Oviedo despide a José María Lorenzo, «un cura bueno y entregado»

Oviedo despide a José María Lorenzo, «un cura bueno y entregado»
PABLO LORENZANA

Feligreses y sacerdotes llenaron la iglesia en un emotivo funeral del que fuera párroco de Pumarín durante veinte años

DANIEL LUMBRERAS

«Era único, eso hay que recalcarlo. No había otra persona igual, tenía una sonrisa siempre para todos». Así resumía, conteniendo las lágrimas, Vicen Barrientos el sentimiento de cientos de feligreses de San José de Pumarín, que este lunes llenaron la iglesia para despedir al que fuera su párroco desde 1997, José María Lorenzo, fallecido el día de Reyes. Muchos tuvieron que seguir la ceremonia desde fuera y casi un centenar de sacerdotes acudieron al templo.

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, que presidía la ceremonia, definió a Lorenzo, conocido por todos como el padre Chema, como un «cura bueno y entregado», al que «era muy fácil querer» y capaz de «conjugar talentos y limitaciones con una inusual responsabilidad». Se alegró del «enriquicemiento de haberlo tratado».

Fray Jesús repasó la carrera eclesiástica del fallecido, en la cual que comenzó como adjutor en Llaranes (Avilés) en 1969. Después fue consiliario de la Juventud Obrera Cristiana, profesor en el Orfanato Minero y en el Santo Ángel y a continuación párroco en Sama.

La primera gran responsabilidad de Lorenzo fue la vicaría del Norte. Allí, en Gijón, lo conoció el capellán del Sporting, Fernando Fueyo: «No podía ir al fútbol, seguía manteniendo su carné. Era accionista. Hace tres meses murió Igarza, de Pumarín de Gijón; se nos han ido dos de los mejores sacerdotes de la diócesis. Ha sido un trabajador, muy en la línea social». Los vecinos destacaban también la campechanía del padre Chema, con quien era fácil charlar en cualquier bar del barrio, solo contra los oviedistas. «Me decía, ‘qué difícil es jugar fuera de casa’», recordaba Fueyo. En 1997, a Lorenzo le tocó suceder al jubilado Manuel Fernández (fallecido en mayo) al frente de San José.

Tras la ceremonia, los restos de Lorenzo partieron hacia Rano (Quirós), el pueblo que lo vio nacer. Compañeros y parroquianos lo despidieron con un caluroso aplauso.

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