«Me obligaron a abortar dos veces», dice una víctima de los Sandulache

«Me obligaron a abortar dos veces», dice una víctima de los Sandulache
P. Lorenzana

La segunda sesión del juicio por trata de seres humanos contó con el testimonio de tres de las once víctimas que pidieron «justicia»

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Las once víctimas de la red de trata de seres humanos liderada por los hermanos Sandulache, que se juzga estos días en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, estaban citadas ayer para declarar como testigos. Solo lo hicieron tres, ya que una cuarta se acogió a su derecho a no declarar por ser la actual pareja sentimental de C. A. S., uno de los procesados y líder de la red criminal. Tienen un hijo en común de 21 días.

Las tres mujeres que sí declararon coincidieron en señalar que «todas éramos unas víctimas». Así exculparon a las dos procesadas, y también víctimas, que prestaron testimonio este lunes. Están acusadas por Fiscalía de un delito de trata de seres humanos y de realizar tareas de vigilancia y control del resto de las chicas. «Todas recibíamos palizas», se escuchó en la sala en boca de una de las testigos protegidas. Declaró por videoconferencia y unos biombos impidieron cualquier contacto visual con los procesados.

La joven fue la que desencadenó las detenciones de los seis acusados en 2013. Logró escapar de la red criminal aprovechando un día que iba a realizar un giro postal a un locutorio. La ayudó un cliente. «Tenía que escapar, estaba en una presión máxima por las amenazas y palizas». Denunció los hechos y aprovechó la vista oral de ayer para agradecer el trabajo policial: «Mil gracias a la Policía por su apoyo», dijo.

C. A. S. «desde la cárcel, me ofreció 25.000 euros para que retirara la denuncia»

De las once víctimas obligadas presuntamente a prostituirse por los hermanos Sandulache fue la única que no sucumbió a sus amenazas para que cambiase su versión. C. A. S. «me ofreció 25.000 euros para retirar la denuncia», aseguró. El líder de los Sandulache le hizo esta proposición desde la cárcel. Logró localizarla y envió a otro de los procesados a buscarla para llevarla a un locutorio y contactar con él. «Me dijo que si no retiraba la denuncia mi familia y yo íbamos a morir porque aunque estuviese en la cárcel tenía gente que podía hacerlo por él».

La joven señaló directamente a C. A. S. y a S. V. S. como los que obligaban a las mujeres a ejercer la prostitución bajo amenazas. También acusó a dos hermanas de los procesados de ser las encargadas de vigilar a las chicas. «Ellas mandaban cuando los Sandulache no estaban», afirmó. Sin embargo, no están imputadas aunque sí llamadas a declarar como testigos el próximo 23 de febrero.

El segundo de los testimonios llegó también a través de videoconferencia. La joven que también escapó de los proxenetas, con la ayuda de un cliente, denunció los hechos pero reconoció que cambió de versión durante la fase de instrucción «por miedo». «Amenazaron a mi familia y a mí. No podía salir ni a la calle por el miedo», explicó. Relató episodios de violaciones y abortos. «Yo misma tuve dos abortos, me obligaron a ir a una clínica y a pagármelo con mi dinero». En cuanto a las violaciones reconoció que a ella no la agredieron pero sí presenció como a otra chica «la drogaron y violaron durante días». Acusó a C. A. S. de haberlo hecho. «Estaban desnudos y él intentaba despertarla para que reaccionase».

Máximo daño

Fue la misma joven que ayer declaró de manera presencial en sala y oculta tras unos biombos. «Me drogó y me dio a tomar alcohol», testificó. También describió como los acusados utilizaban elementos en sus genitales para «causar daño» durante las relaciones sexuales que obligaban a mantener a sus víctimas. «Era como unas bolas tipo 'piercing' que tenían en el pene. Se las ponían en la cárcel porque si no te las ponías no eras hombre», relató. Esta mujer contó que una vez recibió una paliza que estuvo varios días sin moverse. «Fue cuando se enteraron de que me quería ir. Me pegaron la cabeza contra la pared, no podía ni respirar y me decían que me iban a vender a los chulos de Italia». La mujer, entre sollozos, aseguró que «quiero que se haga justicia. No quiero que otras familias sufran lo que nosotras sufrimos».

La cuarta víctima que fue llamada a declarar como testigo rehusó a prestar declaración por ser la actual pareja de C. A. S. con quien acaba de tener un hijo. «Yo no soy víctima de nadie», espetó a la jueza cuando la magistrada le explicó los motivos de su comparecencia. Tras un tenso rifirrafe entre ella, la jueza y el abogado de C. A. S., Ricardo Álvarez-Buylla, declinó testificar. Pudo hacerlo por el grado de parentesco que le une al acusado, pareja y padre de su hijo.

La vista terminó con la declaración del chófer que trasladaba a las chicas a los clubs de alterne y con los usuarios del locutorio desde donde se enviaba el dinero de las mujeres hasta Rumanía. Hoy continuará la tercera sesión con la declaración de más testigos.

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