las predicciones meteorológicas». Y las palabras del príncipe Aliatar se cumplieron: ni una gota, ni una mala cara, ni un incidente ensombreció una cabalgara de auténtico récord. 1.600 miembros de la corte de Sus Majestades, más que nunca, los acompañaron por las calles del centro de la ciudad y, según el concejal de Festejos, Roberto Sánchez Ramos, 'Rivi', «con datos de la Policía, es la mayor de los últimos años en participación, unas 100.000 personas». Eran cifras provisionales, pero solo había que echar un vistazo: siete y hasta ocho filas de personas se agolpaban en la calle Uría, encaramándose en cualquier estructura alta para ver el desfile, más los muchos que salieron a los balcones.

Algunos niños, como los Rodríguez (Daniel y Sergio, de 8 años, y Marta, de 10) cogieron sitio una hora y media antes del comienzo. La más entusiasta era Marta, a la que le gustaba «todo». «Vengo todos los años», aseguraba Daniel, deseoso de cazar algunos caramelos, una misión para la que aguantó hasta el final de la cabalgata. Los ayudantes de los Reyes repartieron media tonelada de dulces a manos llenas, muchos de los cuales cayeron al suelo. Pero los cortesanos que pasaban después los recogían y se los acercaban, y hasta algún serio policía se agachó y entregó alguno con una sonrisa.

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En lo que batió récords la cabalgata, pero en negativo, fue en la presencia de animales. Este año desaparecieron las llamas y los burros y el pequeño Sergio echó de menos a sus favoritas, las ocas amaestradas. Pero no faltaron los caballos, que encandilaron con sus cabriolas en la losa y desfilaron con disciplina, incluso en los tramos más estrechos, como la calle Pozos.

Los asistentes bailaron con los villancicos y con Raphael y echaron en falta a las ocas

Pero no hay magia que destrone a los Reyes Magos, que arrancaban vítores y llamadas a pleno pulmón de todos los niños, bastantes padres y hasta abuelos. Nerea Sastre, de 8 años e incondicional del evento, aguardaba ilusionada su llegada. Pero solo para verles pasar, ya era inútil pedir nada: «Ahora es la cabalgata y no me van a escuchar».

Gaspar quiso dar un pequeño discurso real para los ovetenses: «Les deseo un año muy feliz y que el Real Oviedo y el Sporting suban los dos a Primera División. Lo hizo en la que fue la primera cabalgata organizada por la Fundación Municipal de Cultura (FMC), tras dejar el Ayuntamiento de financiar a la SOF (Sociedad Ovetense de Festejos. Pero el cambio no se dejó notar.

Villancicos y colores

El ambiente de alegría y de ilusión creado por la magia monárquica y una temperatura agradable encontró su refuerzo perfecto en la música que tocaron nueve agrupaciones que desfilaron. Los asistentes corearon y hasta saltaron al ritmo del 'Navidad, dulce Navidad' de la Agrupación San Salvador. Y aún más cuando, pasando Fruela, se animaron con 'Mi gran noche', del conocido Raphael.

Es una cita bonita para los que repiten año tras año en el desfile (algunos venidos de Galicia o de Castilla), pero aún más para los debutantes, como Gabriel O'Schea, de la Banda de Música Ciudad de Oviedo: «Me hace mucha

ilusión desfilar en mi ciudad. Es muy bonito ver la sonrisa en la cara de los niños».

La cabalgata tiene un aire muy clásico e historicista, basado en la fantasía oriental del escenógrafo avilesino Fernando Wes, en los años 60. Pero este año, dirigida una vez más por Luis Antonio Suárez, tuvo un nuevo brillo gracias a los 200 trajes alquilados en la reputada sastrería madrileña Cornejo. Algunos habían aparecido en grandes producciones como 'Peter Pan', 'Ágora' (de Amenábar), '55 días en Pekín' o 'El Reino de los Cielos'.

Estas comitivas de los reinos y civilizaciones de Oriente Medio destacaban por su rico colorido. Amarillo los de Etiopía, Basora y Babilonia, celestes Turfán y Rajastán, o verdes y faraónicos los de Assuán. Llamaban la atención los escudos de Esmirna y los sombreros como de ala de mosca de Kambaluk, que algún niño quería arrancar.

Algunos personajes destacaron por su simpatía, como el embajador de Nínive, que descendió del palio. El visir de la multicolor Sarmarkanda, Al-Valiño, bromeaba pertrechado con una gran lanza: «Que no se porten mal, que les doy». No escaparon a algún que otro reproche, como el de una madre que preguntaba: «¿Trajisteis todos los paquetes? Están muy preocupados».

Cerraron la marcha el siempre querido coche de bomberos Laffy de 1929 y un camión con los regalos de última hora de los Reyes. La eficaz brigada de limpieza que iba detrás se ocupó de que en un instante las serpentinas y el confeti desaparecieran casi mágicamente.

Durante la cabalgata, Aliatar hizo una segunda predicción, que cabe esperar que se cumpla: «Veo cada vez mejor a los niños de Oviedo, más alegres, y esta noche van a ser premiados por Sus Majestades a base de bien».

La Corredoria y a las casas

Sus Majestades, con un conjuro secreto, visitaron casi a la vez La Corredoria, desde la calle Riera hasta el colegio del mismo nombre que el barrio. Una cita que empezó como una aventura de unas pocas costureras y que ya ha cumplido un cuarto de siglo. Trajes de asturiano, cabras, gallinas y hasta bueyes, junto con mucha gente, los acompañaron en el trayecto.

Los Reyes aún sacaron tiempo para pasarse por Trubia y Olloniego antes de repartir regalos por las casas de todo el concejo esta madrugada. ¡Hasta el año que viene!

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