Las páginas de las bibliotecas ovetenses

Red de bibliotecas de Oviedo
Cuatro niños leen cuentos en una de las salas de la biblioteca de La Granja. / Mario Rojas

Fomentará la especialización convirtiendo La Granja en un espacio para niños y a Villa Magdalena en un referente en arte

ROSALÍA AGUDÍN

Corría en año 1988 cuando en el paseo del Bombé se inauguró la biblioteca de La Granja. Este espacio había sido un salón de baile y también un lugar donde compartir más de una tertulia, pero al final de los años ochenta se decidió dar un giro y estas instalaciones se llenaron de libros llenos de historias trepidantes que hacen volar la imaginación tanto de los más pequeños de la casa y también de los más mayores.

Este edificio cuenta con varias salas de lectura y en él se encuentra el despacho de Chelo Veiga. Es desde hace seis meses la coordinadora de Bibliotecas y quiere darlas un empujón para convertirlas en un espacio atractivo para los adolescentes. Ellos son los que más se resisten a pasar la puerta y coger un libro de las estanterías. Veiga se fija en otros modelos puestos en marcha en otras ciudades similares a Oviedo, como es el caso de La Coruña: «Esta ciudad tiene más o menos los mismos habitantes que la capital del Principado y tienen seis bibliotecas. Nosotros tenemos once».

El objetivo en Oviedo es reducir esta cifra y crear bibliotecas más amplias, que tengan salas amplias destinadas al público adolescente, pero a la vez se debe de pensar en la zona rural. Hay localidades que no pueden disfrutar de este servicio, como Olloniego, y por esta razón Veiga apuesta por establecer «bibliotecas de doble uso», que podrían ser usadas por los escolares y también por los más mayores.

No es el único cambio que tiene en mente. A Veiga le gustaría que las bibliotecas estuviesen especializada en una temática. Sin ir más lejos, desea que la de La Granja vuelva a ser un referente para el público infantil y la de Villa Magdalena se convierta en el nicho de los libros de arte.

Al frente de esta biblioteca de Villa Magdalena se encuentra Manuel Lana. Cuenta con orgullo que el germen de este espacio se debe a Andrés Tamés del Valle, quien donó 1.100 libros que están siendo reunidos en el palacete. Estos ejemplares solo se pueden consultar en sala y por esta razón al lado de las estanterías se han instalado varias mesas para los usuarios.

La biblioteca de Villa Magdalena, dejando a un lado la historia económica de la costosa expropiación del palacete, no solo se caracteriza por tener los volúmenes de Tamés, también por sus actividades. Cuenta con dos clubes de lectura con «veinte personas cada uno» y un taller de escritura. Y habrá novedades este 2018: los próximos meses, Lana quiere crear un taller de lectura de obras de teatro y un ‘Urban Sketching’. Muchas personas no sabrán qué significan estos últimos términos, sin embargo Lana los traduce para que todos los públicos lo entiendan: «Son grupos de personas que se juntan a hacer dibujos». Es decir, un día van hasta el Oviedo Redondo y esbozan sobre un bloc un trozo de la muralla o plasman la antigua fábrica de gas.

La onceava

La biblioteca de San Lázaro fue la última que se inauguró en Oviedo. En 2003. Desde hace diez años Covadonga García está al frente de ella. Destaca que en este espacio ubicado en el número 17 de la calle San Lázaro es el único en medio de la ciudad que tiene prensa cada día y revistas especializadas. Además, dispone de un servicio de ordenadores, muy demandado entre los usuarios.

Pero lo más ambicioso para esta biblioteca está por llegar. El piso de abajo se convertirá en una sala de exposiciones gracias a los carteles que «Pablo Amargo ha donado» y también tendrá un espacio de libros protagonizados por mujeres gracias a otra donación.

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