Ningún mando controlaba la extinción del fuego en Uría cuando se derrumbó el edificio

Francisco Pérez Platas, David Palacio y Marta Valle a la llegada al Juzgado de lo Social número 2 de Oviedo./FOTOS DE ALEX PIÑA
Francisco Pérez Platas, David Palacio y Marta Valle a la llegada al Juzgado de lo Social número 2 de Oviedo. / FOTOS DE ALEX PIÑA

Los responsables se contradicen para exculparse del accidente mortal del bombero Eloy Palacio

ROSALÍA AGUDÍNOVIEDO.

Ningún mando controlaba la extinción del fuego en Uría, 58, a las cuatro de la tarde de aquel 7 de abril de 2016. Sobre la cesta, dos bomberos, Eloy Palacio y Juan Carlos Fernández, 'Cuni', decidieron bajarse y subirse al forjado ante la resistencia de las llamas. Apenas cinco minutos después se desplomó. Palacio murió y 'Cuni' resultó herido leve. Esta es la principal conclusión en la que todos coincidieron ayer en un juicio, lleno de contradicciones, para dirimir la responsabilidad civil del Ayuntamiento en el fallecimiento del funcionario.

La sesión arrancó a las diez de la mañana en el Juzgado de lo Social número 2 ante la imposibilidad de las partes de cerrar un acuerdo previo ante la negativa municipal a reconocer que el siniestro se debió a una deficiente gestión en la coordinación y por la falta de medios. La familia reclamó ayer en la vista oral 230.000 euros más los gastos por los daños morales ocasionados y el lucro cesante. En total, 600.000 euros. El Ayuntamiento y la aseguradora le ofrecieron 397.807 euros, pero mantuvieron que la muerte de Palacio se debió a él «en exclusiva» por su «exceso de celo» y «confianza». Un extremo que impidió el pacto, ya que la viuda de Palacio, Marta Valle, y sus hijos no descansarán hasta que se reconozca la profesionalidad del bombero.

«A ambos se les dio la orden de que atacasen las llamas desde el exterior del inmueble y la incumplieron. Había riesgos por la magnitud del incendio y por los materiales de los que estaba hecho en el edifico», justificó en el juicio el por aquel entonces jefe del servicio, José Manuel Torres. El público le recriminó estas palabras: un murmullo invadió la sala y la jueza amenazó con expulsarles pero no hizo falta. La viuda, por su parte, pasó parte de la sesión llorando y cogida de la mano de su hijo David Palacio, muy emocionado también.

En el exterior, una veintena de bomberos apoyaron a la familia. Portaron una pancarta que exhibieron el día anterior durante la celebración del patrón del servicio, San Juan de Dios, y donde ponían de manifiesto que «todos somos Eloy».

'Cuni' fue el primer testigo en declarar en el juicio, que se prolongó durante cinco horas. Dejó claro que las órdenes que recibieron durante las labores de extinción fueron contradichas por los propios mandos.

El subinspector Juan José Puente les pidió hacia la una de la tarde que atacasen las llamas del edificio de Uría desde el exterior y se aseguró de que «todos los efectivos recibieron el mandato». Los techos del inmueble se habían derrumbado, pero no había nadie en su interior. Sin embargo, dos horas más tarde fue el propio Torres quien se subió al balcón de la primera planta, rompió los cristales y luchó contra las llamas.

«Para mí esta situación es tener un contacto directo con el edificio y presupuse que a las cuatro de la tarde esta orden (la de extinguir el incendio desde el exterior) ya no estaba vigente», advirtió 'Cuni'. Pocos minutos después un ruido extraño invadió el edificio. Eran los primeros síntomas de que la cornisa se iba a desplomar. El estruendo fue a más y el edificio empezó a temblar. «Intenté saltar pero no pude. Cuando caí, pedí auxilio por la emisora. Nadie me oyó. Decidió salir por una ventana cuando me quedé sin aire. Si no llego a hacerlo hubiese muerto asfixiado», explicó a preguntas del abogado de la defensa, Francisco Pérez Platas.

Torres no estaba en la calle Uría cuando el edificio colapsó. Tampoco ninguno de los otros mandos del servicio. Puente se encontraba supervisando las labores de extinción de Melquíades Álvarez; el inspector Luis Díaz Montes caminaba por la confluencia entre ambas vías; y cerca de él estaba el jefe de Bomberos, José Manuel Torres. Sin embargo, estos dos últimos efectivos se contradijeron sobre quién estaba supervisando el fuego de Uría: Torres declaró que «al frente del operativo estaba Díaz Montes», y este rebatió que era él quien se hacía cargo de lo que pasaba en el momento justo del desplome. Ante esta situación, Pérez Platas lamentó que «ningún mando estuvo presente en el derrumbe en la calle Uría».

No fue la única controversia que se escuchó en sala. El inspector Díaz Montes relató que antes del fatídico accidente subió al edificio que está enfrente de Uría,58 y observó cómo la chimenea era inestable, sin embargo no avisó a los bomberos del peligro: «Nadie nos advirtió del riego de colapso. Bajamos de la cesta sin los anclajes porque no había riesgo de caída», aseguró 'Cuni'.

Falta de agua

Los bomberos y los mandos volvieron ayer a ofrecer una versión distinta sobre si hubo agua suficiente el día del incendio. 'Cuni' aseveró que en los momentos que estuvo en el brazo articulado abría el grifo «durante dos minutos y luego no había más». Asimismo, los bomberos José Ramón Díaz y Rafael Pérez explicaron que desde el principio hubo problemas con los hidrantes y siguieron de forma «constante». Torres, por su parte, rechazó la escasez de agua.

También hubo diferentes opiniones en cómo se organizaron los equipos de oxígeno. Para el exjefe de Bomberos, hubo una organización clara: «Dos personas se encargaban en Uría de separar los aparatos llenos de los vacíos y en la base de Rubín había otros efectivos que rellenaban estas botellas». 'Cuni' rebatió esta versión afirmando que cuando bajó de la cesta tuvo que probar cuáles estaban llenas para poder seguir con las labores de extinción.

Sigfrido Fernández, subinspector del cuerpo, se quejó que durante el operativo Torres no esta localizable. Es más, tuvo «que tomar decisiones que competían al jefe, ya que no contestaba» a sus peticiones ni por el móvil del servicio ni por la radio.

Ante esta situación, Pérez Platas lamentó que ese día «no hubo coordinación, ni plan de seguridad y falló tanto el agua como las comunicaciones», y ese día falleció Eloy Palacio.

El juicio ha quedado visto para sentencia.

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