Monseñor corona los Alpes

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, reconocido montañero, acaba de colocar la bandera asturiana en la cima del Breithorn, un pico suizo de 4.200 metros

El arzobispo de Oviedo, en lo alto del Breithorn. /Arzobispado de Oviedo
El arzobispo de Oviedo, en lo alto del Breithorn. / Arzobispado de Oviedo
DANIEL LUMBRERASOVIEDO.

La montaña acerca a Dios. En la cumbre del monte Ararat encalló el Arca de la Alianza y en el Sinaí dio el Todopoderoso sus Diez Mandamientos a Moisés. Así que quizá en busca del Altísimo se ha ido estos días a Suiza el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes (Madrid, 1955). Y, allí, en lo alto del Breithorn, cima de los alpes peninos de 4.200 metros de altitud, el mitrado clavó anteayer con una sonrisa la bandera del Principado. «Una dura ascensión que culminó felizmente y con un recuerdo especial a todos los asturianos», relató el propio arzobispo en sus redes sociales.

A Juan Pablo II lo llamaban el ‘Papa montañero’ y Sanz Montes no le va a la zaga. Esta última aventura, en la que estuvo acompañado por los sacerdotes Pedro Estaún (español residente en Suiza) y José Carlos Seijo (cura de la Prelatura del Opus Dei que ejerce en Oviedo), es una de sus muchas escapadas a la montaña, a la que es un conocido aficionado. Yasí, disfruta yendo a lugares como los Picos de Europa o las Ubiñas, en compañía de los jóvenes. La Federación Asturiana de Montaña le dio incluso su carné de miembro en 2013, invitándolo a subir con ellos al Santuario del Acebo. Y este año no se perdió, en el Occidente, la travesía ‘Costa naviega’, de veinte kilómetros. Solo la enfermedad, como el tumor renal del que fue operado en 2014, puede disuadirlo de una escapada. En aquel caso, quería ir a Polonia y no pudo ser. Todavía el pasado 6 de agosto, fiesta de El Salvador, patrón de Oviedo, el arzobispo conectó su homilía con el episodio de la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, Galilea: «Siempre me conmueve otear allí lo que Jesús y sus más allegados pudieron contemplar».

Con el castizo dicho de ‘hagamos parada y fonda’, recordaba en aquel sermón monseñor que la montaña simboliza el refugio de los momentos buenos de la vida: «No tengáis miedo, bajad y emprended vuestro camino, que Alguien que vela por vuestra felicidad trazó».

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