Los nuevos colores de Geología

El director del museo atiende a un grupo de alumnos de Bachillerato del IES Alfonso II./D. A.
El director del museo atiende a un grupo de alumnos de Bachillerato del IES Alfonso II. / D. A.

El museo de la facultad reabre con novedades como una fluorita de 160 kilos extraída en Siero | «He aprendido muchas cosas interesantes»,dice uno de los escolaresque visitó la instalación, abierta al público conun millar de muestras

DANIEL LUMBRERAS

Lena, la protagonista de ‘Nosotros, los Rivero’, jugaba con los animales del Gabinete de Historia Natural del viejo edificio de la Universidad de Oviedo. Un lugar de prodigios que los sucesos de la Revolución del 34 borraron del mapa. Sobre su espíritu y el meteorito de Cangas de Onís, único superviviente, se levanta el Museo de Geología, recientemente reabierto en la facultad de Llamaquique.

Este meteorito es una de las principales atracciones del museo. En realidad, forma un conjunto con doce fragmentos, el más amplio del mundo, con tubos que representan los trozos restantes. La estrella es una nueva y considerable parte donada el pasado diciembre por los descendientes del farmacéutico que la encontró cuando cayó, aquel 6 de diciembre de 1866.

En segundo lugar, el director del museo, Luis Rodríguez Terente, exhibe orgulloso la cámara fluorescente, «la única de España». En la oscuridad, los minerales brillan en vistosos colores: verde, morado, rojo, azul... una amplia escala. Y, además, con la luz apagada, un truco con la radiación ultravioleta que juega con la percepción visual del visitante. Él apuesta por la interactividad: «Somos la Universidad, tenemos que enseñar algo».

La tercera singularidad del museo es una enorme fluorita encontrada en Siero, que es la más grande hallada en Asturias y se expone ahora por primera vez. «Nos la ofrecieron y la compramos entre 32 amigos, la regalamos al museo por la inauguración. Es excepcional por el tamaño, son 160 kilos y 90 centímetros de longitud», informa el director, antes profesor universitario y ahora conservador a tiempo completo. Él carga con toda la responsabilidad, con la sola ayuda de una empleada que controla el acceso.

El museo abrió sus puertas como una exposición en 2001 de la mano del propio Terente y de su maestro, el desaparecido profesor Dámaso Moreiras. En junio de 2016 cerró para someterse a una intensa remodelación que finalizó el mes pasado: ahora cuenta con puerta al exterior, más del doble de metros cuadrados (de 114 a 300) y un 30% de los materiales nuevos.

Arriba, el director del museo atiende a un grupo de alumnos de Bachillerato del IES Alfonso II. Abajo a la izquierda, vitrina dedicada a la cristalografía; a la derecha, fragmento principal del meteorito de Cangas de Onís. / Damián Arienza

La obra en sí no fue tan complicada, pero fue necesario casi un año para amueblar, conseguir material nuevo y los permisos para intervenir en el edificio departamental, cuya forma está inspirada en un amonite y es obra del arquitecto Ignacio Álvarez Castelao. Ahora mismo hay expuestas un millar de piezas de las «más de 32.000 muestras» que tiene el Departamento de Geología. «Mi empeño es ir mejorando ejemplares, nunca fue un museo estático. Tenemos donaciones y adquisiciones, en torno a 500 al año», apunta Terente.

La colección, toda ella con sus etiquetas y parte con aumentos al microscopio, es variada: desde cristales a fósiles de moluscos prehistóricos. Está la escala de Mohs, con sus diez minerales ordenados por dureza desde el talco hasta el diamante (este último, de pega) y hasta petróleo sacado del mar frente a Colunga en los años setenta. Y, para quien quiera saber o ver más, hay microscopios a disposición del visitante y documentos cartográficos.

Lo que faltaba, señala el director, era «un discurso», que no fuese simplemente un montón de rocas juntas. Y a ello se dedicó con la reapertura, a diseñar un recorrido. La primera parte es «un viaje al centro de la Tierra, como si empezásemos una perforación en la playa. Hay calizas, pizarras, arenas y meteoritos representando el hierro y el níquel del núcleo». Luego viene la formación del planeta, con sus minerales: oro, plata, cuarzo, pirita... Y, por último, la vida: «Todos los fósiles, amonites, trilobites, flora... Es la parte más pequeña, aún falta».

Terente atendió a EL COMERCIO tras guiar a una visita de alumnos de Bachillerato del instituto Alfonso II, que se quedaron encantados. «La geología no es que me mate, pero he aprendido cosas bastante interesantes. Al mirar con el microscopio los minerales no pensaba que los iba a ver de esa forma», comentó Carlos Barrerira. Elsa Presa encontró el recorrido «fascinante», sobre todo los juegos de la cámara fluorescente.

Además de las visitas escolares, que son el principal «cliente» del Museo, Terente recuerda a a los ciudadanos –muchos han descubierto su existencia al abrirse una puerta al exterior– que pueden visitarlo de manera gratuita todos los días laborables. El horario es de 16 a 19 horas. También se pueden concertar visitas guiadas.

Y la instalación tiene aún mucho futuro. El director quiere añadir aún ocho vitrinas más para fósiles de animales y una tienda de recuerdos. Además, la aplicación del museo, ya en marcha y que permite sacarse una foto con nuestro planeta en versión digital, será actualizada con nuevos contenidos para explorar el globo terráqueo y los distintos expositores en realidad aumentada. Lo que sí tiene claro Terente es que, en caso de traslado de la facultad a El Cristo, a los terrenos que ocupaba el viejo HUCA, la colección se quedará en su sitio: «Está ligado al Jardín Geológico», que recorre las edades de la Tierra a través de rocas que no caben en una vitrina.

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