Ojanguren, una institución cultural que se fue

El último dueño de Ojanguren, Julio Rojo del Castillo, en una imagen de archivo. / PIÑA

La librería más antigua de Oviedo, había abierto en 1856y era una referencia indiscutible en el sector

DANIEL LUMBRERASOviedo

El 15 de septiembre de 2017, una de las ramas más importantes del árbol de la cultura de la ciudad se rompió. La librería Ojanguren, que había comenzado su andadura como Martínez en 1856, cerró para siempre su local de la plaza del Riego.

La cronista de la ciudad, Carmen Ruiz-Tilve, ponderó así la relevancia de la librería más antigua de Oviedo, aprovechando para recordar viejos tiempos: «Era absolutamente clásica. En la carrera –estudió Filología Románica– entrábamos todos los días aunque fuese a comprar una goma de borrar, porque era una forma de verse. Aquella zona era nuestra segunda a casa, pero se acabó, ya no está ahí la universidad».

El establecimiento, rememora la catedrática jubilada, «tenía fama por ‘Clarín’. Allí cobraba de lo que publicaba. Salió en alguna película con José Bódalo. Es una gran pérdida». No obstante, «Oviedo se mantiene viva siempre», señala, optimista.

Para el escritor y colaborador de EL COMERCIO José Luis García Martín, ir allí donde compraba el autor de La Regenta (y también Fermín Canella o Melquíades Álvarez) y aún quedaban libros de aquella época era como entrar en «la cueva del tesoro». En Ojanguren había «libros que no encontrabas en ninguna parte». Reflexiona y se confiesa en parte «culpable» de la decadencia del establecimiento, al haber dejado de pasear por la plaza de Riego para preferir doctor Casal.

Coincide con ellos el expresidente de la Asociación de Libreros de Oviedo: «Todo el siglo XX era una librería de referencia, de prestigio a nivel nacional, conocida en toda Asturias y España. Me ha dolido». Los tres resaltaron el gran fondo asturiano de Ojanguren.

La gran historia de la librería se respiraba entre aquellos estantes de las tres plantas. Todo comenzó en 1856 en la plaza de la Constitución, que entonces se llamaba Mayor. El industrial Juan Martínez inició un negocio junto a Cándido Lueso, del que luego se separó. Al morir en 1906 tomó las riendas su hijo Cipriano, que tras treinta años no renovó el alquiler. Pasó así el negocio a manos de Enedina Fernández Ojanguren, tía abuela del último titular, Julio Rojo del Castillo, quien lo heredó de su padre. Antes de su ubicación final, el negocio pasó por más lugares, comoCimadevilla y Altamirano, y tuvo un segundo local que abrió en 1973 y cerró en el siglo XXI.

Para la intrahistoria, mejor acudir a una de las nueve empleadas que se mantuvieron hasta el final, Tina Robledo. Hasta el mismo día 15 estuvo despachando, devolviendo libros y atendiendo a clientes que venían a despedirse y desearnos «suerte». Algunos, cuenta, incluso acudieron desde Madrid para preguntar: «¿Y a dónde voy yo ahora?». Ella vio pasar generaciones de compradores con «padres, abuelos, hijos y niños pequeños», y cambios tecnológicos que hicieron «evolucionar todo», menos el trato con el cliente. Así responde cuando se le pregunta cómo pudo cerrar un local de tanta solera: «Influyó la crisis, la zona... Aquí no se la ve. Un poco de todo».

Para los curiosos, queda el volumen de María Teresa Rodríguez Jáñez en ‘De Martínez a Ojanguren (1856-2001)’. En él se recogen libros de cuentas de Martínez, cartas, portadas, publicidades y hasta autógrafos de famosos como Juan Benet, Dolores Medio o Antonio Hernández Gil. Pero la mejor crónica siempre será la memoria de los ovetenses.

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