Oviedo reduce la población expuesta a contaminación acústica a 20.000 vecinos

Espigas para el conteo de vehículos y su tipología en la calle Vázquez de Mella, uno de los lugares de estudio del mapa de ruido.
Espigas para el conteo de vehículos y su tipología en la calle Vázquez de Mella, uno de los lugares de estudio del mapa de ruido. / ALEX PIÑA

Un método de conteo matemático, las actuaciones en el tráfico y el menor uso del coche con la crisis, factores del descenso del ruido

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

El nuevo mapa estratégico de ruido de Oviedo, presentado ayer por el concejal de Medio Ambiente, Ignacio Fernández del Páramo, revela que, desde el anterior estudio de 2013, la población expuesta a niveles de contaminación acústica por encima lo aceptable se ha reducido a un tercio: de 60.000 vecinos que antes sufrían más de 65 decibelios en sus calles durante las horas nocturnas, se ha pasado a tan solo 20.000.

Esto es así por tres razones, según explicó el edil. La primera, el método empleado. Durante años, señaló, Oviedo estuvo sorda. Las estaciones de aforo y testigos instalados en las calzadas se fueron perdiendo cada vez que se reasfaltaba una calle y nunca fueron repuestos. El tráfico rodado y la velocidad en la circulación son las mayores fuentes de ruido en áreas urbanas y el conteo de vehículos en 2013 se hizo a ojo de buen cubero, a mano. Hablaba de 90.000 coches diarios en el centro de la ciudad, una cifra muy lejana a la realidad.

«El anterior estudio arrojaba errores y datos falsos. Mientras que todas las ciudades disminuían su tráfico como consecuencia de la crisis, en Oviedo ocurría contrario. Ahora hemos empleado una metodología científica y matemática», explicó del Páramo. En total 40 sensores han estado repartidos por toda la ciudad para saber la velocidad y el tipo de vehículo. Las otras dos causas son reales. La primera, las propias actuaciones realizadas para hacer decrecer los decibelios en la zona del bulevar de Santullano, las vías de prioridad ciclista a 30 por hora y el reasfaltado de calles con pavimento menos escandaloso, como el reciente de La Lila.

Así, el bulevar de Santullano, Ventanielles, La Tenderina, El Milán y Guillén Lafuerza han visto reducirse los niveles de ruido que soportan a los 70 decibelios nocturnos y 75 diurnos, aunque todavía queda trabajo por hacer. Ahora, con los datos en la mano, el objetivo, como adelantó del Páramo, será actuar en las «zonas de contaminación media» y rebajar esos márgenes a 65 decibelios nocturnos y 70 diurnos, en especial en los barrios de Pumarín, Vallobín, La Corredoria y el ensanche, «que es una de las zonas que más tráfico soporta». En cuanto a centros educativos y hospitales que aún tienen ruidos por encima de la ley solamente quedan dos: el colegio Pablo Miaja y el centro de Hemodiálisis de Cruz Roja, ambos junto a la antigua N-634.

Para un futuro queda el Plan de Acción contra el Ruido y el adyacente y complementario Plan de Movilidad Urbana Sostenible. Pero no solo es responsabilidad del Ayuntamiento el ruido en Oviedo. Las mediciones en el empalme de la ronda Sur y con la A-66 arrojaron problemas que afectan a los barrios de Otero y Fozaneldi y ambas dependen del Ministerio de Fomento.

La tercera conclusión extraída del mapa es social. Con la crisis, los ovetenses han rebajado el uso del «vehículo privado contaminante», como lo definió el concejal, para usar métodos de desplazamiento alternativos, eficientes y menos ruidosos como el transporte urbano y la bicicleta. Los que duermen se lo agradecerán.

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