La música suena en la Facultad

Un ensayo en la Escuela de Minas. / A. PIÑA
Un ensayo en la Escuela de Minas. / A. PIÑA

La Universidad de Oviedo recupera su orquesta tras tres décadas de parón | Pedro Ordieres recoge el testigo que inició su padre en 1979 con el concierto de Navidad en la Catedral el próximo 18 de diciembre

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Entrar en la Escuela de Minas un miércoles por la tarde es acceder a un maremágnum de sonidos. Violines, trompetas o clarinetes indican que algo se cuece en su interior. No en vano, es el día de ensayo de la Orquesta de la Universidad de Oviedo. Estas semanas las prisas y nervios se palpan en el ambiente, en ciernes tienen un evento importante: el concierto de Navidad de la Universidad en la Catedral junto al coro de la institución universitaria. Será el próximo 18 de diciembre. Este será su segunda actuación, después de su estreno oficial como orquesta el pasado 17 de noviembre en Vegadeo, dentro de las actividades del IX Foro Comunicación y Escuela.

La historia de la Orquesta de la Universidad arrancó en 1979, cuando Pedro Ordieres creó la formación y se convirtió en su primer director con Teodoro Cuesta como rector. Fue la primera orquesta universitaria de España. Estuvo en activo hasta 1987 cuando su director tuvo que dejar el cargo a consecuencia de la Ley de Incompatibilidad, ya que también era concertino de la Orquesta Sinfónica de Asturias. Treinta años después, a su hijo Pedro Ordieres se le metió entre ceja y ceja relanzar la orquesta. Se lo propuso al actual rector, Santiago García Granda, recién elegido en el cargo, y hoy es una realidad compuesta por cincuenta jóvenes universitarios o vinculados a la Universidad. «El ochenta por ciento de los músicos son universitarios con estudios musicales que buscan pasárselo bien con la música», expone su director.

Ninguno de sus componentes cobra pero sí reciben una beca y créditos universitarios para sus correspondientes carreras. Su director lleva con orgullo ser el 'heredero' de un proyecto que empezó su padre. «Para mí esta orquesta es muy importante, porque es parte de algo imborrable de mi infancia, cuando acudía con mi padre a sus conciertos. Me daba tanta pena que en España hubiese orquestas universitarias y nosotros que habíamos sido los primeros estuviésemos aparcados», reflexiona el director.

Por amor a la música están los componentes de la orquesta. «Estoy en esto porque me lo paso bien», apunta Edgar Zaragoza, trompetista de la formación. Emma Quijada y su violonchelo están por eso y por algo más: «Es una actividad cultural que se suma a la propia formación universitaria». Compatibilizar universidad y orquesta es uno de los retos a los que se enfrentan. «Es lo más difícil», resume Jesús Sánchez, violinista, mientras apuran los segundos para ensayar el concierto de Navidad. El tiempo corre.

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