El parque también está en la escuela

De pie, García y Antuña; en cuclillas, González, y en primer plano, niños de uno a dos años en la Dolores Medio. / PIÑA
De pie, García y Antuña; en cuclillas, González, y en primer plano, niños de uno a dos años en la Dolores Medio. / PIÑA

La edil de Educación acude a la escuela infantil Dolores Medio para inaugurar un nuevo curso con más niños y más plantilla

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Tras la inauguración oficial del curso educativo en niveles superiores, ayer le tocó el turno a los más pequeños, los matriculados en la red municipal. La concejala de Educación, Mercedes González, visitó la escuela infantil Dolores Medio en La Ería acompañada por la Jefa de Educación, Diana Antuña, y la directora, Lucía García, para conocer a los 141 alumnos.

Este curso «ha comenzado más tranquilo que otros» en las siete escuelas de 0 a 3 años, indicó la edil, gracias a la incorporación de 19 educadoras nuevas y la ampliación de jornada de 72 personas, sobre una plantilla total de 120, «con un esfuerzo económico importantísimo» para solucionar la «saturación» que existía. Además, se ha creado una bolsa de trabajo, con la que será más fácil cubrir las bajas. En total, se han registrado 636 alumnos, ocho más que el curso anterior.

Durante su recorrido, la concejala hizo amigos. Entre ellos Lola, que estaba preparando un bizcocho junto a más niños para un cumpleaños, y a la que invitó a «ir al parque».

La visita comenzó por las aulas de los más pequeños, que todavía no han cumplido un año. Unos dormían plácidamente y otros pedían el biberón mientras escuchaban música relajante. Allí pasan un máximo de ocho horas. La adaptación «a los bebés les cuesta más, porque es la primera vez que los dejan», contaba la educadora Mónica García. Ella misma tiene dos hijos y, bromeó, «se portan mejor aquí que los de casa».

Después vinieron los de uno a dos años. Algunos, como el pequeño Santi, saludaban con un entusiasta «¡hola!»; otros, asustados ante los desconocidos, lloraban un poco. La directora explicaba que dentro de un aula «se nota mucho» la diferencia entre nacer a principio o final del año. Pero, en general, dijo orgullosa, se portaron «como campeones». La docente mostró también una serie de piezas de madera para construir, «la envidia de todas las escuelas», tubos de agua que se iluminan con colores y hasta un espejo de tres dimensiones. «Se meten dentro y ven todo su cuerpo» y así interiorizan cómo son, explicó la docente.

No faltó una parada por la cocina, donde se preparaba el almuerzo del mediodía, tortilla y sopa juliana. Agustina Canteli, la cocinera, aseguraba que «los bebés comen mejor, pero a los dos o tres años ya conocen más la comida» y se ponen exquisitos.

Para terminar, los visitantes salieron al patio, donde los pequeños disfrutaban del arenero, el aire y unas maletas. «Vamos a la playa», decía Vera, mientras movía una. Eso sí, añadió, «otro día, porque voy de playeros».

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