La oficina asaltada de Olloniego sigue cerrada una semana después

Servando Miguel intentando ayer entrar a la oficina robada de Olloniego, aún cerrada. / DANI MORA
Servando Miguel intentando ayer entrar a la oficina robada de Olloniego, aún cerrada. / DANI MORA

«Es una vergüenza que estemos así», claman los vecinos cuando se cumplen siete días del robo de 180.000 euros

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Olloniego intenta volver a la normalidad una semana después de que su sucursal bancaria sufriese un robo de 180.000 euros, el mayor en Oviedo desde los tiempos del atraco de ETA al Banco Herrero en 1979. De forma paralela, la investigación de la Guardia Civil continúa para detener a los ladrones que forzaron las cajas fuertes la noche del 5 al 6 de noviembre con lanzas térmicas y una radial.

Los operarios limpian las calles, hacen reformas en los negocios y hasta reparan la deteriorada iglesia. Pero la sucursal sigue cerrada. «No tenemos fecha, no depende de nosotros», explica la directora financiera, que sigue esperando material para reponer las cajas fuertes reventadas.

La situación ya cansa a los vecinos. Servando Miguel, nada más ver la oficina cerrada, libreta en mano, resume las opciones que le quedan: «Tendré que ir hasta Villa, en La Felguera, que es lo más cercano. O Mieres u Oviedo». Recuerda un tiempo en el que «llegó a haber trece bares», pero «esto va a peor». «Esto mete miedo. Un chaval fue a Mieres y le dijeron que tenía que irse a Riosa», apunta Enrique González. Se queja, además, de que el único otro cajero que existe en la localidad «funciona una vez a la semana, si funciona».

Sobre las consecuencias del robo, Miguel Llaneza afirma con contundencia: «Es lamentable que estemos en esta situación. El 99% de la gente aquí está retirada, es una vergüenza que tengan que desplazarse a Oviedo o a Mieres». Él recuerda los buenos tiempos del carbón, cuando «venían a los pozos para que domiciliásemos la nómina. Ahora les dan otro palo y adiós».

Carmen Vázquez se lo toma con un poco más de humor. «No me afecta mucho porque tampoco tengo mucho dinero», dice sonriendo. A ella, que también protesta por el mal funcionamiento del otro cajero, la tardanza le parece «una cosa exagerada, no cogen a nadie... Y la gente va hasta la oficina y da la vuelta». Lo que más le preocupa es sentirse segura en casa: «Mientras no entren en los domicilios...».

A quien más afecta estar sin oficina es a los comerciantes. «Llevamos casi dos semanas. El miércoles fue fiesta, el jueves empezó a fallar el sistema informático, el viernes cayó del todo y luego el atraco. Llega el fin de semana y necesito cambio. Y tengo que meter los ingresos, pero no voy a cerrar para ir a una oficina», comenta Isabel Sánchez. La opción que queda sin salir del pueblo es recurrir a la oficina móvil de otra entidad, que viene una hora y cuarto tres veces a la semana. Aunque su responsable, César Fernández, asegura que no ha notado más afluencia: «No nos afecta».

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