Más de medio siglo de historia y de tabaco que se esfuman

Xosé Nel Navarro en el histórico estanco. /P. LORENZANA
Xosé Nel Navarro en el histórico estanco. / P. LORENZANA

Xosé Nel Navarro relata la historia del popular establecimiento que regentaba su abuela, 'Fefa, la del Estanco' que cierra sus puertas

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Cierra el estanco de Fefa tras más de setenta años de historia ovetense (1942-2017) en la calle Coronel Tejeiro, hoy Samuel Sánchez. La abuela de la saga, Josefa Muñiz, viuda de guerra, abre en 1942, fruto de «una concesión del bando ganador. Si hubieran tenido en cuenta a la persona del abuelo represaliado otras hubieran sido las consecuencias», matiza Xosé Nel Navarro, último vástago y emblema del negocio familiar.

La historia del estanco, en los inicios, es la de la venta de tabaco por una ventana, donde la viuda, y dos de sus hijas, Chelo y Josefa, sustentan la empresa familiar. Primero a la orilla izquierda de la calle (junto al bodegón Pénjamo), andando el tiempo en la contraria. Su entorno no es nada pobre: «Es el de los chalés de Ramiro I, y el de la venta de leche, aceite y un poco de todo, porque todo eso del cerco de Oviedo es mentira en este aspecto, se vendía lo que quisieras de estraperlo sin rebuscar demasiado», añade Navarro.

La ventana ilegal dio paso en los años del desarrollismo (década de los 50 a los 60) a un local que llega a tener en su parte trasera una habitación para alquilados. Una de las hijas encuentra trabajo en Telefónica y la otra continúa con el negocio, casándose con un vasco, con mucho de riojano, padre de Navarro. Navarro padre es policía armado, carlista y se desvive por el negocio en unos años muy precisos de la ciudad de Oviedo: «La losa, como es de suponer, no existía, y esto era todo zona rural. 'Vamos a subir a Oviedo', se decía. Vacas, casitas de planta baja y el 'barrio rojo' de Oviedo, La Argañosa, fue declarada sóviet y había una actividad sindical apabullante», explica Navarro hijo.

El estanco vive las cartillas de racionamiento de los años 50: «Entonces, como decía mi padre, 'no se moría nadie'. Le quitaban la cartilla al muerto para seguir sacando tabaco y comerciar con él de estraperlo. Eran los tiempos de Ideales, del tabaco de picadura, de caldo de gallina, un cigarrillo normal y rubio era para ricos. El estanco entonces era representación del Estado y centro social. La red de estancos llegaba a todas partes, mucho mejor que internet, y todo eso se ha echado a perder. Cualquier producto podía llegar en un día a donde fuese. Todo se pagaba por letras, con papel de pagos del Estado: se cortaba una parte para el pagador, en una multa, por ejemplo, y otra para el Estado. No hubo, de esta forma, dinero negro en la vida. Tabacalera ganaba lo que no está escrito».

El Teniente Coronel Teijeiro (castellanizado como Tejeiro) entra con la columna gallega en la ciudad, pronto quiere hacerse con el 'barrio rojo' de la ciudad (Argañosa/Vallobín), ve sus dos puentes como estratégicos y el conflicto queda marcado en muchos edificios del principio de Samuel Sánchez donde todavía hoy se observan restos de metralla de aquellos años. La plaza del Coronel Tejeiro, entonces, también lo es de la Liberación, La Argañosa sigue siendo paso diario de peregrinos y el camino natural hacia Galicia, el convento de clausura del mismo era más admirado que la Catedral. Navarro recuerda la situación siguiente: «En el 57 se acaba el racionamiento, y las potencias mundiales ganadoras de la guerra, cada cual la suya, se reparten el mundo del tabaco. Las grandes multinacionales son Reinolds (Winston, Camel...) frente a Philip Morris (Marlboro, Chesterfield...). Los líderes de opinión hacen que la venta de tabaco rubio prospere, América es el paradigma y el deseo. Se acaba con tabaco de calidad, por ejemplo, hecho en la fábrica de puros de Gijón o el de la emigración. A partir de ahí, veinte años duros de guerra Winston/Marlboro y unos años, no te voy a engañar, muy golosos cara a ventas», matiza Xosé Nel.

¿Por qué un estanco con setenta años de antigüedad quiebra en el centro de Oviedo?. Navarro lo tiene claro: «Esta ciudad es un geriátrico, en Oviedo no hay jóvenes, unos pocos en La Corredoria o La Florida, del resto olvídate. Los jóvenes, de haberlos, tampoco quieren heredar las drogas de sus padres, y eso que yo fui número uno de Asturias en promocionar el tabaco de liar, que logré vender por cantidades industriales. O mira, a este respecto, el mundo del vino: supo reconvertirse, porque era de viejos, beber vino era lo peor y hoy no pasa. Desde otro ángulo: no nos creíamos europeos y ya ves: prohibido fumar en las cafeterías y la cajetilla a cinco euros. Todo son impuestos sobre el tabaco, directos, pero en las máquinas, también indirectos: el bar tiene que pagar por la máquina, por lo que hay dentro, y un plus de impuestos... No hay derecho. Yo no puedo aparecer con una camiseta de una marca en un programa de la tele, por ejemplo, está prohibido, ni regalar un mechero con una cajetilla, para eso la marca tiene que pagar al comisionado y ya entonces, sí, puede regalarse. Hoy no hay contrabando, ciertamente, pero mucha gente compra por internet y en paraísos fiscales, Gibraltar, por ejemplo. Es el drama del minorista: vas a él a ver de qué producto se trata y, cuando ya tienes la referencia, lo compras por el ordenador. Pasa con todo: desde chorizos a sandalias».

Los cierres en Samuel Sánchez de comercio minorista discurren en cascada: al menos seis locales, entre los que se encuentran charcuterías, bodegas de vino, bares y un amplio abanico. El estaco de Fefa cierra sus puertas tras más de medio siglo y Navarro, fortuitamente, ha encontrado trabajado en la hostelería, Sidrería La Pumarada, tras un curso exprés del Principado como 'maitre'. Le salva su vocación literaria, a la que dedica muchas horas en los pasquines históricos que vende a un euro y un futuro en el que resucitar la herencia recibida es mucho más que una obsesión.

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