«El niño nunca se quejó del dolor y jamás fue mi intención hacerle daño»

El acusado de provocar graves quemaduras a un menor de tres años al bañarlo termina el juicio llorando y se declara inocente

ROSALÍA AGUDÍN OVIEDO.

«Jamás fue mi intención hacerle daño». Con lágrimas en los ojos terminó ayer el hombre acusado de provocar graves quemaduras a un niño de tres años y nueve meses, hijo de una amiga, en la vista oral celebrada en el Juzgado de lo Penal número 1. Durante toda la sesión se declaró inocente y defendió que no sabía cómo pudo ocurrir este «accidente» mientras lo bañaba.

La Fiscalía, que solicita para él dos años de prisión, cinco de alejamiento sobre el menor de edad y una indemnización de 50.000 euros, lo considera una «imprudencia», pero le acusó en varias ocasiones de cambiar su versión de los hechos respecto a las declaraciones realizadas hace dos años. El imputado ayer insistió en su inocencia: «Tengo una ducha de la que sale el agua muy caliente si el caudal es bajo, pero si expulsa todo el chorro, la temperatura es óptima. El día de los hechos, abrí el grifo después de que el niño tuviese diarrea y solo me ausenté del baño quince segundos para ir a buscar una muda nueva. Supongo que en un momento dado comprobé los grados del agua».

Los hechos ocurrieron el 21 de octubre de 2015. El niño conoció a los hijos del acusado en la guardería y los padres comenzaron a hacer planes juntos: «El pequeño a veces se quedaba a dormir en mi casa y mis hijos también han pasado la noche en su domicilio», detalló.

«Abrí el grifo y solo me ausenté quince segundos para ir a buscar una muda»

Tanta confianza había que el día del «accidente», el acusado fue quien buscó al niño a su colegio. «Nuestros hijos ya no iban al mismo centro educativo y tras recogerlo, los cuatro fuimos hasta el Campo de San Francisco». Mientras los pequeños se lo pasaban en grande, la abuela materna acudió hasta este parque para ver a su nieto. «Me acerqué y el niño me dijo que quería ir a mi casa, pero después cambió de opinión y prefirió irse al domicilio de sus amigos».

Los tres menores y el acusado se dirigieron a la vivienda en el centro de la ciudad sobre las ocho de la tarde. Comenzaron con los baños y después llegó la hora de la cena. «Soy muy disciplinado y aunque no sabía si el niño se iba a quedar a dormir en casa, lo bañé». Mientras los pequeños jugaban en el agua, la madre del pequeño, enfermera de profesión, envió un mensaje al acusado. No había podido recoger al niño del colegio porque había sufrido un accidente de tráfico y pasadas las 20 horas acudió al domicilio del imputado.

Cambio de planes

«En un principio nos íbamos a ir a casa y cuando llegué a Oviedo le mandé un whatsapp diciéndole que bajase a mi hijo al portal». La respuesta fue que los tres pequeños estaban bañándose justo en este momento. Fue entonces cuando la mujer decidió aparcar su coche en una zona de carga y descarga de la calle Melquíades Álvarez y subió hasta el domicilio. «Ese día yo no me encontraba bien por culpa del accidente y me convenció para que me quedase a dormir», declaró para justificar el cambio de planes. Horas después, ella recordó que tenía el vehículo mal aparcado y bajó. Durante los «quince minutos» en los que se ausentó, el pequeño se despertó. Decía que tenía pis, pero tenía diarrea y no llegó hasta el servicio. Al mancharse, el acusado decidió bañarlo de nuevo.

Cuando la madre regresó, el pequeño estaba «jugando» con el imputado. De pronto se percató de que tenía la piel roja. Ante esta situación, mandó al acusado hasta su casa a buscar una crema «que me traen de Santander y hace una señora». Tras aplicársela, la rojez no mejoró y la mujer decidió llevarle al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Allí vio que el niño tenía muchas ampollas y «me quedé en shock».

El menor permaneció ingresado en la UVI durante cuarenta y dos días. Sufrió quemaduras de primer y segundo grado. En algunos momentos los médicos barajaron trasladarlo al Hospital de Grandes Quemados de Getafe. Cuando fue a recibir el alta, el crío confesó que el padre de sus amigos «le había hecho daño con la ducha». Además, ha tenido que pasar varias revisiones con un fisioterapeuta y un especialista en cirugía plástica. Nunca podrá volver a tomar el sol.

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